LEYENDAS DEL ROCK 2.015 – JUEVES

Escrito por Antonio Barrera
Categoría: Leyendas del Rock 2015 Creado: Viernes, 11 Septiembre 2015 08:33
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Décimo aniversario. Una década de un festival que se ha consolidado como (tal vez) el más importante de la escena Hard Rock & Heavy Metal española.

Lo cierto y verdad es que la gente de la promotora Sufriendo y Gozando se ha volcado con el Rock desde hace años y el resultado de tanto esfuerzo es este magnífico evento que cada año se supera.

El festival se ubicaba de nuevo en el recinto del polideportivo municipal de Villena. Un lugar inmejorable, porque en él se disponen los dos escenarios grandes (Jesús de la Rosa y Azucena), uno junto al otro, de tal manera que se pueden ver los conciertos consecutivamente sin tener que moverse demasiado. De hecho, desde la barra de bebidas se pueden disfrutar muy bien. Había un tercer escenario (el Marky Reale) que se situaba en la pista cubierta del polideportivo, con su propia barra, gradas donde sentarse… y con buena acústica, por cierto.

Luego cuenta con las infraestructuras con las que ya disponían en ediciones anteriores: barra de comidas, puestos de comidas, tiendas de merchandising, consigna…

En fin, todo ello para disfrutar realmente de la música y pasarlo en grande en este gran evento cultural. Y de lo mejor era el césped del recinto, que evitaba que hubiera polvo y además permitía sentarse muy gustosamente en él.

La parte menos positiva era de nuevo el camping, que carecía de cualquier sombra próxima y donde hacía bastante calor cuando apretaba el sol. Afortunadamente este año parece que las temperaturas estaban un poco más moderadas. Eso sí, el suelo seguía igual de duro.

Pero vamos, que también tenía la ventaja de estar junto al recinto del festival. A un minuto andando. Y había sitio más que suficiente para los festivaleros campistas. El aparcamiento para el festival también estaba pegado al camping y con bastantes plazas.

En cuanto a la música, este año se repartía el cartel en tres días soberbios más una jornada de fiesta presentación gratuita. Una fiesta que resultaba un regalo inmejorable a la ciudad de Villena, generosa anfitriona del Leyendas del Rock.

El cartel de este día de acceso libre, de este miércoles 5 de agosto, lo componían Oker, Storm, Sepultura, Rosendo, Medina Azahara y Gigatron. Hubiera sido una gozada haber estado allí, aunque no hubo oportunidad por nuestra parte, por eso el festival en nuestro caso arrancaba el jueves.

Y el primer grupo que podemos cronicar era toda una leyenda, era una oportunidad para empezar por todo lo alto. Se trataba nada menos que de Destruction.

La banda de Schmier y Mike, el comando alemán de genuino Thrash Metal. Se arrancaron sin contemplaciones, con “Curse The Gods”. Ahí, desde el visceral “Eternal Devastation” del ’86. Un Thrash crudo y distorsionado que se consolidaría tema tras tema en el escenario Jesús de la Rosa.

Destruction sin concesiones, con pocas florituras o parafernalia. Thrash genuino al que la banda de Weil am Rhein ha sido fiel y leal por décadas.

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“Thrash Till Death” sonaría también como una declaración de intenciones en toda regla, con unas guitarras por parte de Mike que no dejan indiferentes. Además de una base rítmica fulgurante desde la batería de Vaaver.

En esta edición del Leyendas del Rock, The Big Teutonic Four son el plato fuerte del cartel. Las cuatro bandas más relevantes del Thrash Metal alemán (y de las más relevantes a nivel mundial) actuaban en un mismo festival, si bien una de ellas el primer día y las restantes, el tercero. Todas con una enorme calidad y atractivo, pero igualmente cada una de ellas con su propia personalidad e idiosincrasia.

Destruction era, por tanto, quien abría el tarro de las esencias de este género en el Leyendas 2.015 y se hacían notar con su estilo desgarrador y purista. Schmier, con su aspecto bien agresivo y perturbador sobre el escenario, colmaba de presencia un stage al que se arrimaban a buen paso muchos aficionados. Pese a la temprana hora y el calor obligado, Destruction hacía valer su estatus de banda referente del género.

“Nailed To The Cross”, “Tormentor” o “Total Desaster” serían sus credenciales. Como a todo seguidor, a mí me encantan los ritmos de Destruction, y más oírlos en directo, pero con lo que realmente alucino es con la guitarra de Mike. ¡Acojonante!

Por cierto, de los temas citados, con “Tormentor” (tal vez el más denso y marcado) lo flipé. La fuerza que desprende y la violencia sonora implícita al corte, realmente pone la piel de gallina.

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El punto negativo sería el sonido, que no fue todo lo bueno que cabía esperar. En un gran recinto al aire libre y con la enorme experiencia de ediciones previas del festival, la verdad es que el escenario Jesús de la Rosa tardó varios conciertos en coger el pulso del sonido adecuado. ¿Esto deslució algún que otro show? Pues sí, pero creo que el que quiso divertirse realmente con la música y las bandas, tampoco podía ponerlo como excusa.

Para Destruction tampoco pudo haber reproche al respecto de su concierto. No sería el mejor de su historia, pero no escatimaron a la hora de demostrar de lo que son capaces. Tampoco en el setlist. Cuando sonó “Mad Butcher” hubieron vítores y el movimiento en las primeras filas era realmente notable. Los moshers ya hacían de las suyas.

El final del show sería para “The Butcher Strikes Back”, un magnífico colofón donde unos compases muy definidos permitían mover las melenas a los headbangers a buen ritmo. Pero vamos, que personalmente me hubiera gustado más acabar con la que fue la penúltima: “Bestial Invasion”, desde el “Infernal Overkill” del ’85. Este sí que es un temazo de los grandes; para mi gusto es una de las mejores canciones de Thrash de la historia del género (opinión propia, claro). Así que poder degustarla de nuevo en directo desde las cuerdas de Mike & Schmier y las baquetas de Vaaver, eso sería realmente lo que terminó de encender la mecha del polvorín que sería el X Leyendas del Rock.

La banda, normalmente parca en gestos ostentosos, se despidió con agradecimientos pero de manera escueta. Esto nos sirvió para poner rápido rumbo al escenario Marky Reale, donde estaban culminando su actuación V.I.L.

Llegamos justos para dos cortes. El primero de estos, muy gutural y de sonido muy profundo, pedía atención en una guitarra muy sólida en las manos de Boix (sin desmerecer una base rítmica necesariamente contundente de parte de Jorge y Kike (bajo y batería, respectivamente)).

Luego estaba la voz, muy bien adecuada al estilo Death Metal limitando con el Grindcore, por parte de Juan Miguel (por cierto, ex – Gothmog, una banda que me llamó la atención hace unos años, cuando aún funcionaban).

V.I.L. jugaban en casa (son alcoyanos) y se notaban las ganas de agradar. La verdad es que no sé que tema era este penúltimo que sonó (no estoy seguro de si fuera “My Forgiveness”), pero dejó paso a una cover para terminar su tiempo. Se trataba del “Suffer The Children” de Napalm Death. Para muchos es el mejor tema de los de Birmingham, un temazo siempre grande en la voz de Barney Greenway, por lo que había que hacerle un buen tributo.

V.I.L. superion llevarse el corte a su terreno, más instalado en el Death que los británicos, y lo ralentizaron un tanto para enfatizar la dureza de la música. No obstante, creo que el estilo me cogió un poco a contrapié y no termino de colmar mis expectativas. No digo que sonara mal ni mucho menos, porque se nota que V.I.L. sabe perfectamente lo que se hacen y con qué música tratan, pero no fue la versión que más me haya agradado. Personalmente creo que podrían haber escogido alguna canción mas genuinamente Death para adaptar. Sin salir de Birmingham, podrían haber escogido alguna de Carcass, por ejemplo (esto es una sugerencia, por si me quieren leer).

El caso es que fueron pocos minutos los que pudimos ver a estos chavales, pero fueron suficientes para interesarnos por ellos y esperar verlos en futuras y próximas ocasiones.

E hicimos un poco de tiempo en la carpa para esperar a los próximos en liza: Fleshgod Apocalypse.

Aparecieron, como siempre, ataviados con frac. Eso sí, totalmente destrozados, a modo de representación de lo que es su música: un Symphonic Death Metal con tintes muy técnicos y donde se alternan las voces guturales con la lírica de una soprano. Esta última vestida de gala y con antifaz.

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La puesta en escena es un punto fuerte de la banda romana. No pasan desapercibidos porque, además, se reparten hasta seis componentes sobre el escenario.

El comienzo de su tiempo sería a base de “The Hypocrisy”, incluyendo la intro “Temptation”, la cuál aprovecharon para subir a las tablas y repartirse el espacio.

“The Hipocrisy”, de su disco “Agony”, dejaba entrever esa mezcla de Death Metal muy rápido con toques sinfónicos muy ampulosos. La voz de la soprano Veronica Bordacchini o los samplers eran los puntales de esta dualidad.

Por la parte más dura, los ritmos tremendos de la batería de Francesco Paoli, los riffs desde las cuerdas de Tommaso Riccardi y Cristiano Trionfera o la voz del propio Tommaso.

Pero, para mi gusto, el mayor valor añadido de Fleshgod Apocalypse en directo resulta el pianista Francesco Ferrini. El piano se hace valer dentro de la música, pero además (aunque parezca mentira) la presencia de Francesco sobre el escenario es realmente notable. Particularmente creo que adquiere una relevancia mucho mayor de lo que se puede advertir en las tres producciones que la banda tiene por ahora.

De todos modos, y supongo que muy a pesar de la banda, el inicio de su concierto no fue todo lo bueno que se podría desear. Tal vez porque su música requiere de una gran coordinación entre sección Metal y sección sinfónica, porque aún estaban fríos o porque el sonido no estaba bien regulado, pero “The Hipocrisy” no dejó muy buenas sensaciones.

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Fueron tomando el pulso al show poco a poco. “Minotaur (The Wrarth Of Poseidon)” iba subiendo el nivel del concierto. En parte por una ejecución más acorde a lo esperado y en parte porque es un gran corte, con un arranque que combina perfectamente la dicotomía musical de la propuesta de Fleshgod Apocalypse. Ritmos muy marcados y coros grandilocuentes para colmar de Symphonic Death el escenario Marky Reale.

No obstante, como había visto hacía pocos meses a Fleshgod Apocalypse en directo, acompañando a Kataklysm (que tocarían unas horas después en este mismo escenario), me decidí a darle una oportunidad a Sonata Arctica. Tocaban en el Jesús de la Rosa y hacía muchos años que no los veía. Así que nos pusimos en camino haciá allí mientras sonaba “ The Deceit”, que ya parecía ir sonando acorde con lo que los italianos pueden ofrecer en directo.

Creo que se merecían un poco de suerte porque su propuesta es arriesgada y, además de todo, saben defenderla bastante bien. No puedo contar mucho más sobre esta actuación, pero creo que merecen la pena tenerse en cuenta para próximas giras.

Pues lo dicho, ya en el escenario Jesús de la Rosa, esperábamos a que Sonata Arctica se subieran a tocar.

Una intro que no era otra que el “Can-Can Jaakolla”, dio tiempo a que la formación se presentara y posicionara frente a un muy numeroso público. La expectación era grande y, al sonar los primeros acordes de “White Pearl, Black Oceans…”, sonaron igualmente los primeros vítores. Muchos de público bastante joven, por cierto.

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Decía anteriormente lo de “darles una oportunidad” porque su Power Metal se me antoja un tanto edulcorado. No soy un gran seguidor de este género (que en su época creo que llegó a saturar el panomara metalero hasta el hartazgo), pero sí que hay unas cuantas bandas que me gustan bastante y que hacen un gran Power & Speed Metal. Sin embargo, me temo que Sonata Arctica no las cuento entre ellas, aunque comprendo y entiendo la gran popularidad que han conseguido cosechar, sobre todo entre gente joven, como decía antes.

A pesar de todo, creo que un concierto en vivo siempre aporta mucho a favor de la diversión. A poco que la banda se emplee un poco y tenga un buen frontman, pueden llegar a hacer pasar un buen rato a un público incluso que no se haye muy receptivo. Además, como acostumbro a decir (y aconsejar), ver un concierto desde la barra con una cerveza en la mano siempre te hace verlo con mejores ojos.

Pues bien, Sonata Arctica se marcó cortes como “X Marks The Spot” (del reciente “Pariah’s Child”) o “Fullmoon” (del más pretérito “Ecliptica”), dando rienda suelta a su vocalista para que encandilara a las primeras filas a base de detalles y guiños.

Lo cierto es que Tony Kakko cuenta con una voz muy agradecida para el género. Cuenta con unas texturas que encajan muy bien en el Power y sabe explotarlas a la vez que su carisma entre los fans. Ataviado con una camiseta blanca con la cara del Joker de Heath Ledger, supo hacerse con el espacio desde estos primeros compases.

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Luego tendría como impagable escudero a Henrik Klingenberg, a cargo del teclado, pero sujeto este como si de una guitarra se tratase. Por esto podía el bueno de Henrik desplazarse por todo el escenario, haciendo la réplica a Tony en su cortejo a unos fans muy ávidos de la música de estos chicos de Kemi.

“Fullmoon” sonó con encanto, sobre todo en sus riffs de manos de Elias Viljanen. Creo que fue mucho más atractiva a la escucha que, por ejemplo, la siguiente “I Have A Right”.

No obstante, el show recobró tensión con “8th Commandment”, de nuevo recordando el “Ecliptica”. Gran presencia de teclados y una batería más ágil en ritmos más speedicos.

“The Wolves Die Young” arrancaba con unos interesantes acordes de bajo, para pasar a ser una canción muy jovial, aunque con un punteo que no estuvo mal.

Se iba agotando el tiempo para los finlandeses, pero aún había ocasión para un par más. “Destruction Preventer” dejaba patente lo importante que “Ecliptica” ha sido para la trayectoria de Sonata Arctica, pues fue el álbum más explotado en esta ocasión y seguramente en muchas otras.

Bueno, parece que querían acabar bien, porque esta volvía a retomar tesituras más rápidas y con unas melodías vocales que permitían a Tony hacerse aún más con su público. A él y a Henrik, que no paraba de moverse entre sus compañeros, teclado en ristre.

Unos coros muy fáciles para el público terminaban de cuadrar el tema para que se convirtiera en una fiesta y así dar paso al colofón: “Don’t Say A Word”, del “Reckoning Night”.

Un corte imprescindible en la discografía de Sonata Arctica y esperado por los acólitos de la banda. Cantado al unísono, sirvió para que se volcaran en un sonido que jugaba con cambios en los ritmos. Un corte bien trabajado que engancharon con la outro “Vodka”, tras que Tony hiciera unos juegos de coros con el público.

Se tomaron su tiempo para despedirse y agradecer la presencia a los fans, mientras sonaba un “Preacher Speech” como fondo a este momento. Pero no se pudieron explayar demasiado porque rápidamente había otro concierto preparado.

En el Azucena ya estaba todo listo para Death.

No era la primera vez que veía a esta banda tributo a la grandiosa banda de Death Metal de Florida. Seguramente es el mejor tributo imaginable para la música que creó el padrino del estilo Chuck Schuldiner. Tanto es así que pueden llevar con merecimiento la bandera de Death como fondo a sus actuaciones. En esta ocasión también era así y era toda una gozada verlo. Seguramente inimaginable hace pocos años que algo así pudiera ocurrir.

En cuanto al nombre de esta formación, pues había quien los llamaba Death, Death DTA, Death To All… Personalmente me decanto por DTA y así lo mencionaré en esta crónica.

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El arranque sería con “The Philosopher”, aquel corte del “Individual Thought Patterns”. Con este ya quedó patente la enorme calidad técnica con la que darían repaso a la discografía de los Death. No fue un tema rápido, como serían otros posteriores, pero con una gran carga compositiva que sirvió para ir calentando motores hacia un show excepcional.

El siguiene sí sería más contundente. Desde el que es probablemente el mejor disco de la carrera, “Leprosy” y “Left To Die” se aunaron para conseguir captar ya a todos los fans del Death Metal.

Y es que la formación que se encontraba sobre las tablas no serían cualesquiera músicos. Sean Reinert (de Cynic) en la batería, Steve Di Giorgio (de Control Denied, Autopsy, Sadus) en el bajo y Bobby Koelble en la guitarra. Todos ellos antiguos miembros de Death en los discos “Human” o “Symbolic”. Y luego Max Phelps (también de Cynic) como segundo guitarra y vocalista. Pues eso, que un elenco fabuloso.

Siguiendo con el setlist que destilaron en esta noche, y precisamente salido del “Human”, cayó “Suicide Machine”. Seguramente uno de los temas más reconocibles y reconocidos de los de Florida, sonó genial a base de cambios de ritmo muy técnicos que se conjugaban con la dureza propia del estilo.

Obviamente que cada uno de los actores de estaban sobre el escenario resultaban unos maestros en su parcela, pero las guitarras de Max y sobre todo Bobby eran sencillamente brutales.

“Living Monstrosity” también sonó, recalando en el “Spiritual Healing”. De hecho, el repaso de la música de Death fue tan completo que se tocaron todos los discos de la banda, cosa que era un enorme detalle para con todas las épocas y formaciones que pasaron bajo la disciplina de Schuldiner.

Así las siguientes serían “Overactive Imagination” y la genial “Symbolic”. Esta última es un auténtico estandarte de Death y del propio Death Metal, sobre todo el más técnico. Un corte magistral en mano de alguno de sus músicos originales, precisamente.

En fin, que esta crónica resulta muy fácil de hacer porque todo el show resultó excelente en lo musical, manteniendo el nivel prácticamente durante todo el tiempo. Tal vez el aspecto menos positivo resulte precisamente que los músicos estaban tan centrados en los acordes que resultaban muy fríos en el aspecto visual y “humano”. Prácticamente no hubo interacción o feedback entre el público y ellos de forma directa. Esto, en cualquier otra banda, hubiera aminorado enormemente la calidad del directo, pero había que tener en cuenta el contexto propio de esta propuesta. Cada cual puede tener la opinión que quiera (faltaría más), pero personalmente me encontraba satisfecho con el hecho de poder disfrutar de estos temas de parte de DTA como lo estábamos haciendo.

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No creo que yo fuera el único en pensarlo. Supongo que todos aquellos que formaban los circle-pit y mosheaban a saco, ellos también estarían satisfechos con el show.

“Spirit Crusher” arrancaba con un bajo enorme por parte de Steve Di Giorgio y proseguía con ritmos algo más lentos que los de otras canciones.

Luego se pasó al combo “Zombie Ritual” + “Baptized In Blood”, seguramente con aún mejor resultado.

En cuanto al setlist, pues muy compensado y repasando toda una trayectoria, como comentaba antes. Sí es verdad que cada cual puede pensar que podrían haber cambiado tal o cual por tal otra, pero probablemente el resultado global hubiera cambiado poco. Personalmente hubiera disfrutado mucho con “Open Casket”, por ejemplo. Pero lo dicho, lo que hubo era casi inmejorable.

Las últimas: “Crystal Mountain” (del “Symbolic”) y “Pull The Plug”. Esta última sí que se perfilaba como imprescindible, por lo que resolvió el problema del colofón final con una magnífica elección y una similar ejecución.

Rápidamente volvimos al Jesús de la Rosa para otro de los platos fuertes del día. En mi caso podría decir que eran los más deseados. Tras años sin verlos en directo, tocaba el turno a uno de los máximos exponentes del Thrash genuino desde Estados Unidos. Concretamente desde NY, Overkill.

Primero decir que, como venía ocurriendo con las bandas que predecieron a Overkill en este escenario, el sonido dio algún quebradero de cabeza y no fue todo lo fino que hubiera gustado al aforo reunido. Pero bueno, era lo que había y creo que las ganas de Thrash compensaban cualquier contingencia en este sentido.

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Dave, Derek y Ron se disponían sobre las tablas cuando ya se sentía la tensión de la música incipiente. Así apareción D.D., que recogió ya algunos aplausos, mientras arrancaban una fulgurante “Armorist”. Tremenda y veloz, así salió igualmente al stage el que faltaba. Bobby Blitz salía a escena y se marcaba las primeras estrofas del concierto entre una buena legión de fans.

Rápidamente pasarían a una “Hammerhead” de su primer disco. Como haría Destruction unas horas antes en este mismo lugar, Overkill dieron rienda suelta al genuino Thrash que llevan muy dentro, aunque de otra parte del mundo que aquellos. Pero, como mostraba esta dura “Hammerhead”, no estaban allí para hacer concesiones en cuanto a su música.

“Electric Rattlesnake” (desde “The Electric Age”) siguió machacando oídos a base de ritmos trepidantes por parte de la batería de Ron, secundadas por la guitarra de Derek “The Skull”. Dave por su parte, con la guitarra principal, se marcaba en esta y el resto unos solos descarnados que parecían ir aumentando la intensidad progresivamente.

Uno de los temas clásicos de sus conciertos, “In Union We Stand”. Fácil de seguir y corear para el público, con una cadencia marcada y algo más lenta que la mayoría de las restantes canciones, “In Union We Stand” no es de mis predilectas precisamente. Tiene algunas buenas partes de guitarras, pero gustosamente la hubiese cambiado por “Thanx For Nothin’”.

La siguiente no la cambiaba, eso sí. La voz de Bobby volvía a desgarrar la pesada atmosfera de la tarde de Villena con la agresividad que tanto carácter le impregna a la música de su banda. “Rotten To The Core” cabalgaba desde los mismísimos orígenes del grupo hasta machacar a base de potentes riffs los oídos de los fans del Thrash que estaban concentrados frente a ellos. El final del corte, con Bobby pidiendo coros al público, estupendo.

Desde “Ironbound” llegaría “Bring Me The Night”, con lo que parecía que (a excepción de “In Union We Stand”) la velocidad sería la constante que primaría en el rato que los neoyorquinos estuvieran en el stage.

Bobby tomaba la voz cantante, más allá de lo estrictamente textual. Era el que se llevaba la atención mayoritaria. No obstante, D.D. también pedía su parcela de protagonismo con un porte, una presencia y un carácter soberbio sobre las tablas. D.D. es probablemente uno de los más destacados bajistas del universo Metal. Seguro que los hay mejores en técnica, pero como figura sobre un escenario, pocos pueden superarlo.

Esto, además, se ve reflejado en la música de Overkill, donde la presencia del bajo es más notable que la que se puede encontrar en muchas otras bandas de Thrash en particular o de Metal en general.

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Después llegaría “End Of The Line”, desde el mítico “Under The Influence”, arrancado con una batería casi marcial en manos de Ron, y proseguida con los ritmos de Dave y Derek en las cuerdas. Bajo muy presente, claro, y Bobby entonando con la rabia tradicional.

Se disponían a enfilar el final del show y empalmaron un par de cortes enormes: “Hello From The Gutter” e “Ironbound”. La primera con una energía tremenda, que obligó a muchos a hacer moshing o headbanging casi por necesidad. Sencilla, directa y con garantías de ser siempre un temazo en directo. El segundo, tal vez no tan mítico, pero con una velocidad y agresividad igualmente válidas. Sobre todo en el final tan brutal.

Casi el final con “Elimination”, otras de esas indiscutibles por la fuerza que desprenden y que cualquier aficionado al Thrash identifica desde los primeros acordes. Sonaba como un perfecto resumen de lo que Overkill son capaces y de qué se pudo ver de ellos en este concierto del Leyendas 2.015.

Pero el final estaba bastante claro. La verdad es que no podía ser otro más que “Fuck You”. Cantada desde miles de gargantas tras que Bobby pidió al público que gritara el nombre de la canción, con el dedo medio de su mano en alto. Los primeros acordes desde el bajo de D.D. desataron la locura entre los fans de Overkill. La pena fue que no metieron cover en medio del tema. Sinceramente esperaba las notas de “War Pig” sonando en cualquier momento (“Dirty Deeds Done Dirt Cheap” también me valía) para engrandecer aún más el tema.

No pudo ser, así que nos tuvimos que contentar “sólo” con “Fuck You”, que ya es bastante. Ese fue el final de la actuación y, tras algunos saludos y aplausos hacia el público, se retiraron dejando un buen regusto y algunos pits en la memoria reciente; así como muchas ganas de verles de nuevo pronto.

Por cierto, que el sonido de este escenario no terminó de acompañarles, pues todo hay que decirlo. Quien quiso, se lo pasó en grande. No obstante, pudo ser mejor en este aspecto.

La siguiente crónica sería desde el Jesús de la Rosa de nuevo, ya que sería la de Within Temptation.

El grupo holandés se perfilaba como una de las atracciónes principales del festival. Así lo atestiguaban miles de personas (la mayoría bastante jóvenes) que vestían camisetas de la banda o complementos de royo gótico y demás.

Lo cierto es que, como tuve la oportunidad de oír en conversaciones con varios compañeros, no dejaba de llamar la atención el hecho de que, en un festival con un cartel de bandas realmente potente, el grupo que más gente aglutinara (al menos en esta jornada) fuese tal vez el menos duro en su música. Incluso llegué a oir su catalogación dentro de un Pop-Rock venido a más (…). En fin, para gustos y denominaciones, los colores.

 

El caso es que Within Temptation se ha hecho un grupo de masas, con innumerables seguidores y eso no deja de ser un mérito, sea por lo que sea.

No sé si os lo imagináis, pero este estilo (y Within Temptation en particular) no se encuentra entre lo que oigo habitualmente, pero reconozco abiertamente que tienen algunas canciones que están muy chulas. Desde luego, algo hay en Within Temptation para mantenerse en el candelero durante años.

Pasando al concierto en sí, el inicio del mismo fue con la “Intro” de su disco “The Silent Force”, para dejar así espacio a la banda a que tomara sitio en el escenario.

Aplausos y vítores recibieron a los seis músicos de la formación, que parecían bastante sonrientes frente a tal cantidad de público. La locura, eso sí, se produjo cuando la presencia de la insigne vocalista se hizo material: Sharon Den Adel (ataviada con un espectacular vestido y chaqueta aún más llamativa) ya estaba lista para empezar su recital.

Se arrancaron con “Paradise (What About Us?)”, de su último disco de estudio “Hydra”. Un disco interesante, sobre todo en su primera mitad, que contiene melodías muy agradables. Este “Paradise (…)” sería uno de esos temas.

En el disco, esta canción está cantada en dueto junto a la no menos insigne Tarja Turunen. Una de las incógnitas sería como Within Temptation resolvería el tema de los duos. Pues bien, echaron mano de la técnica, así de sencillo. En una enorme pantalla que abarcaba todo el ancho del escenario (aunque no era muy alta) aparacieron las imágenes del videoclip, con las partes vocales cantadas por la finlandesa. Así pues, la parte de Tarja fue sencillamente insertada a través de los equipos de sonido.

¿Era esta la mejor solución? Bueno, hay que decir que las canciones a duo en el setlist serían tres. Personalmente no opino sobre si había alternativas mejores, al fin y al cabo esta era que se eligió y fue lo que hubo.

Luegos caerían “Faster” e “In The Middle Of The Night”, ambos del “The Unforgiving”, donde Sharon aprovechó para quitarse la ostentose chaquetilla que llevaba y lucir un atractivo corset con falda que levantó pasiones entre el público masculino.

Temas igulamente sonoros y melódicos, con cierta carga sinfónica que se encargaba Martijn de impregnar a base de teclados. Ritmos más o menos rápidos desde la batería de Mike Coolen para agilizar la interpretación y unos riffs de fácil digestión. Todo ello para escoltar y remarcar la voz de Sharon que era realmente el valor principal de la música de Within Temptation.

“Fire And Ice” fue el punto de reposo, el medio tiempo para frenar el frenesí inicial.

De ahí pasaron a “Our Solemn Hour”, del “The Heart Of Everything”. Este corte podría resumir un poco eso que decía en cuanto a qué tiene o posee Within Temptation para mantener un alto estatus en el mundo del Metal durante tanto tiempo, sin ser una banda precisamente representativa del género, ya que no son especialmente duros.

Un tema con alta carga sinfónica, con tres guitarras alternándose en riffs sugestivos, apoyadas en el sonido de los teclados, y un ritmo muy afianzado desde la batería y el bajo. Pero esa música pomposa, con coros sobre la buena voz de Sharon, consigue tocar la fibra emotiva que hace que recuerdes al grupo. Bueno, esto es lo que pienso y no tiene por qué coincidir con vuestra opinión, pero algo de esto debe haber, ¿no?

Pasaron a “Iron”, quizás con menos exigencia en lo musical, pero más efectiva aún en cuanto al efecto entre la gente. El estribillo incitaba a saltar, manos en alto, y cantar tal y como lo estaba haciendo la frontman y prácticamente toda la banda.

“Stand My Ground” pudo ser la más aclamada de su setlist, lo cual no deja de ser una pena. No creo que sea un tema demasiado bueno, especialmente en la composición. De hecho, en aquel “The Silent Force” de 2004 creo que había mejores temas que este. ¿Su valor? Pues el haber sido emitida en las radiofórmulas tradicionales, con una enorme profusión comercial.

En fin, esperé a que pasara y entonces retomaron el “Hydra” con “And We Run”. El tema tiene energía y una fuerza que va increscendo en las guitarras de Robert, Ruud y Stefan. Una tensión que se mantiene en la voz de Sharon, que explota cuando le hacen la réplica en modo de dueto. Y aquí viene la particularidad del tema: el “partener” es Xzibit, un rapero americano (muy popular también como presentador de un programa de la MTV).

Obviamente la aparición de Xzibit sería a través de la video pantalla y los bafles. ¿Qué resultado dio esta mezcla de Rock Sinfónico y Hip Hop? Pues cada cual tendrá su opinión, pero no quedó muy mal.

“The Heart Of Everything” sonó emotiva, aunque parecía pasar un tanto desapercibida entre el resto del setlist. Tal vez los coros de voces ásperas daban un tono más duro al tema.

“What Have You Done” fue la última “colaboración” de la video pantalla en la noche. En esta ocasión era Keith Caputo (de Life Of Agony) el que compartía la lírica del tema con Mrs. Den Adel.

Una sensacional “Mother Earth” acabó con el tiempo regular de los neerlandeses.

En cuanto a la banda, pues decir que se portaron muy bien. Un concierto muy correcto por parte de los seis músicos, teniendo en cuenta que las miradas eran acaparadas en su mayoría por Sharon. Supongo que Robert (Westerholt de apellido y hermano del antiguo teclista de la banda, Martijn (que ahora está en Delain)) estará bastante acostumbrado a esto, siendo como es el marido de Sharon, padre de sus tres hijos, y probablemente la envidia de muchos de los reunidos frente al escenario.

Bueno, pues así pasaron a los bises, que arrancó con un “Sinéad” acústico algo más lento que la versión eléctrica del disco. Bastante sugerente, eso sí.

Luego entonarían “Covered By Roses”. Empezó fuerte, pero personalmente hubiera elegido otra dentro de su discografía para un bis. Eso no quiere decir que sonara mal y que no fuera efectiva para ganarse al público, sobre todo al joven.

El final fue el esperado. No había lugar a sorpresas… afortunadamente. Probablemente la mejor canción de Within Temptation arrancó con unos coros que fueron solicitados por Sharon al público: un “ohoo, ohoo” que atraían las notas de “Ice Queen”. Un tema épico que volcó al público con la banda de Waddinxveen. Un final inmejorable para un concierto de Within Temptation.

Rápidamente al Marky Reale para ver a una banda que no quería perderme de ningún modo, una de las sensaciones del último año para mí.

Blues Pills ya estaban en marcha cuando llegamos, con la sensacional “High Class Woman” vibrando en la voz de la encantadora Elin Larsson.

Este grupo me alucinó cuando lo descubrí apenas hace unos meses, con su primer disco de título homónimo a la banda. Era de esperar que algo importante hubiera en la música de una banda de Blues-Rock para que una discográfica tan centrada en el Metal como lo es Nuclear Blast, apostase por ellos y los fichase. Con una buena promoción, además.

Una música con regusto añejo y elaborada con mucho gusto. Guitarras con enorme sentimiento sobre una estructura bien consolidada por una base rítmica con no menos amor a la música.

Se marcaron nueve canciones, siete de ellas pertenecientes a este único Lp, más un corte de su primer EP “Bliss” y una cover.

La carpa cubierta donde se encontraba el escenario Marky Reale estaba repleta de gente. Se ve que, aunque su nombre no se ha hecho aún grande dentro de la escena, sí que están adquiriendo gran repercusión entre los amantes del Rock más clásico. Precisamente la repercusión que se merecen.

Daba gusto ver cómo la srta. Larsson era escoltada por la guitarra de Dorian Sorriaux y el bajo de Zack Anderson, sobre el atento escritinio de André Kvarnström desde la batería. Todo ello en una simbiosis magnífica, donde todo funcionaba y la música fluía como pocas veces podemos ver.

Particularmente no me canso de oír el disco y era una gozada brutal el poderlo disfrutarlo en directo.

Quizás estoy dejando un poco de lado la crónica en sí, pero es que el análisis creo que resulta más justo detallando una impresión y una emoción que duró todo el show, que mantuvo el enorme nivel en cada uno de esos nueve cortes que compusieron el setlist de Blues Pills en este Leyendas del Rock 2015.

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Sí que podemos decir que se escuchó “Ain’t No Change” o “Astralplane”, aunque de la primera mitad del show (y junto a la inicial “High Class Woman”) destacaría “No Hope Left For Me”, que arrancaba con un sonido muy Desert que acurrucaba la bluesera voz de Elin. Un tema que va creciendo en intensidad, hasta el enorme solo de Dorian.

Luego los dos temas “extraños” al “Blues Pills”. Serían el tema que daba título a su EP “Bliss” y la version del “Elements And Things” de Tony Joe White. La primera con una guitarra muy genuina, que igual podrían haber tocado Grand Funk Railroad, por ejemplo. La segunda no le iría a la zaga a esta primera.

La banda no parecía tan extrovertida o cumunicativa como otras que pasaron por el festival antes y después de ellos. Sí que se dejaron querer, particularmente Elin que era la cara más visible de este cuarteto multicultural (dos suecos, un francés y un estadounidense). En todo caso, consiguieron una buena fiesta en el recinto, manteniendo al público espectante y activo en todo momento. Blues Pills tenía el auditorio a sus pies.

Luego fueron enfilando el final con una selección de lo más granado de su disco, que aún quedaba por repasar. Serían “Black Smoke”, “Little Sun” (esta última tengo que decir que particularmente sí la hubiera cambiado por “River”, por ejemplo) y una “Devil Man” extraordinaria. Un temazo genial y que resultaría un final de concierto espectacular para una de las sensaciones de la jornada.

Después de esta enorme propuesta musical, aguantamos en el mismo sitio esperando a los canadienses deathmetaleros Kataklysm.

La última vez que vi a la banda de Montreal, hace unos cuantos meses, me dejaron un poco frío. Fue un concierto titubeante, con un buen arranque y final, pero con tramos muy insulsos. No creo que una banda de Death Metal pueda permitirse marcarse un show anodino, por mucho nombre que tengan. Así que andaba un poco receloso sobre lo que iban a ofrecer y, es más, no me encontraba especialmente receptivo con ellos.

Kataklysm1

Arrancaron con el “To Reign Again”, del “In The Arms Of Devastation”. Guitarras pausadas en un principio, que van añadiendo la intervención de bajo, batería… y a tocar Death Metal. Los clásicos ritmos pesados que se vuelven veloces en tremendos cambios se hicieron patentes desde el inicio mismo del concierto. Mauricio Iacono parecía entonado también con la voz gutural, así que no había peros que añadir a este arranque.

Buenas melodías para captar la atención del público, que se vieron continuadas con “If I Was God… I’d Burn It All” del “Waiting For The End To Come”, aunque esta sonó mucho más brutal y fulminante desde el principio. Algo más Death que Melodic, así sería.

Kataklysm2

La primera terna del setlist la completó “As I Slither”, de “Serenity In Fire”. Realmente la que más agradecí de estas tres gracias a ese contundente riff desde las guitarras de Jean-François Dagenais, que compiten en agresividad con las propias voces.

El caso es que Kataklysm no estaba sonando mal, manteniendo una buena intensidad en la música y las melodías propias de unos cuantos buenos temas que llevaban. No obstante, me dejé arrastrar un poco por la ofuscación y me retiré hacia los escenarios principales para vera a Gamma Ray.

Soy mucho más consumidor de Death Metal que de Power y también disfruto más los conciertos de uno que de otro estilo. No obstante, dentro de las bandas que captan mi atención dentro del Power y el Speed, obviamente nombres como Helloween, Running Wild o Gamma Ray tienen un sitio. Además, quizás el motivo más importante de mi apuesta por Gamma Ray y contra Kataklysm fue el tiempo. A los canadienses los ví hacía relativamente poco, mientras que a los alemanes hacía mucho, mucho que no. Realmente siento por quien quisiera leer una crónica más completa en este texto, pero así surgieron las cosas. No obstante, por comentarios de compañeros, me aseguraron que Kataklysm realizaron un directo fenomenal y bien aprovechado en su tiempo.

Cuando llegué a la altura del público que estaba disfrutando del concierto de Gamma Ray, ya estaban con “Avalon”, de su último disco de estudio “Empire Of The Undead”. Tampoco puedo negar que el ver a Gamma Ray con Kai Hansen al frente es una sensación para mí. Un tipo con una trayectoria tan excelsa y referente de todo un género, ejerciendo de frontman de una de las bandas más reconocidas de este estilo desde su origen mismo. Supongo que eso siempre es una gozada.

Prosiguieron con “Heaven Can Wait”, de aquel primigenio “Heading For Tomorrow”. Un tema que bien podrían cantar los propios Helloween, dado ese desenfadado carácter de “Happy Metal” que tiene el tema.

“Heaven Can Wait” sonó como un decálogo del Power Metal; esto es, con todo aquello que una canción debe llevar: ritmos alegres, riffs fáciles de asimilar y con una melódía pegadiza, estrofas que acaban subiendo en octavas, estribillos que inciten a corear (de hecho, el estribillo cuenta con coros)… En fin, todo lo que un corte necesita para ser un hit Power.

Y precisamente hablando de la ex banda de Kai, llegó el turno de la cover esperada. Apostaron a ganador con “I Want Out”.

Las buenas vibraciones se repartían por el recinto cuando la mayor parte del aforo cantó (al menos el estribillo) de la mítica canción de Helloween al unísono con la banda. Las guitarras súper reconocibles, muy ágiles en las manos de Henjo y el propio Kai, rememoraban los 90’s a golpe de “I Want Out”.

GammaR

El problema, bajo mi punto de vista, es que quisieron rizar el rizo, darle una nueva dimensión musical o algo así. El caso es que se metieron a improvisar arreglos y mezclas de ritmos, y acabaron por llevar el tema a algo que parecía Reggae o alguna cosa parecida… ¡algo caribeño era! Creo que el asunto se les fue de las manos y acabaron alargando el tema innecesariamente con esta apuesta, distorsionando lo que no hacía falta. El final sí que lo hicieron a la manera clásica y la gente volvió a coger el hilo del concierto. Kai Hansen tiene mucho crédito.

Pasaron luego varios temas que funcionaron muy bien para el concierto, que la gente agradeció con aplausos cuando fueron presentados por Hansen, ya que serían de los reseñables de su discografía: “Dream Healer”, “Rebellion In Dreamland”, “Somewhere Out In Space”. Todos estos de la glosiosa época de los 90’s para la banda. Eran temas que cualquier fan celebraba, acogiendo tambíen de buena gana el “Master Of Confusion” que tocaron entre ellos.

En cuanto al grupo, pues decir que tienen más tablas que el propio escenario. Incluso Michael Ehré, llegado a la banda hace pocos años pero con una espectacular trayectoria como baterista de innumerables grupos a su espalda. Los ritmos le fluían con bastante facilidad y no daba pie a discusiones sobre su valía como integrante de Gamma Ray. Luego Henjo, Dirk, Kai… pues poco más que añadir de unos músicos que llevan toda la vida, como quien dice, en el Metal y en este grupo.

Luego vinieron un par de bises, también bien elegidos, aunque era difícil que escogieran algún tema que no gustase de entre los muchos que se quedaron en el tintero por motivo del tiempo que tenían. Gamma Ray podría haber hecho un concierto con el triple de tiempo, incluyendo sólo grandes temas en su setlis, pero aquí se les acababa y había que concretar.

“To The Metal” y una muy celebrada “Send Me A Sign” fueron el remate al show.

El asunto del concierto fue que se vivió un buen rato, pero no fue un concierto memorable, como Gamma Ray podría hacer. Experimentaron con ritmos y sonidos (“I Want Out” no fue la única que “adaptaron”) y se disiparon en según qué momentos. Sinceramente creo que habría instantes que ni ellos sabrían dónde se habían metido. El caso es que este momento, este Festival Leyendas del Rock 2015, no era el momento de hacerlo. Había un público volcado y ávido de su música (probablemente de ver a Hansen en persona de nuevo), pero con un tiempo muy limitado. Había gente que hacía mucho tiempo que no los veía en directo y supongo que esparaban algo más genuino. Bueno, esta es mi impresión.

De todos modos, no olvidemos quienes son: una gran banda que, en menor o mayor medida y a su modo, así lo demostraron.

Llegaban las horas intempestivas, por lo tarde que se iba haciendo, y la gente iba retirándose a descansar. Iban quedando los noctámbulos y los fans de las pocas bandas restantes. En esto que se colocaron sobre el escenario Azucena otra de las formaciones más populares del país, con muchos seguidores esperándolos. Se trataba de Tierra Santa, una de las fijas en los Leyendas.

Tengo que decir que me encontraba ya bastante cansado, así que anduve viendo el concierto en partes.

Tierra Santa es ya una de esas leyendas (que aún no vieja gloria) del Heavy Metal español. Una banda que supo y sabe poner en valor el Power Metal en castellano, con una importante impronta a través de unas letras de las más curradas del panorama estatal.

Tierra Santa tiene un lugar asignado en la historia del Rock español a base de trabajo y respeto a esta música. Así se puede ver y sentir en sus conciertos, como en este caso.

Tierra Santa, como tantas otras veces, ofrecía un perfil bajo en cuanto al aspecto visual: poca parafernalia, pocos efectos, discretos atuendos… pero por ello era la música la que se hacía con la totalidad relevancia. Rock y Metal era lo que había sobre el escenario, nada más. Melodías de guitarras que adornaban las estrofas históricas y mitológicas de las letras de estos riojanos.

David y Roberto como base rítmica, Eduardo y Ángel en las guitarras, Juanan en teclados y el propio Ángel con una de las voces más reconocibles del Heavy Metal nacional. Un grupo que ha evolucionado para ir madurando su Power a través de casi 20 años de carrera (más si contamos Privacy).

El resultado en esta noche fue otro concierto de los suyos, con mucho Metal que ofrecer a través de temas tan famosos, identificables y aclamados como “Séptima estrella”, “Sangre de reyes”, “La leyenda del holandés errante”…

Ya digo que no pude estar especialmente pendiente del show, pero sí que pude disfrutar de los punteos y las melodías vocales de “Juana de Arco”, “Legendario” o la excelente “El bastón del diablo”.

Para finalizar, la más esperada: el sublime poema de Espronceda hecho canción, para el disfrute de todos los amantes de la cultura musical. “La canción del pirata” fue cantada de nuevo por miles de gargantas en la oscuridad de la noche levantina. Una nueva ocasión para que la carne se volviera de gallina.

Sería hora de ir a dormir, pero aún me acerqué al Marky Reale para ver a Döria. Ya llevaban unos minutos tocando, pero les pude coger un buen rato de actuación.

Son una banda de Barcelona a la que conocía desde hacía relativamente poco. No obstante, por lo que pude ver durante su sesión de firmas, ya tienen una buena legión de seguidores y fans. Muchos de ellos se agolpaban en las inmediaciones del escenario Marky Reale a altas horas de la madrugada para disfrutar de temas como “Bajo la nieve” o “Despierta”, con interesantes guitarras de melodías Rock Metal en las manos de Víctor y Laura.

Creo que la banda, a poco que se lo curre, tiene una enorme proyección dentro de la escena nacional. Juegan en un espectro que, apostando por el Rock duro, es accesible para un amplio público.

La batería de Pep y el bajo de Lluís marcan los tiempos en buena cadencia para dar el pie a las guitarras.

El concierto pasaba con presteza, al ritmo marcado por Döria para no dejar opciones al cansancio. “Desdibujando sueños”, “La soga”, “Si te vas”… todas las canciones con sus matices y su forma, pero con la personalidad de Döria, que quedaba totalmente conformada con la voz de su frontman Martí.

Con una voz personal, pero capaz de moverse en diversas texturas, fue entonando la letra de “Sin Máscara” o de la aclamada “Por si sirve de algo”.

Martí jugaba con los tiempos para poder dar un poco de cancha a los seguidores. Así dialogaba con ellos entre canciones, hasta que llegó el momento de la despedida. Se trataría del tema más conocido de la banda (digno de un videoclip la mar de sugerente). Para rematar se marcaron “Caperucita feroz”, echando el resto. Creo que el público les correspondió con entrega y aguantando hasta más de las cuatro de la madrugada.

Ahora sí que tocaba dormir y descansar para el viernes, que había mucho que ver.

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