• Dom. Sep 26th, 2021

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Ves la portada -manchas retorciéndose entre líneas de color negro- y ya sabes de qué va el disco. Año santo = CAOS. 28 minutos, 9 canciones. Bendito caos.

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Cómo explicar un disco incomprensible? Sencillamente no se puede. Ni falta que hace. Las cuchilladas que salen de las guitarras van directas al hígado, no se pueden entender. Las letras, surrealistas, absurdas, probablemente sin ningún sentido o directamente estúpidas, qué importa lo que signifiquen, no van a la mente sino a los pies. Las voces casi ni se escuchan. Y la sección rítmica se dedica a golpear bombos y bajos indicando cuándo agitar el cuerpo. Es el espíritu más básico del rock, es el punk más destilado. Pura energía incontenida. E incontrolable.

 

El disco arranca con un cuarteto formidable. “De la monarquía a la criptonita” comienza sin concesiones: golpeo de tambores y guitarras. La voz de Isa suena suena alegre mientras dice cosas como “todo es mentira, como siempre ha sucedido, si insistes te cortas las venas, después yo lo limpio”. “Amigos del género humano” mezcla un ruido tremendo con la desgana hedonista con la que canta Rodrigo. “La malicia de las especies protegidas” -vaya títulos, por cierto- se me parece a unos Siniestro Total acelerados, o algo así, con un solo de guitarra que por un momento me recuerda al segundo del “Run run run” de la Velvet. “El radar al servicio de los magos”, riff y ritmo sacados del heavy metal.

 

Tras un comienzo abrumador parece que se relajan. “Supercastlevania IV” deja escuchar unos teclados más claros, además de presentarnos quizá por primera vez una guitarra acústica. Pero sólo es apariencia. “Muchos blancos en todos los mapas” devuelve el caos en un bajo abrumador y un ritmo entrecortado. “El culto al cargo, o cómo hacer llegar el objeto maravilloso” parece el inicio del disco y de hecho vuelve a cantar Isa y “Baile de los caídos” es casi tétrica. Y, para tétrico,  el final “Año santo”.

 

No ha pasado media hora y parece que volvemos de un viaje. De un viaje largo, imponente, repleto de sonidos inclasificables. Hay quien habla de Jesus & mary chain. A mí me recuerdan a Sonich Youth. La ristra puede seguir: My blody valentine, Surfin' bichos, Hüsker du, Pixies, Stereolab, Raveonettes, Velvet underground. Qué nos importa. Lo que importa es su música -o su ruido-. Bendito ruido, bendita música.

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