Hay festivales que programan conciertos y hay festivales que construyen historia. Icónica Santalucía Sevilla Fest pertenece a los segundos. En apenas unas semanas, la Plaza de España ha pasado de bailar al ritmo de la bachata al pop, de la salsa al metal industrial, demostrando que la música no entiende de etiquetas cuando la apuesta es por la excelencia. La promotora sevillana Green Cow Music ha convertido este enclave monumental en uno de los escenarios musicales más codiciados de Europa y esta misma semana volverá a demostrarlo con la llegada de Moby y Maroon 5, manteniendo intacto el nivel de un cartel difícil de igualar.
La noche del martes tenía un protagonista indiscutible. Ni siquiera el partido entre España y Portugal consiguió restar ambiente a una cita que congregó a unas 10.000 personas en la Plaza de España. Muchas camisetas negras, estéticas góticas, rostros expectantes y la sensación compartida de que estaba a punto de comenzar algo más que un concierto.
A las 22.38 se apagaron las luces. El escenario quedó envuelto por una espesa cortina de humo hasta que apareció la inconfundible figura de Marilyn Manson. El rostro cubierto por su característica pintura blanca, completamente vestido de negro y con esa imagen que ha marcado el imaginario colectivo de varias generaciones. No necesitó presentaciones. Bastó su aparición para que el público estallara. El calor seguía siendo sofocante, pero el verdadero fuego comenzó cuando sonaron los primeros acordes de Nod If You Understand, enlazada casi sin respiro con Disposable Teens. Desde ese instante quedó claro que la intensidad no iba a bajar durante toda la noche.
A sus 57 años, el oscuro sumo sacerdote del metal industrial demostró que conserva intacta una presencia escénica arrolladora. Caminó de un extremo al otro del escenario con autoridad, desafiante, teatral y magnético, sosteniendo el espectáculo sobre su figura mientras la banda desplegaba un muro de sonido de riffs afilados y una contundencia demoledora. Aunque poco hablador durante el show, es cierto que una y otra vez levantó el micrófono para dirigirse a Sevilla. «Seville!», gritaba constantemente, provocando una respuesta ensordecedora de un público completamente entregado desde el primer minuto hasta el último.
Sevilla había recibido de manera acogedora a Brian Hugh Warner, músico, actor y escritor estadounidense al que muy pocos conocen por su nombre de pila. Para el mundo es, simplemente, Marilyn Manson. El artista sin apenas pausas, enlazaba lo temas más representativos de una carrera que ha influido decisivamente en la historia del metal industrial y del rock alternativo. Sonaban Angel With the Scabbed Wings, The Nobodies, The Dope Show o This Is the New Shit, aumentando el calor de una noche sevillana especialmente cálida, mientras miles de gargantas acompañaban cada estribillo. La Plaza de España se transformó durante más de una hora en un inmenso ritual colectivo, donde convivían seguidores que crecieron con aquellos discos de finales de los noventa junto a jóvenes que descubrían por primera vez en directo a uno de los grandes iconos del género.
Fue también durante este tramo cuando Manson comenzó a cambiar de vestuario en distintas ocasiones, aunque siempre fiel al negro que forma parte inseparable de su identidad artística. No fue un concierto sustentado únicamente en la nostalgia. Se mostró enérgico durante toda la noche, dominando los tiempos del espectáculo con una mezcla de agresividad, teatralidad y oficio. Cada gesto, cada silencio y cada movimiento parecían formar parte de una representación cuidadosamente construida. La conexión con el público fue constante, y las cerca de 10.000 personas respondieron con una intensidad que convirtió la actuación en una auténtica ceremonia colectiva.
La recta final elevó todavía más la temperatura. La inquietante Sweet Dreams (Are Made of This) preparó el terreno para un desenlace explosivo con mOBSCENE y, sobre todo, The Beautiful People, que convirtió la Plaza de España en un clamor absoluto. Tras ese estallido, Marilyn Manson desapareció durante unos instantes del escenario mientras el público reclamaba su regreso entre aplausos y gritos. La espera apenas duró unos minutos. Volvió para interpretar Personal Jesus, la célebre versión del clásico de Depeche Mode que ya ha hecho completamente suya, poniendo el broche de oro a una actuación que concluyó poco antes de la medianoche entre una enorme ovación.
Más de una hora de concierto bastó para recordar por qué Marilyn Manson sigue siendo un referente para varias generaciones. Su voz, su estética, su teatralidad y una presencia escénica fuera de lo común continúan convirtiendo cada actuación en una experiencia que trasciende lo puramente musical.
Pero la noche dejó también otra reflexión. Hace apenas unos años, para disfrutar de artistas internacionales de esta dimensión había que viajar a Madrid, Barcelona o incluso salir de España. Hoy son ellos quienes incluyen Sevilla como una parada imprescindible de sus giras. Que en un mismo verano la ciudad pueda recibir a nombres como Juan Luis Guerra, Sting, Rubén Blades, Marilyn Manson, Moby o Maroon 5 habla de la extraordinaria dimensión que ha alcanzado Icónica Santalucía Sevilla Fest. No es solo un festival; es la demostración de que Sevilla ha conquistado un lugar privilegiado en el circuito internacional de la música en directo. Y pocas ciudades pueden presumir de vivir, bajo las estrellas y frente a uno de los monumentos más bellos del mundo, noches como la que protagonizó Marilyn Manson.