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Musiqueando con…Gina Argemir

¿Se está perdiendo el concepto de sacar un disco como un todo y un concepto común en las pistas en la era del single? De esto y de muchas cosas interesantes más hablamos con Gina Argemir.

– A pocos días de la publicación de tu primer álbum en español «Autobiografía» ¿cómo te sientes?

Pues me siento satisfecha con el resultado porque me he acercado al sonido que buscaba y también a lo que quería expresar. He podido trabajar con unos músicos fantásticos. Creo que, con un presupuesto reducido, hemos logrado un gran disco.

También me siento liberada. La creación del disco me ha llevado un año y medio viviendo enclaustrada y sólo centrada en esto. Un disco tiene momentos muy gratificantes, pero también otros de sufrimiento (tal cual): las mezclas, por ejemplo, me estresan especialmente, sobre todo en esas canciones que no son uniformes de principio a fin, sino que los arreglos o sonidos son cambiantes, o tienes que combinar instrumentos de géneros distintos.

Y, luego, la tercera sensación que tengo es un poco de vacío, aquello de “bueno, ¿y ahora qué?”. Tantos meses con esto y ahora tengo que aterrizar en el mundo real.

– Antes habías editado canciones en inglés, catalán y francés, ¿resulta muy diferente la composición en función del idioma?

Sí, concretamente el inglés tiene más monosílabos, eso hace que sea más fácil encontrar las rimas en las letras. También diría que la mayoría de letras en inglés te cuelan cualquier tontería. Escribir en español o catalán pide letras de mayor contenido. Y entre el español y el catalán, el hecho de que el español sea mi lengua materna hace que las letras sean más auténticas, como si surgieran del inconsciente. Las canciones de “Autobiografía” las compuse antes de editar mis trabajos en otros idiomas. Las letras de “Autobiografía” son más bestias, más duras, más sensibles…

– Muchas veces se etiqueta de «personal» un disco pero el tuyo sin duda se merece exactamente ese adjetivo, ¿te ves reflejada o proyectada en tu disco?

Gracias por esa etiqueta. Me hace feliz que lo comentes porque esa era la razón del disco. Una autobiografía siempre es extremadamente personal. Animo a la gente a que escuche el disco y ponga atención en las letras: no hay verso que no haya sido vivido; sí he podido añadir un punto poético, pero lo que he escrito es honesto, es cierto. Y musicalmente, en la producción tenía claro que iba a ser un disco de rock (porque instintivamente me lo pedía el cuerpo), con toques de electrónica, sintetizadores, etc… y con toques acústicos y con instrumentos clásicos… pero todo en la justa medida: sin que tirara del todo hacia el rock, o del todo hacia la electrónica, etc. Que hubiera un balance de géneros. Eso sí, como me dijo una vez alguien de la industria musical, hacer un disco personal y diferente puede ser muy bueno o muy malo en términos comerciales. La gente suele apostar por lo que ya se escucha.

– ¿Habrá gira de presentación?

No por el momento. Ahora voy a centrarme en los videoclips: me gustaría combinar la realización clásica con la aplicación de efectos especiales e Inteligencia Artificial. De momento estoy explorando todavía. Veremos…

– También eres realizadora de tus videoclips, ¿es una faceta que te gusta o se debe a que quieras controlar cada detalle de tu trabajo?

Rodar y montar videoclips me apasiona. Cada videoclip es como hacer un viaje (he rodado en el desierto de Los Monegros, en suburbios de noche, en pleno Paseo de Gracia vestida de caperucita sexy…). Es verdad que me gusta controlar mis trabajos, pero el hecho de ser un músico independiente sin un apoyo económico detrás, te obliga a ocuparte de todo: a hacer de cámara, de actriz, de maquilladora, de productora… El equipo de mis videos lo formamos dos personas y donde no llega el presupuesto, llega la imaginación. Bueno… y la satisfacción al acabar: decir aquello de “parecía imposible pero lo hemos conseguido”.

– Cuentas con diversas colaboraciones en el disco, ¿cómo surgen?

Hay músicos con los que ya había trabajado: Joan Pairó (bajo), Walter Paniagua (guitarra), Pablo Potenzoni (voz y batería), Toni Mateos (batería) y Lluís Costa (mixing y mastering), todos ellos tienen un carrerón detrás. Esta vez, además, invité a Jordi Mena (guitarra), y, como para algunas partes del disco me interesaba incluir instrumentos clásicos, contacté con Jordi Castellà (piano), Rochana Ramanayaka (cello) y Nino Chikviladze (violines). Lo más curioso de algunas colaboraciones fue la distancia física: Pablo grabó en Argentina, Rochana en Sri Lanka y Nino en Georgia. Pero bueno, grabar a distancia también lo hacen los grandes: uno graba sus pistas en Miami y el otro, en Los Ángeles. De todas formas, con la distancia se pierde esa magia y amor fraternal que se crea en el estudio estando todos juntos. Una lástima.

– Se dice que estamos en la era de los singles mientras tu disco es un todo, con un orden y un eje, ¿es algo que se está perdiendo como concepto?

Se está perdiendo, sí, porque la oferta musical es tan grande que lanzar un disco, así, entero y de golpe, como he hecho yo, es quemarlo en cuatro días en las plataformas. Hoy la industria musical está focalizada en las plataformas, en mantener o incrementar cada mes las escuchas y los seguidores. Eso se puede conseguir si cada mes estás haciendo un lanzamiento nuevo: hoy se lanza un single cada mes, luego se recopilan en un disco, y al mes siguiente de la recopilación ya estás publicando una colaboración con alguien o un single propio nuevo. En mi caso, como músico independiente, hago lo que me apetece en cada momento sin seguir tendencias comerciales. Además no tiene sentido sacar un disco autobiográfico por entregas. Tiene sentido escucharlo de arriba abajo, como quien está siguiendo un camino que le lleva a alguna parte.

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