El viernes 11 de septiembre, el Pop CAAC volvió a reunir en Sevilla una programación capaz de aglutinar a miles de personas en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Aldhara y Arrecí0 fueron los encargados de abrir la jornada, aportando dos miradas diferentes a una programación que, desde el comienzo, apostaba por la diversidad y el talento emergente. Tras ellos, la noche fue creciendo con Sanguijuelas del Guadiana, La M.O.D.A. y Ultraligera, tres nombres que terminaron convirtiendo el escenario del CAAC en un punto de encuentro entre tradición, identidad y rock contemporáneo.
A las 21.45h Sanguijuelas del Guadiana llegaba al CAAC con una propuesta difícil de encasillar, en la que conviven la música de raíz, el rock, la electrónica y los sonidos urbanos. Su principal virtud está precisamente en no intentar ocultar de dónde vienen. Al contrario: convierten el paisaje rural, la memoria, las tradiciones y el desarraigo en materia musical contemporánea. Lo que podría parecer una contradicción acaba funcionando como una de sus mayores fortalezas. Hay pueblo, pero también hay presente; hay tradición, pero no nostalgia impostada. Todo aparece pasado por un filtro eléctrico y festivo que hace que sus canciones funcionen especialmente bien sobre un escenario.
El directo de Sanguijuelas del Guadiana tiene además algo de celebración colectiva. Sus canciones invitan al movimiento y consiguen que el público entre rápidamente en su universo. La banda no se limita a trasladar al escenario lo que aparece en sus grabaciones, sino que potencia el componente físico de los temas y deja que las guitarras, la electrónica y los ritmos conviertan la actuación en una especie de verbena contemporánea. Su música habla de volver, de marcharse, de pertenecer a un lugar y de echarlo de menos, pero lo hace sin quedarse atrapada en la melancolía. En Sevilla dejaron la sensación de ser mucho más que una de esas bandas jóvenes a las que se mira con la esperanza de que algún día lleguen a algo. Sanguijuelas del Guadiana ya están construyendo su propio espacio y saben perfectamente qué quieren contar, y así lo demostraron los extremeños con temas como «100 amapolas», «Me da igual», «Yesca», «Revolá» o «Llévame a Extremadura», además de las magníficas versiones de «Nada que perder», de Robe, el gran rey de Extremadura, y «Me quedaré», de Estopa.
Después llegó La M.O.D.A., y con ellos cambió el tono de la noche sin que disminuyera la intensidad. La banda burgalesa afrontaba su paso por el Pop CAAC dentro de la etapa de presentación de San Felices, un trabajo que confirma que su fórmula sigue teniendo recorrido. Si hay algo que caracteriza a La M.O.D.A. es su capacidad para convertir un concierto en una experiencia compartida. Sus canciones dejan de ser únicamente canciones de la banda para convertirse en canciones del público. Cada estribillo parece tener una segunda vida cuando miles de voces lo devuelven desde abajo del escenario.
La actuación volvió a apoyarse en esa mezcla de folk, rock y música popular que ha definido su trayectoria, pero también en unas letras capaces de conectar con experiencias muy concretas: la amistad, la pérdida, la incertidumbre, la nostalgia, la necesidad de marcharse y también la de encontrar un lugar al que regresar. La M.O.D.A. lleva años construyendo esa relación con su público y se nota. No necesitan grandes artificios para llenar el espacio; les basta con las canciones y con una banda perfectamente engrasada. San Felices aporta nuevos temas al repertorio, pero no rompe con lo anterior. Al contrario, amplía un universo que el público conoce y reconoce.
En el CAAC volvió a aparecer esa sensación tan característica de sus conciertos: durante algunos momentos no parecía haber una banda por un lado y un público por otro, sino una sola voz. La M.O.D.A. sabe manejar muy bien esa frontera entre lo íntimo y lo multitudinario. Sus canciones pueden hablar de asuntos personales y, pocos minutos después, convertirse en himnos coreados por toda la pradera. Esa capacidad de generar comunidad es probablemente una de las razones por las que continúan ocupando un lugar tan importante dentro del panorama nacional, siendo una banda madura pese a su juventud y desatando la alegría del público con temas como «Alsa pa Madrid», «Mil demonios», «PRMVR», «1932», «Héroes del sábado» o «Mañana me voy a Burgos», canción dedicada a su tierra natal.
Y cuando parecía que la noche había alcanzado su punto máximo, llegó Ultraligera. El comienzo estaba previsto para la una de la madrugada, aunque finalmente la banda salió al escenario alrededor de la 1:15, y Ultraligera encontró un público preparado para recibir una descarga de energía y decidió no dejar espacio para el cansancio, comenzando el show con «Lapsus».
La banda madrileña representa otro de los caminos que está tomando el rock español actual. Su propuesta bebe claramente de la tradición del género, de la actitud, de las guitarras y de esa necesidad de convertir un concierto en algo más que una sucesión de canciones, pero lo hace desde una estética y un lenguaje propios de una generación nueva. El resultado es un rock directo, contundente y descarado, con una puesta en escena que busca provocar una reacción inmediata.
Ultraligera no parece interesada en tocar con el freno echado. Su directo se construye a partir de la energía y de una cierta teatralidad, pero también de la voluntad de demostrar que todavía existe espacio para una banda de rock que quiera crecer a lo grande. La reciente etapa de Lapsus refuerza esa sensación. Hay una banda que se encuentra en plena expansión y que parece tener claro que el siguiente paso debe ser mayor que el anterior. Las nuevas canciones conviven con los temas que les han permitido hacerse un nombre y el resultado es un repertorio pensado para funcionar especialmente bien en directo.
En Sevilla fueron capaces de mantener la tensión pese a la hora y terminaron convirtiendo la madrugada en una prolongación de la noche, animada por los acordes de «Lapsus» y de algunos de sus temas más aclamados, como «Pelo de foca», «Recuerdos del baile», «La basura» o «Matanza en el hotel», una descarga eléctrica que sirvió para cerrar la noche con unos músicos desatados y repletos de vitalidad sobre el escenario.
Si Sanguijuelas del Guadiana habían llevado al Pop CAAC sus raíces y La M.O.D.A. había construido una comunidad alrededor de sus canciones, Ultraligera aportó el componente más salvaje. Tres formas distintas de entender el directo que, juntas, acabaron formando una especie de recorrido por el presente de la música de guitarras en España.
La noche del 11 de septiembre dejó así una fotografía bastante clara de tres maneras de mirar hacia delante. Sanguijuelas del Guadiana demostraron que la tradición puede convertirse en algo moderno sin perder su identidad; La M.O.D.A. volvió a confirmar que una banda puede levantar una comunidad alrededor de sus canciones y mantenerla viva con los años; y Ultraligera puso sobre la mesa el hambre de una generación que quiere recuperar el rock desde sus propios códigos.
Y si algo demuestra una noche como esta es que el Pop CAAC sigue funcionando como uno de los espacios más interesantes del verano musical sevillano. Su agenda vuelve a apostar por combinar nombres consolidados con artistas y bandas en crecimiento, cruzando estilos y generaciones sin renunciar al carácter abierto de su programación. A todo ello se suma una organización que volvió a estar a la altura, facilitando el desarrollo de una jornada que transcurrió con normalidad y en un ambiente excelente, con un público entregado que acompañó a las bandas hasta el último acorde. Una noche de música, sentimientos e intensidad que volvió a demostrar el buen momento que atraviesa el Pop CAAC.