• Dom. Oct 2nd, 2022

Musiqueando

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Paul Di’Anno, el que fuera insigne cantante de los primeros discos de Iron Maiden, se paseaba por España en una intensa gira de una decena de conciertos consecutivos. La fecha valenciana se celebraba en Meliana, en la sala Durango Club. Y ahí estuvimos.

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Con un frío propio de noviembre, bastante peña se reunió a las puertas de la sala a partir de las 10 de la noche, hora prevista para el arranque de la música. Al final ésta se hizo de rogar y los teloneros de Paul se subieron a las tablas a eso de las once menos cuarto.

 

La banda en cuestión fue Ever Dream, un grupo del Bierzo que ha acompañado a Di’Anno en sus fechas españolas con una propuesta entre el Gothic y partes de un Metal más clásico.

 

Presentaban su reciente Lp debut “The Darkest Time” e hicieron todo lo posible por enganchar a la concurrencia a sus temas, de eso no cabe duda.

 

La banda la conforman Celeste a la voz, Yuyi y Fran en las guitarras, Marcos al bajo y Noel en la batería.

 

Los primeros compases se me antojaron algo lineales, con un estilo próximos a Nigthwish (era de prever si atendemos al nombre) pero que fueron ganando enteros en el transcurso de su tiempo. La voz de la señorita Celeste (encorsetada en un traje al puro estilo gótico) tuvo un par de momentos de duda, probablemente por la maratoniana gira de una semana a concierto diario, pero que no tuvo mayor importancia en el global de la actuación.

 

Haciendo la revisión de su Lp, cayeron temas cargados de matices y donde las guitarras de Yuyi y Fran resultaron demoledoras, francamente. Lo cierto es que me sorprendieron muy gratamente al descargarse punteos muy atractivos en temas que se embarcaban en estilos más genuinamente Heavy, afortunadamente en mi opinión.

 

Sobre la solista también decir que, aunque por su complexión no tenía una gran presencia sobre el escenario, sí que animaba y se esmeraba en empatizar con un público que pareció cogerle el gusto a la música de Ever Dream según cayeron sus cortes.

 

Más aún cuando se desmarcaron con un pequeño medley a base de “Kickstart my Heart” de Mötley Crüe más el “Hey Joe” de Jimi Hendrix. No son malas elecciones y sonaron bastante bien, siempre muy basadas en unas guitarras que son las grandes bazas de este grupo.

 

El momento quizás más álgido de su actuación fue cuando Celeste anunció una cover de Metallica. Los primeros acordes animaron a la concurrencia que cantó alternativamente con la vocalista el “Wherever I May Roam”. Una versión atrevida que se saldó con buenos resultados y que quizás podría haberse usado para cerrar su actuación con los ánimos por todo lo alto. En cambio hubo un último tema propio que recordaba más a los primero instantes de su actuación, aunque con mayor presencia de guitarras. Incluso con un solo final que, no obstante, pedía más velocidad para mi gusto.

 

En fin, algo más de media hora para estos leoneses que, con sus pros y sus contras, creo sinceramente que saldaron su actuación con buena nota y nos dieron un buen aperitivo a la espera del amigo Paul Di’Anno y su banda.

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Inicialmente se esperaba al grupo para las once y media más o menos. El asunto se fue demorando y hacia las doce un técnico se subió al escenario para informar que, a causa de la fatiga en la garganta de Paul por el intenso tour, el concierto se retrasaría uno minutos más. El público comenzó a silbar pero, como sucede en tantas otras ocasiones, el enfado se fue diluyendo, la gente permaneció donde estaba y acabó ovacionando a los músicos cuando hicieron acto de presencia en torno a y cuarto.

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Supongo que muchos estaban allí un poco por el morbo o, si se prefiere, por la curiosidad de ver cómo habrá pasado el tiempo por aquel chaval que grabó las “Soundhouse Tapes” y los dos primeros Lp’s de los Maiden. La respuesta estaba sobre el escenario y esta era “mal”.

 

La verdad es que Paul no se encontraba precisamente en su mejor momento. De hecho se le veía… jodido. No encuentro otra palabra mejor. Fastidiado en la garganta por darle demasiado trajín en estos últimos días y en la pierna derecha con la que cojeaba ostensiblemente y que apenas le dejaba moverse sin ayuda. Pero bueno, al fin y al cabo era Paul Di’Anno y lo que esperaba la gente era oír, a pesar de la voz de hoy y todo, los grandes himnos del “Iron Maiden” y del “Killers”.

 

El bueno de Paul se arrancaba con una serie de disculpas por su desmejorada voz y por la espera. Un preámbulo atípico, desde luego, pero que dio paso a un “Wratchild” que desató los ánimos entre los reunidos.

 

Muchos de los congregados se intuían acólitos de la época dorada de los Maiden, repartidos en varias generaciones y con ganas de rememorar la movida de la NWOBHM en directo. Para eso sí; para disfrutar de una gran voz por parte del frontman, me temo que Di’Anno ya no está para darnos eso.

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La banda que lo acompañaba resultaba tremendamente competente. Cada uno muy metido en su papel y con una actitud muy positiva. Era curioso ver a esta formación dando momentos de calidad y auspiciando en todo instante al vocalista en una labor de entrega.

 

Tres músicos italianos (siento no recordar sus nombres) que recrearon las cuerdas de Harris, Murray, Smith y la batería de Burr con un sonido muy orgánico, directo y vivo. Más de aquella época que de esta misma. Al menos a mí me lo pareció al oír “Prowler”, “Strange World” o “Murders In The Rue Morgue”, no sé si por el feeling especial que da una sala (inimaginable ver a los Maiden en una sala hoy día) o por la propia sugestión creada por el ambiente.

 

Y es que escuchar “Charlotte The Harlot” o “Killers” por su cantante original resultaba una gozada, si bien es verdad que la voz de Paul no le permitía alardes. Ni tan siquiera mucha continuidad, de tal modo que algunas estrofas prácticamente se cantaban alternas entre el vocalista y el público. De todos modos parecía que a la mayoría no les importaba; estaban encantados de poder entonar estos himnos a viva voz.

 

“Phantom Of The Opera” y “Running Free” (esta última compuesta por el propio Di’Anno junto a Steve Harris) tampoco faltaron, con el consiguiente regocijo de los presentes. Y aquí aprovecharé para decir que, a pesar de todo, Paul destiló buen rollo y simpatía en lo que le permitía su estado físico que, además de todo, le hizo sudar la gota gorda desde el primer tema a pesar del frío que hacía fuera de la sala.

 

Me he centrado en los cortes de los dos primeros discos de Iron Maiden pero, a decir verdad, no sólo de estos vivió el concierto. De la época de Paul Di’Anno & The Killers hubieron unos cuantos temas como “Marshall Lockjaw”, “The Beast Arise” o “A Song For You” que diría que sonó más dura que el resto del repertorio.

 

Precisamente después de “A Song For You” la banda se replegó a un lado del escenario para contemplar cómo el batería se marcaba un “Drum Solo”. No sonó nada mal, sobre todo al doble bombo, pero no llegué a entender su sentido. Para mí fue un parón innecesario, aunque seguramente tuvo que ver precisamente con los achaques de garganta de Paul.

 

Por cierto, que la época de Paul Di’Anno’s Battlezone también estuvo presente en forma de “Children Of Madness”. Por supuesto estos temas fueron los de menos tirón, aunque no creo que decayeran especialmente los ánimos.

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Tras “Running Free” la formación se bajó de las tablas y, a la llamada del público, volvieron pronto para marcarse los bises.

 

Como hiciera toda la noche, Paul comentó e intentó empatizar con el público antes de cada tema, con mayor o menor fortuna pues la gente estaba más por ceñirse a oír la música.

 

Los bises lo petaron. Tan sólo dos pero el primero fue “Transylvania”. Creo que disfrutado por todos y cada uno de los presentes. El segundo fue una versión bastante rápida de “Blitzkrieg Bop” de los Ramones. Un “Hey, Ho, Let’s Go” muy áspero en la voz de Paul pero que fue un buen colofón.

 

La banda se retiró tras unos breves saludos y el concierto quedó zanjado dejándonos con ganas de más tras hora y cuarto de recuerdos de otros tiempos.

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La sala se despejó poco a poco pero quedó aún bastante llena de público oyendo la selección de temas Metal del DJ. Otros tantos salieron a “disfrutar” del frío y de un cigarrillo en la calle. Así se alargaba una noche que nos trajo a una vieja gloria que, sin ser lo que era, se merece su reconocimiento en la Historia (con mayúscula) de esta música que tanto queremos.

 

Nos vemos en la próxima.

 

Salud!

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