“Congelamiento Global”: vulnerabilidad, crítica y calor humano en tiempos de frío emocional
“Congelamiento Global” habla del frío emocional de nuestra época. ¿En qué momento sentiste que este concepto podría convertirse en el eje de un álbum completo? Fueron surgiendo espontáneamente las canciones sobre ese eje. Se terminó de precipitar cuando me apareció el nombre del disco. Sin darme cuenta todas las canciones tenían referencias a este congelamiento.
El disco combina pop de autor con narrativa rioplatense. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo íntimo y lo social sin perder tu identidad musical? Escribo por necesidad sobre cosas que me afectan. Si no hay algo de confesión en una canción, no sé si me interesa. Ni bien siento que una canción está demasiado abarrotada, la descarto o la llevo para otro lugar. Para abarrotar está la realidad; mi intención siempre es que exista algún tipo de juego o amabilidad. La identidad musical va a caballo de la identidad personal. Si perdés lo tuyo, perdés tu música también.
Has trabajado con Diego Torres como productor ejecutivo y con Yadam González en la producción musical. ¿Qué aportó cada uno a este universo sonoro tan particular? Diego me ayudó mucho con sus consejos sobre la carrera musical y su visión sobre la industria. Siempre lo escucho atentamente porque es alguien que, después de muchos años, surcó la industria sin perder identidad. Yadam aportó toda su capacidad para entender los climas que quería generar. Tiene un talento especial para identificar las frecuencias de las personas y hacerlas coincidir en el espectro musical. Los dos tienen mucha sensibilidad; ese es el aporte más grande.
En tus palabras, este álbum es un llamado a “cuidar nuestras temperaturas internas”. ¿Qué te enfría y qué te calienta hoy en día? Me enfría ver el teléfono, la automatización del dedo pasando. Así se va secando el deseo. Una gran anhedonia en masa y en serie. Lo que ya sabemos. Lo que me hierve es escuchar declaraciones de dirigentes temerarios que nos arrastran a todos a una locura colectiva en su afán de alimentar sus frágiles egos. Estamos todos en guerra por la guerra interna irresuelta de unos pocos.
Canciones como “Tanta inteligencia artificial” o “Amar no está de moda” conectaron con una generación que se siente entre la emoción y la saturación digital. ¿Te sientes portavoz de esa tensión? Es una tensión que me afecta. Especialmente como parte de una generación que nació sin esa saturación digital y le fue sobreviviente —e inconsulta—. Muchos me dicen que sienten sintonía con lo que canto y lo usan como voz propia; eso me da una sensación de comunidad y compañía. Pero yo solo canto mis inquietudes, y a veces coinciden con las de otros de mi época. No mucho más.
Empezaste a producir música a los 9 años. ¿Qué queda de aquella niña que grababa con una placa de audio regalada por tu hermano? Qué linda pregunta. Es el gran desafío: que la ilusión y el juego de niños no se pierda. Empecé a hacer música sin pensar ninguna externalidad, sin racionalización de ningún tipo. Solo porque me parecía una belleza. Tengo que admitir que la inevitable adultez se filtra de a ratos, pero la curiosidad de mi niña sigue bastante intacta. Hoy hay que tener una conciliación amorosa entre los dos estadios. Hay una frase de Hölderlin que siempre tengo cerca: “y que así, el hombre mantenga lo que de niño prometió”. Me llegó por la contratapa de La Resistencia.
El disco tiene una mirada crítica, pero también profundamente humana. ¿Hubo alguna canción que te costara especialmente escribir por su carga emocional? Basta Nena. La escribí y luego me di cuenta de que fueron las primeras palabras que le dije a mi madre un día que estaba muy ansiosa.
En España presentas el álbum en un formato íntimo, casi confesional. ¿Qué esperas de este encuentro con el público español y qué te gustaría que se llevaran de estos conciertos? Espero que se lleven un espacio para sentirse escuchados. Ese es siempre mi deseo. También alguna reivindicación del tiempo del cantautor. Y si me pongo pretenciosa, que se lleven algo de esperanza.
Rolling Stone te señaló como una artista clave de la nueva escena. ¿Sientes presión por esa etiqueta o te impulsa a seguir explorando? Son tan grandes las referencias musicales que tengo —Mercedes Sosa, Jobim, María Elena Walsh— que esas etiquetas grandilocuentes no siento que me quepan. Siempre hay que seguir explorando y, de vez en cuando, volver a las bases para medir tu compromiso. Hay que tener a los grandes de línea de base. Decía Tsvetáyeva que los poetas solo deben escribir para grandes poetas, y creo que los cantores tienen que hacer algo parecido.
Si tuvieras que definir “Congelamiento Global” en una sola imagen, ¿cuál sería y por qué? Cualquier entrevista de los tecnomagnates. Por ejemplo, uno que dice que la introspección es una “manufactura” del siglo pasado y que ningún hombre importante de la historia la tuvo. Hielo seco.