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Pablo und Destruktion montó una “fiesta de prao” en Sevilla

Poradmin

Ago 17, 2015

Nocturama 2015 (CAAC, Sevilla), 13 de agosto.

Por Jose L. Rodríguez-Mera Rguez

Foto cedida por Rafa Marchena

Agosto es en Asturias el mes de las “fiestas de prao”. Son éstas las que se celebran en cada pueblo, por pequeño que sea, en la que la gente se presenta elegante y formal y acaba descamisada, bailando y bebiendo unos con otros en plena exaltación de la amistad. Bien, pues Pablo und Destruktion nos trajeron al Nocturama una “fiesta de prao” con tonada, gaitas y baile en la que solo faltó la sidra.

Se presentó Pablo en Sevilla arropado por La Tribu del Trueno que, haciendo honor a su nombre, desató la tormenta sobre el escenario, recordando por momentos a aquellas Esferas Invisibles que acompañaban a Nacho Vegas en sus giras más ruidosas y destructivas. No tardaron ni tres canciones, hasta la enorme Mis animales y su “Nada, nada, nada…” coreado voz en grito en arremolinar a todo el (por desgracia, poco) público junto al escenario y creando una conexión total que hizo del concierto algo muy especial. Y eso no lo logran muchos artistas en un escenario al aire libre, siempre dado a la dispersión, la charla y el esparcimiento.

Al igual que en su último disco, Los días nos tragarán fue la primera canción en sonar y dejar la cosas muy claras. Aquello no iba a ser un concierto más. Pablo venía dispuesto a abrirse en canal y lanzarnos a la cara todas sus filias y fobias, sus miedos y esperanzas.

Con El aire puro, estaba claro que nos iba a “meter miedo”, pues sus letras son en ocasiones puñetazos en la cara y una visión tan realista de nuestra sociedad que duele. Problemas en una de las guitarras supusieron un “coitus interruptus” del que Pablo salió entre risas (“traednos unos chupitinos aquí, ho”) y una demostración de voz al arrancarse con una tonada, género musical asturiano y tristemente desconocido fuera de sus fronteras que puso los pelos de punta a los muchos compatriotas allí presentes (servidor entre ellos). Solucionados los problemas y desprendiéndose de la chaqueta, la intensidad del concierto fue subiendo canción a canción, unas veces arrimándose a unos Nick Cave & the Bad Seeds, otras recordando a Nudozurdo y siempre con Nacho Vegas en el imaginario colectivo.

Pero el cancionero de Pablo und Destruktion, basado en dos grandes discos como “Sangrín” (Discos Humeantes, 2014) y “Vigorexia emocional” (Marxophone, 2015), le hace ya ser poseedor de un estilo propio y, sobre todo, una personalidad arrolladora en el escenario. Sonaron potentes, brillantes e incluso intimidadoras Leona, Pierde los dientes España, A veces la vida es hermosa, La paz de los justos “tiemblo, tiemblo, tiemblo pero mis piernas, ¡aguantan!”, una recuperada de sus primeros tiempos La extranjera y, claro está, Limónov, desde Asturias al infierno, la canción que le hizo pasar de tocar ante 10 personas a llenar salas iba a ser y que puso CAAC a bailar (“aprovechái, que no hay muchas pa bailar” comentó Pablo).

Pero quizás el punto álgido de la noche fue una inmensa, monumental y desde ya uno de los grandes momentos de este 2015: Por cada rayo que cae. El cielo se abrió en dos y la tierra tembló con frases tan demoledoras como “somos nosotros quienes sufren en su carne cuando no hay empleo y no lo hay…¡¡y no lo hay!!”. Brazos en alto, puños apretados; si hay que ir a una revolución, yo me voy cantando esta canción.

Todavía hubo tiempo a subirse en ese autobús destino a Colonia cuyo viaje se recita en Busero español.

Pablo se bajó del escenario, se quitó la camisa y a pecho descubierto, entre abrazos y caricias logró lo que dice en la canción:

Puedo sentirme unido,
Tan profundamente 
A todos vosotros.

Aún quedaba un bis, y no de compromiso, si no porque el público, entregado, no estaba dispuesto a despedirse tan pronto. Y como en una “fiesta de prao” no puede faltar una gaita, ésta apareció en una monumental Califato, de la que estamos convencidos que hasta en el puente de Triana escucharon ese “eso sí que da pavor” gritado a los cuatro vientos.

Y si en las fiestas de prao se suele acabar con el himno de Asturias, el concierto se cerró con el guiño al gran mito asturiano que es el Nadie quiere al Rey Pelayo, canción que cierra “Sangrín” y supuso el punto y final a algo más que un concierto. Pocos artistas son capaces de lograr una conexión, una unión con el público como la que logran Pablo y su banda.

A Crudo Pimento los había visto la semana anterior en el Prestoso fest y, sinceramente, no me quedaron ganas de repetir, así que retirada y a esperar la siguiente cita con este Nocturama: Hidrogenesse.

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