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Todos estamos hechos de estrellas: Moby nos dibuja el paisaje

PorÁngela Biedma

Jul 9, 2026

Moby ofreció en Sevilla mucho más que una colección de clásicos: una experiencia emocional donde la electrónica convive con el soul, el activismo y la espiritualidad.

 

 

 

Hacía años que le había perdido la pista a Moby, pero siempre ha permanecido en el imaginario de mi generación y sabía que éste era uno de esos conciertos destinados a convertirse en recuerdo.

 

 

No soy una experta en electrónica, así que esta no pretende ser una crónica técnica. Es, sencillamente, un recorrido por las emociones que me despertó el concierto. Porque Moby siempre ha sido un artista capaz de convertir las canciones en paisajes. Voy a intentar describir esos lugares imaginarios para que recorráis conmigo el mapa que dibuja su música.

 

Comienza el setlist con Bodyrock, con una banda formada por una pareja de cuerdas: Maya Paredes al contrabajo y Andrea Whitt al violín, Tripp Beam a la batería, a los coros India CarneyNadia Christine Duggin, set de Dj con Jonathan Nesvadba

y Moby empuñando una telecaster negra, aunque le esperan unos bongos y un teclado.

Una banda poco habitual para alguien considerado uno de los padres de la electrónica contemporánea.

Al finalizar nos dedicó unas palabras en español, y reiteró durante todo el concierto que era un “americano ignorante” que no sabía hablar muy bien español. No sé si ignorante, pero con buena autocrítica desde luego.

Siguió con Go para mí,  sigue sonando como el principio y el final de todas las raves al mismo tiempo. He ido a pocas, pero es una canción latente, que te deja en un estado de duermevela bailonga en el que se podría estar horas. Y las visuales con una luna de sangre hacía aún más mística la escena.

 

A continuación sonó Next is The E con Eminem en las pantallas con la estética de un cómic al inicio, con la frase en bucle: Nobody listens to techno, un mashup que Moby creó a modo humor para recordar el episodio de beef que tuvieron en los 2000. Donde intercambiaron críticas duras acerca de sus trabajos y sus físicos, y Moby convirtió en sátira para apaciguar las aguas.

Suena a continuación In this world, que te lleva irremediablemente a un videoclip entrañable donde unos pequeños alienígenas vienen a la tierra para saludarnos, y aquí nadie los ve. El coro en directo de Nadia Christine Duggin es la guinda de este tema, hoy en directo.

Llega la introspectiva y espiritual In my heart, donde estamos paseando por cualquier calle de Manhattan pero con intención de bajar al metro que nos lleve a Harlem, para ver nuestra primera misa góspel. Aunque esta misa en mi imaginación es por la noche, con el skyline de NYC al fondo, pero el coro góspel sigue ahí.

Es una canción catártica, el soul, el beat, … todo está hecho para elevarte sin duda, por poco espiritual que seas. Ya lo dice la letra: Lord I want to be up In my heart.

 

Una de mis favoritas a continuación, We Are All Made of Stars, siempre me ha trasladado al universo Daft Punk, pero rockero. Apreciábamos en las pantallas planetas chocando y amaneceres estrellados, que con las estrellas de la Plaza de España sin duda, nos hermanaba a todos, como si quisiera recordarnos el mensaje que atraviesa buena parte de su obra: que todos estamos hechos de estrellas.

 

 

Tras ésta se dedicaron unos minutos de concienciación previsible por parte de Moby y el estilo de vida que defiende mediante su obra. Unas imágenes de un ternero con su madre, sumadas a unas declaraciones de la activista, fallecida el pasado año Jane Goodall donde agradece a Moby su concienciación y activismo constante en la lucha contra la explotación animal, el fomento del veganismo, de la cultura animalista donde un animal es un ser capaz de sentir miedo y dolor.

Fue uno de los momentos más importantes de la noche.

En la obra de Moby es tangible que la concienciación y el activismo es una pieza que lo atraviesa todo, al igual que su espiritualidad. No es un discurso añadido entre canciones: es el hilo conductor de su carrera. Vegano desde finales de los años ochenta, Moby ha financiado campañas animalistas, ha colaborado con organizaciones como PETA o The Humane Society y abrió en Los Ángeles el restaurante vegano Little Pine, cuyos beneficios destinaba íntegramente a causas relacionadas con los derechos de los animales. Sus enormes tatuajes con las palabras Animal Rights no son una provocación estética, sino una declaración de principios que lleva tatuada también en su forma de entender la música y la vida.

 

 

Con el mismo cariño, respeto y admiración nombró a David Bowie, y aquí el ejercicio de imaginación lo hizo él al invitarnos a todos a visualizar un encuentro entre él y Bowie en su apartamento en Nueva York cantándole Heroes. Bowie fue uno de los artistas que más admiró Moby y con quien terminó forjando una amistad en Nueva York.

 Hicieron una versión unplugged sublime cantada por la espectacular India Carney engalanada por el dúo de cuerdas que entró de forma progresiva. Toda la plaza terminó cantando esta canción infinita, que atraviesa estilos y generaciones.

 

Siguió con Why does my heart feel so bad, siempre me provoca esa sensación bautizada como sonder: comprender, durante unos segundos, que cada persona que te rodea vive una vida tan compleja como la tuya.

Ese momento de lucidez se multiplicaba con la interpretación de Nadia Christine Duggin, dando un color único a la versión original del tema.

 

Con una versión electrónica de Raining Again diferente a la rockera original, llegamos a un gran pic de la fiesta. Sevilla está dándolo todo en una calurosa noche, donde el público sudoroso ya está vibrando como un único enjambre.

Siguiendo con Disco Lies la banda comienza a cambiar, Nadia y India van moviéndose por el escenario con un flow excesivo adoptando diferentes roles durante esta parte del concierto, donde los samplers de carne y hueso sinceramente engrandecían este directo.

 

Comentó lo ocurrido en el Mundial donde, según él “el peor presidente de la historia de Estados Unidos” por fin recibió su merecido con la derrota contra Bélgica, país donde iba a tocar tras esta noche en Sevilla.

Tras Honey y Extreme ways la noche desembocó en la épica Natural Blues, un canto colectivo, una meditación, un himno. Siendo una gran admiradora del sampler de voz de este tema, esas voces en directo llevan la experiencia de este directo a un nivel superior.

 

Llegamos al encore, tras comentar Moby que “hacía mucho caliente” y el éxtasis de los presentes llega como un trueno con esas notas en reverso de Porcelain, transportándonos a escenarios personales, todos la recordaremos por ser la cortinilla de algunos telediarios de TVE1 creo recordar.

Una canción para el ravero mas puro y para como en mi caso, una melónama sin posicionar pero que deja que las canciones le pasen por encima como una ola.

Esta canción parece fruto de un sueño, es lo que en gran medida me transmite Moby.

Una amiga decía que la primera vez que viajó a Nueva York y estaba saliendo del metro en Wall Street, donde los rascacielos parece que se te caen encima mientras estaba escuchando a Moby en los cascos, un recuerdo que quizás me contó hará 20 años, pero indudablemente puedes visualizar ahora, y Moby siendo protagonista me encaja del todo.

Se turnaron en los coros India y Nadia de forma magistral para interpretarla.

Tras ésta sonó Lift me Up y anunció con naturalidad que la siguiente era la última del show. Donde entre samplers agudos y una base de bajo muy impactante suena Feeling so real, para terminar esta noche como una experiencia única.

 

Agradecer a mi amiga Aida que me estuvo chivando alguno de sus títulos y también algunos de sus recuerdos con Moby.

 

Durante todo el concierto quedó claro por qué Moby nunca terminó de encajar en una sola etiqueta. Es hijo del techno, sí, pero también del punk, del blues, del góspel y del rock. Sus canciones pueden empezar en una pista de baile y terminar pareciendo un himno espiritual.

 

Quién nos iba a decir que Sevilla también podría ser concebida para formar parte de ese mapa imaginario, con canciones que imaginé sonando en una nave espacial, en la 5º Avenida de Manhattan o en una noche iluminada y frenética de Tokio.

Quizá esa sea la verdadera grandeza de Moby. Nunca ha compuesto únicamente canciones; ha compuesto lugares.

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