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“The biggest, but not the best”, o sea, U2 en Sevilla.

Poradmin

Oct 4, 2010
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30/9/2010 Sevilla, Estadio Olímpico.

Decía el batería Larry Mullen en la época del Joshua Tree que ellos eran “los más grandes, pero no los mejores”. 25 años después vinieron a Sevilla a demostrarlo…

Entro en el estadio olímpico y me encuentro una estructura enorme: cuatro patas de araña y un agijón de 50 metros, un escenario redondo con un anillo exterior al que se accede a través de unos puentes que luego descubriré que se mueven, pantalla circular gigante compuesta por miles de leds que sube, baja, se abre y cierra, y una cantidad indescriptible de altavoces dispuestos por todos los lados. Y luces, focos, cámaras. Me froto las manos, promete.

 

Llegan Interpol y desde el principio les viene grande. El sonido es regulero y el grupo no sabe qué hacer, están quietos, no se mueven. El cantante incita a las masas en un perfecto español y éstas replican pasando de ellos. Ambiete frío, música fuera de onda y un grupo que se hizo de hilo viviente musical mientras la gente hablaba de sus cosas.

 

Viene la hora de la verdad. Un enorme reloj se descompone mientras suena el “Space Oddity” de Bowie. Se encienden las pantallas y se ven imágenes del grupo que llega, andando tranquilamente. El público enloquece, gritos, saltos, aplausos, loor de multitudes cuando se desatan los acordes de “Beautiful Day”. Pero, un momento, ¿de verdad se escucha? Bueno, eso parece, la voz de Bono entre inclemente ruido. The Edge al piano, se entiende que “New Year's Day”, o más o menos, el estruendor es ininteligible. Mejora un poco el sonido, pero no me cuadra, no lo entiendo, tanta tecnología para que luego no se oiga bien.

 

Entonces me doy cuenta. ¿Para qué sirve un escenario de 360º? ¿Para dar más espectáculo? ¿Para que el grupo pueda pasear por los cuatro costados? ¿Para…? Claro, para vender entradas. Para que se llenen los fondos y los laterales, para que entren 10.000 tíos más y la promotora Live Nation se lleve aún un buen pellizco. Pero ¿a qué costa? Pues a la de todos nosotros, para que los que no estábamos en el centro, donde se ponen los técnicos, tuviéramos que soportar dos horas de bombardeo sónico, de canciones que gustan porque se las recuerda, no porque se las escucha. Si ya es difícil hacer sonar bien un estadio, cuando hay que amplificar en círculo la cosa se hace imposible.

 

Eso sí, como espectáculo es impresionante. Las proyecciones, luces, cámaras e imágenes son increíbles. El carisma de Bono con sus bailes, paseos y poses es casi insuperable. Y el grupo toca, vaya si lo hace, se nota cuando bajan volumen, cuando The Edge acompaña la voz de Bono, cuando a la sección rítmica le quitan los pregrabados y se explaya sin superposiciones. No son virtuosos, pero saben lo que hacen, y lo hacen muy bien.

 

Y me emocionan. No puedo dejar de hacerlo cuando oigo el riff de “Misterious Ways”, cuando cantan “I Still Haven't Found What I'm Looking For”, cuando “Until The End Of The World” colma mis oídos. Cuando sobre imágenes árabes aparece “Sunday Bloody Sunday”, cuando el público queda en silencio para deleitarse con “Miss Sarajevo”. O en la parte más tecno, disparos de luces e imágenes, confeti virtual, versión del “Relax” de Frankie Goes To Hollywood, “Elevation”, “Crazy Tonight” y todo el estadio convertido en una disco.

 

El resto, locura, aplausos, repertorio a mitad entre los clásicos de siempre y los últimos 3 discos. Y a mí que me perdonen, las canciones que me entusiasman son las antiguas, las que dejan a la mayoría indiferente, porque las que parecen gustar al respetable son esas nuevas que a mí ni en directo me parecen estar a la altura. Será que me estoy haciendo viejo.

 

Llegan los bises, mensajes que hablan de paz, proyecciones solidarias, velas para Amnistía Internacional. Atacan “One”, “Where The Streets Have No Name”, “Ultraviolet” y “With Or Without You”, y en todo ello más video, más poses, más parafernalia lumínica.

 

Al final, una canción que no sé cuál es tocada muy malamente y una sensación bien rara, que por un lado sí pero por otro no, o más bien que yo qué sé. Que no paro de pensar que esta gente en la mansión de ensayo tienen que sonar increíbles. Pero claro, allí no hay luces. Ni se venden 80.000 billetes.

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