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Leyendas del rock 2014

Poradmin

Nov 8, 2014
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Un año más nos veíamos las caras en la alicantina localidad de Villena, para enfrentarnos a lo que serían un par de días de intenso calor y mucho Metal. Era la novena edición del Festival Leyendas del Rock, uno de los innegables referentes del Rock en España cada verano.

En un marco inmejorable para disfrutar de la música, resultado de emplazar el festival dentro del polideportivo municipal de Villena. El resultado era mucho césped, una larga barra, amplio mercadillo, tenderetes de comidas, baños por muchos sitios y hasta un tercer escenario más pequeño pero cubierto  y donde daba gusto estar, sobre todo en las horas centrales del día. 

En fin, lo que uno imaginaría para estar más o menos cómodos en un festival. Eso sí, el problema era el camping, que contaba con un suelo duro y donde no había ninguna sombra. Al menos estaba pegado al recinto del festival y el parking estaba anexo al propio camping, así que en este aspecto tampoco había pegas.

 

 

 

Pues bien, estas buenas instalaciones (en general) dejaban toda nuestra atención ya para los conciertos del viernes y el sábado. En nuestro caso, empezamos con Hell.

Los británicos se presentaban con una propuesta más sobria que en otras oportunidades, donde utilizan fuego y más parafernalia. Pero lo que no faltó fue la revisión de su música, extraída del par de álbumes editados en los últimos años y las varias demos de mediados de los 80’s. Algo más de una década de carrera, dividida por 25 años de parón. 

Y ahora se presentaban en el Leyendas, con el muy teatral David Bower como frontman. 

Una intro pregrabada sirvió para avisar de lo que se avecinaba, que no era otra cosa que la salida al escenario en tropel de los cuatro músicos. Se arrancaban los 60 minutos de genuino y fulgurante Heavy de la NWOBHM.

 “Gehennae Incendiis” arrancaba con el repertorio, junto a “The Age Of Nefarious”, como en el “Curse And Chapter”. 

Algunos sonidos de teclado que evocaban notas sacras se difuminaban entre las cuerdas de Kev Bower y Andy Sneap. 

Los tres miembros clásicos de la formación se dejaban ver, y seguramente serían los más reconocidos en sus labores, por parte de los fans más clásicos. Hubo un buen ambiente pese a que la hora se antojaba algo temprana por el calor. Tal vez por ello, Hell respondió a esta acogida con un show muy digno. 

Los miembros clásicos de Hell eran el bajista Tony Speakman, el batería Tim Bowler y el propio Kev. Con pintura en las caras para palidecer los semblantes y una indumentaria no menos teatral, la banda se metía en su papel para envolver con un poco de pompa un Heavy tan clásico. 

Lo cierto es que David (hermano de Kev, claro) captaba todas la miradas gracias a las dotes escénicas que ponía en liza (no obstante, David es actor profesional de series de televisión), con sus desplazamientos sobre la tarima y sus movimientos de manos, casi hipnóticos. Esto gracias al micro anclado en su oreja y que le dejaba libertad absoluta. 

Luego resaltaba aún más su personaje gracias a una corona de ramas y una ropa aterciopelada que debía dar bastante calor a esa hora. Así hubo de quitársela a las pocas canciones y quedarse con el torso desnudo para lucir palmito. 

“Let Battle Commence”  y “The Oppressors” daban continuidad a un sonido que se ha rehecho con la segunda juventud de la banda. Ciertamente suena a New Wave, pero con la prudencia de anclar la producción en un presente mucho más sofisticado técnicamente. 

Tim se afanaba en los ritmos de batería para dar buena cadencia a los compases. Esto ayudaba a que las guitarras de Kev y Andy no desfallecieran, lo que se agradecía para mantener a la concurrencia pendiente de los que podía pasar en el escenario. No obstante era David y una voz que más parecía declamar o recitar las letras. Una mezcla de cantante y personaje que hacían un frontman diferente a lo usual. 

Además, echaban manos de pequeñas introducciones con la complicidad del público. Era David el que marcaba los ritmos del show, pero creo que Kev y Andy eran los que realmente controlaban el cotarro desde un segundo plano. 

“End Ov Days” o una sugerente “Blasphemy And The Master” iban alternando los dos Lp’s de Hell (“Human Remains” y “Curse And Chapter”), si bien estos no son sino compilaciones de los cortes que ya grabaran hace años en sendas demos y singles. Una formación que, por lo que fuese, permaneció en el underground del género hasta que, en la más asentada madurez, despuntaron. 

 

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El sonido de estas no escapaba al estilo que la banda profesó en la vorágine de la New Wave… de los 80’s. Así las retomaban aquí, si bien creo que para los asistentes llegará a ser muy reconocible la personalidad del estilo de Hell de aquí en adelante. Particularmente en su oferta para el vivo. 

Pues eso, un calor intenso que se calmaba a base de cerveza y la abstracción que llegaban a conseguir los Hell con su música. 

Hace poco pude ver (de nuevo) a los Maiden y también a otro grupo de aquel entonces como era Satan. Dicho (o escrito) puede sonar un poco anacrónico o causar pereza el ir a los conciertos de estos “viejales”, pero realmente cuando empiezan a sonar los acordes de sus canciones, se puede disfrutar a un sonido que revolucionó al mundo por la frescura y el descaro. Aquella NWOBHM volvía tener su sitio en el Leyendas del Rock con temas como “Darkhangel”, “Land Of The Living Dead” o “The Quest”. 

 

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Luego vendría una con un nombre bien conocido por los fans de Icen Earth, por cierto. “Something Wicked This Way Comes”. Sonando algo más endurecida desde las cuerdas, la voz de David se agudizaba en estrofas para recrear la temática en las letras. Encandiló aún a los más esforzados seguidores que aún saltaban y coreaban los estribillos tan pegadizos. 

El remate era con “Plague And Fire”, para que la formación pudiera hacer un final interesante y llevarse la impresión de haber aprovechado el tiempo. La gente, la de haber echado un buen rato con esta banda de vive un renacimiento en toda regla. Para nosotros era el primer espectáculo del Leyendas del Rock. Un buen comienzo, desde luego que sí. 

Rápidamente pasamos al otro escenario, al Azuzena. Ahí le llegaba el turno a Stryper. 

La banda de Hard Rock cristiano más conocida del planeta se posicionaba para arrancar. 

Esta vez no venían caracterizados con sus cueros negros y amarillos. Aparecían ante el público del Leyendas del Rock con un atuendo más casual, pero con temas como “Sing Along Song” para deleitar a los fans que se hacían visibles frente al escenario. 

Michael Sweet cantaba las primeras estrofas de la docena de temas que caerían en la hora que Stryper tenía a su disposición. Con la guitarra en ristre y acompañado de sus inseparables Oz Fox y Timothy Gaines en guitarra y bajo. Así como el rubio Robert Sweet en la batería. 

Lo cierto es que no soy un seguidor de Stryper. Me temo que su música no me cautiva, aunque he tenido la oportunidad de verles varias veces en directo y he de decir que en concierto disfruto más de su Hard Rock. 

Esa primera “Sing Along Song” me reafirmaba en esa opinión. No me parece un tema demasiado brillante, aunque en directo consiguen darle un énfasis (sobre todo para abrir la actuación) que se agradece. 

 

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Me gustó más “Loud N Clear”. Sobre todo algunos detalles del bajo de Tim y un buen solo de Oz hacia el final. 

“The Rock That Makes Me Roll” terminaba con la terna de presentación de californianos en este Leyendas del Rock 2.014. Por cierto que, si no me equivoco, Stryper hicieron su primera actuación en España precisamente en un Lorca Rock (la organización del Leyendas es la misma que la del Lorca Rock: Sufriendo y Gozando), allá por el 2.005 y tras haber tocado Iron Maiden. 

Esta canción, directamente del “Soldiers Under Command”, sí me pareció todo un trallazo y una auténtica declaración de intenciones sobre su propia música. 

Retomaron el mítico “To Hell With The Devil” con “Calling On You”, que se me antojaba un poco pastelosa. Cierto que Oz se esmeraba con la guitarra para que Michael pusiera mayor atención en las voces (cada uno a lo suyo). 

Y siguieron exprimiendo su disco del ’86 con “Free” y “More Than A Human” en términos de Hard Rock parecidos a “Sing Along Song” y “Calling On You”, claro, pero con plus de energía basado en una batería más ágil que en estas. Y también unas guitarras más dinámicas que tomaban más presencia. 

 

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Estos cuatro cincuentones veían como aún marcan el ritmo de muchos seguidores, algunos bastante más jóvenes que ellos, con una música que han retomado y vuelto a poner en circulación con bastante intención, todo hay que decirlo. 

Se marcaban algunas palabras (bueno, sólo Michael) de agradecimiento hacia el público que los acogía de muy buena gana. Stryper jugaba en casa. Así pasaban los temas, como el “All For One” del “Against The Law”, con un estribillo que destacaba dentro del repertorio. 

Pero bueno, el caso es que, si bien muchos de los asistentes al festival no se hallaban allí para ver precisamente a Stryper, sí es verdad que poca gente se resiste a un clásico de los eternos; aunque sea interpretado a modo de cover por otra banda. 

De esta manera, la banda hizo una cosa que llamaba ciertamente la atención. Dentro de un setlist de una docena de temas, metieron hasta tres versiones. Pienso que eso es demasiado para una formación que tienen canciones de sobra para hacer una, dos o más horas de show. Pero sí tengo que reconocer que, para alguien poco avezado en la discografía de la banda del Condado de Orange, sí que era un subidón oír, por ejemplo, el “Breaking The Law” de los Judas. Además resultó una interpretación interesante porque intentaban asemejarse al original pero, por motivos obvios, quedaba  obligadamente distinta particularmente en la voz. 

Y luego van y enganchan con “Shout It Out Loud” de Kiss. También en una versión muy decorosa de esta gran canción. 

Luego alternaron con “Soldiers Under Command”, del álbum homónimo. La banda, como decía antes, no llevaba su típica indumentaria de cuero con rayas amarillas y negras, pero tampoco iban completamente discretos. Pantalones ceñidos con cruces amarillas, guitarras a rayas y algunos detalles más. 

Y así saltaron a “Ain’t Talkin’ About Love”, el temazo de Van Halen (particularmente es mi preferido de la banda de Eddie). Bien propuesta en lo musical, bien tocada y bien hallada por los oyentes expectantes. De lo mejor de su oferta sonora. 

El final se veía venir. El disco más celebrado de la banda serviría para poner el colofón al show. De nuevo “To Hell With The Devil”, pero esta vez con el tema que da nombre al disco. Oz, Tim y Rob se hacían valer en sus últimos retazos instrumentales mientras Michael cantaba las últimas estrofas. 

No tiraron Biblias entre el público en esta ocasión, se limitaron a hacerlo con púas de guitarra y buenos deseos para todos. 

Y cambiamos rápidamente al escenario Jesús de la Rosa para ver a Annihilator. Tenía la oportunidad de verlos de nuevo (la segunda vez en apenas un mes), pero aún he sido incapaz de asistir a un concierto nocturno de los canadienses dentro de un festival. Creo que aún siguen siendo un tanto ninguneados, aunque siempre dan buena cuenta del enorme Thrash que destilan. Parece que les están vetados los horarios estelares. 

Pero bueno, arrancamos con la crónica en sí. 

Jeff Waters y los suyos se hacían con las riendas del festival por unos minutos, con una abrumadora mayoría del público que copaba el recinto pendientes de ellos. Una banda de Thrash Metal de la vieja escuela, con una trayectoria y una calidad fuera de toda duda. Prácticamente unas leyendas dentro del género. 

Hacía poco que los había visto en el Hellfest y creo que le crónica podría incluso valer para esta ocasión. Con un escenario algo más pequeño y con menos aforo, pero con el mismo resultado en el aspecto musical y en las sensaciones vividas. 

“Smear Campaign” (del más reciente “Feast”) sería el arranque que enfervorizaría a la masa de impacientes metalheads que, expectantes, esperaban la presencia de los canadienses frente a ellos. Jeff Waters y su cresta ya estaban ahí para saturar de guitarras la tarde de Villena. 

 

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Con “King Of The Kill” terminaron de poner las pilas a los pocos que no se habían enterado de que los de Vancouver ya estaban dando tralla. Un riff más que reconocible y un estribillo en otro tanto de lo mismo. 

Tras este, retomaron por un rato la presentación de su último disco con “No Way Out”. Una de las grandes bazas de Annihilator (y creo que muchos coincidirán conmigo) es la dualidad de guitarras y voces que manejan Jeff y Dave Padden. Obviamente Waters se lleva la palma en cuanto a punteos a las seis cuerdas, pero es sensacional ver cómo este dúo resulta una máquina bien engrasada a la hora de transformar los temas de sus discos en algo más, cuando los sacan a relucir en directo. Tal vez “No Way Out” no fuera el corte más deseado del setlist, pero creo que sonó de tal manera que fue un claro ejemplo de esto que decía. 

“Set The World On Fire”, una de las clásicas, volvía a coger el pulso de los fans con los viejos tiempos de la banda. Un trallazo fenomenal. Lo cierto es que Annihilator no hacían muchos alardes visuales, más allá del moshing y algunos paseos acompasados por el ritmo, sino que era la música la que captaba la curiosidad de propios y extraños. Se me antojaba un concierto de los de siempre, de los de tocar hasta reventar y  sin muchas más florituras que lo que supieran hacer a manos de sus instrumentos. 

En este sentido, también hay que mencionar la gran labor en la percusión por parte de Mike Harshaw. Un recién llegado a la banda que intenta quitarse el halo de neófito a base de ritmos más que contundentes para una banda que así los requiere. 

En una de las favoritas (al menos para mí), como es “Alison Hell”, tuvo que demostrar su valía imponiendo los ritmos cambiantes de un tema tan conocido. 

“Alison Hell” siempre es un momento cumbre para mí en los conciertos de Annihilator. En esta ocasión también lo sería. 

“No Zone” del “Set The World On Fire” y “I Am In Command” del “Never Neverland” seguían con un repaso que parecía del agrado de la mayoría de la concurrencia. Creo que estaba resultando una selección de temas bastante interesante. Y, en todo caso, supieron mantener una alta intensidad en todo momento para retener la atención de la gente. 

Aprovecho para comentar también que el trabajo de Oscar Rangel (el otro recién llegado  a la banda) no desmereció el  nombre del grupo. Bien es cierto que sus labores parecen pasar un poco desapercibidas dentro del Thrash que gustan ofrecer los canadienses, pero el caso es que Rangel lo hace muy dignamente. Máxime cuando ni tan siquiera pertenece oficialmente a Annihilator. 

Estaba esperando a ver cómo se daba el último cuarto de hora del concierto. No es que quisiera que se acabara ni mucho menos, pero el final prometía ser de gran voltaje. “Brain Dance”, “Road To Ruin” y “Human Insecticide” fueron el tercio final para Annihilator. Cada corte de uno de los tres primeros discos de la banda. Seguramente los más aclamados y recordados. 

La verdad es que no me estoy explayando demasiado en la crónica porque resultó un show muy homogéneo en toda sus línea, eso sí, colocada a gran nivel. Yo los había visto hacía poco, pero creo que un fan con más ansias que yo también habría disfrutado enormemente este concierto en todo su desarrollo, de principio a fin. 

Annihilator no engañan a nadie. Tocan Thrash del de siempre y juegan la carta de tener a un sensacional guitarrista como lo es Jeff. Eso y buenos temas. Si parece poco, tal vez tengáis que ir a verlos de nuevo en directo. 

Por cierto, que para estos últimos cortes se armó un buen circle-pit. No es que fuera nada del otro mundo, pero no podía faltar algo de esta índole en un espectáculo como este. Y tengo que reafirmarme en la gran idea que es montar el festival en un campo de césped, sin nubes de polvo a la batida de los moshers. 

Y rápido al escenario Azucena para ver a Arch Enemy. 

Sonaban las notas de la “Khaos Overture” a modo de pistoletazo de salida a la formación, para que esta tomara su sitio en el escenario. 

Se notaban ganas de ver a los suecos, encabezados por el pelirrojo Michael Amott y su espectacular guitarra Dean. También había interés por ver a la nueva frontman de la banda: Alissa White-Glutz. 

“Yesterday Is Dead And Gone”, precisamente del último disco donde aún militaba Angela Gossow, era la primera en caer. Un corte que me evoca irremediablemente al Melodic Death de Carcass. Bien para ir calentando. 

“War Eternal” es el disco donde se presenta la srta. White-Glutz como integrante de Arch Enemy. El tema que le da nombre al álbum sonó como reivindicación de los nuevos vientos que soplan en la banda. No solamente por la presencia de Alissa en vez de Angela; también Nick Cordle ha sido el reciente sustituto del hermanísimo Christ Amott en la segunda guitarra. 

Lo cierto es que este corte no me convenció demasiado. Aún no había oído el nuevo disco y el escuchar esta “War Eternal” por primera vez en directo, me dejó indiferente. Esperaba a otra con más solera. 

“Ravenous” sería esta que me ayudara a calibrar el estado actual de Arch Enemy con lo que ha sido en un pasado reciente. No lo podía evitar. He tenido la oportunidad de ver unas cuantas de veces a los suecos con la insigne Angela al frente y siempre lo he pasado en grande en sus conciertos (…). La comparación aparecía instantánea. 

Alissa se intentaba meter en el papel de la vocalista agresiva y desafiante que caracteriza a Arch Enemy. Un semblante adusto y enrabietado a la hora de cantar, para enfatizar los ritmos que aún salían tremendos desde las baquetas de “El Clavador” (como es conocido en Brujería) Daniel Erlandsson. No obstante, esta pose se me hacía un poco artificial. Me temo que Alissa ha de trabajar la puesta en escena un poco más. 

Hay que decir que las ganas de agradar y el esfuerzo de esta chica de figura delicada y pelo azul, son más que notorias. Tal vez sea que aún no se ha terminado de aclimatar, pero por momentos la intuía un poco perdida sobre el escenario; demasiado pendiente de los movimientos de sus compañeros para seguirles a ellos. En fin, supongo que todo eso se irá limando con el tiempo y a base de tablas. 

El caso es que Alissa aprovechó esta “Ravenous” para ir pidiendo un pit que no terminaba de llegar. En todo caso se iba viendo algo de mosh en las primeras filas. Los cuerpos aún pedían algo de tralla para ir recargando pilas. 

Tras esta, “Dead Eyes See No Future” pareció conseguir animar el show, que iba siendo demasiado tranquilo para mi gusto. Parecía despegar, haciendo válidas las bondades de Sharlee al bajo, por ejemplo. 

Sobre el sr. D’Angelo decir que, sin duda, no es el mejor concierto que le he visto, pero vale la pena echarle un vistazo cuando toca en directo y comprobar la gran solvencia que transmite en su puesto, aguantando perfectamente los arreones rítmicos de Daniel en la batería. 

Luego vendría “My Apocalypse”, con un tempo que volvió a enfriar los ánimos de los asistentes. Creo que la gente tenía ganas de montar bulla pero la música no terminaba de darles lo que necesitaban para ello. 

“You Will Know My Name” y “As The Pages Burn” recaían el el nuevo disco “War Eternal”. Curiosamente la segunda tuvo mucha más tensión y más impacto que la primera. Creo que las melodías de guitarra desde las cuerdas de Michael y Nick ya estaban consiguiendo vibrar dentro de las orejas de los fans congregados. Se iban sacudiendo por fin la rigidez con la que habían comenzado el show. Lo que pasaba es que, con el tiempo contado con el que disponían, no había mucho que perder si querían exponer el verdadero potencial con el que cuenta Arch Enemy. 

“We Will Rise”, desde el “Anthems Of Rebellion” prolongaba el setlist. En esta, Michael y Nick se emplearon especialmente en sus guitarras. Lo que pasó es que acabaron por convertir las melodías en eso, en demasiado melódicas para este estilo. Armonías que resultaban atractivas, pero que adolecían de la fuerza que se le espera al Death, por muy melódico o sueco que sea. 

En fin, que íbamos llegando al final. “No Gods, No Masters” parecían enganchar con los ritmos de la previa, aunque con un poco más de fluidez. Creo que precisamente la voz de Alissa fue la que le dio un tanto de dinamismo, sumada a una estupenda batería en los cambios de ritmo. No es de mis temas predilectos de la discografía de la banda de Halmstad, pero la cuadraron bastante bien en esta ocasión para encarrilarla hacia las dos últimas canciones. 

“Nemesis” fue la penúltima. Dura en su concepción, se vio un poco desvitalizada en la voz de la frontwoman actual, si la comparamos con la frontwoman anterior. No obstante, la cadencia cambiante pero siempre fuerte y las guitarra más netamente deathmetaleras, encumbraron este como uno de los mejores cortes de su show para el Leyendas 2.014. 

En este final de fiesta, Alissa echó mano de una bandera con motivos de la banda y la enarboló hasta que acabó sujetándola al mástil del micro. Así acabaron el show, con la bandera ondeante y “Fields Of Desolation”, para recordar que antes también tuvieron a Johan Liiva de vocalista en Arch Enemy. 

 

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La hora de Arch Enemy pasó con una outro sonando por los altavoces del escenario Azucena, mientras la banda se despedía y retiraba del escenario. 

Vendría en esto una de las actuaciones que más concurrencia reuniría en esta jornada. En el escenario Jesús de la Rosa era el turno para WASP. 

Con Blackie siendo recibido en olor de multitudes, Wasp se ponían sobre la tarima para reclamar una vez más su nombre como uno de los más conocidos, relevantes y longevos  en el Heavy Rock norteamericano. Tal vez por esto mismo, parecía que la banda quería empezar a lo (muy) grande. 

Blackie, con sus eternas muñequeras de sierra, pero ataviado por una (enorme) camiseta del “Departamento de Policía de Nueva York” (…), daba pie a sus compañero a ponerse en marcha con el show. 

La mítica “On Your Knees” enganchada con “The Torture Never Stops”, ambas del genial álbum debut de Wasp. De entonces sólo queda el propio Blackie en la formación, pero a buen seguro que Doug Blair y Mike Duda las toman casi como suyas. 

Lo cierto es que la presencia de ambos (Doug y Mike) es enorme cuando se ponen frente a su público; siempre con permiso de Mr. Lawless. 

Sin muchos preámbulos, el otro Mike (Dupke) daba paso en la batería a la estupenda versión del “The Real Me” de The Who, que ya aparecía en el “The Headless Children”. Una auténtica gozada de tema que tocaron muy bien en esta ocasión. 

El arranque a lo grande continuaría con “L.O.V.E. Machine”, también desde su debut. Una de las míticas dentro de su discografía y con la que Wasp terminaba de conectar y enganchar a los miles de oyentes situados frente a su escenario y convertirlos en frenéticos headbangers, agitando las cabezas al son de los ritmos de Mike & Mike y las melodías de Doug y Blackie. 

Un Blackie un poco fondón y desmejorado físicamente desde la última vez que lo vi, hace unos años, todo hay que decirlo. 

Estaba siendo un buen show, había que reconocerlo. Digo esto porque he tenido la oportunidad de ver a Wasp en varias ocasiones y alguno de esos conciertos ha sido realmente bochornoso. Alguno lo recuerdo entre los peores en los que he estado, así que (aunque no quisiera) me he vuelto un tanto crítico con la banda en sus directos. De todos modos, como decía, en esta ocasión parecía estar saliendo todo bastante bien. 

Aun así, decidí marchar al escenario Marky Reale. Allí esperaba uno de los motivos de mi presencia en el Leyendas 2.014. 

Nada menos que Possessed. Una de las más míticas bandas de Death Metal de la historia, aunque sólo fuera por el hecho de haberle dado nombre al propio género. Unos auténticos pioneros que ahora teníamos la ocasión de ver en directo, gracias al Leyendas del Rock 2.014. 

La banda de Jeff Becerra congregaba a un buen número de oyentes en el más pequeño de los tres escenarios. Todos esperaban el arranque de lo que se presagiaba como un show de crudo, primigenio y visceral Death Metal. Así se preveía y así fue, desde la inicial “Pentagram” y sus fulgurantes ritmos y afiladas melodías, hasta el final de la hora con la que contaron y de la que dieron buena cuenta. 

Siguieron con “The Eyes Of Horror”, desde el EP homónimo y, personalmente, una de mis favoritas. Alucino con las guitarras que arrancan el tema. En este caso los dedos que hacían vibrar las cuerdas eran de Daniel González y, pese a que los originales Mike Torrao y Larry LaLonde no militan en Possessed desde hace años, tan sólo oír cortes como este en directo ya es lo bastante flipante. Máxime con un tipo tan “cumplidor” a la guitarra como Daniel. 

Luego vendría “Evil Warriors” y el apabullante final donde las guitarras se desbordan sobre los ritmos sumamente penetrantes de la batería de Emilio Márquez y el bajo de Robert Cardenas. Sencillamente genial. Estaba siendo un repertorio estupendo y se preveía que acabaría siendo magistral. 

La banda, ya digo, era más que digna representante de un sonido y un nombre tan relevante, aunque fueran miembros relativamente recientes de la historia de la misma. El más antiguo era Emilio, baterista desde 2007, pero es que todos ellos quedaban ensombrecidos por la enorme figura que representaba el genuino Jeff Becerra. 

Jeff, sentado en su silla de ruedas, pero con el fenomenal talante que le caracteriza. Un tipo que no deja de moshear y cabecear los frenéticos ritmos de sus compañeros. Un frontman en toda regla, moviéndose sobre el escenario (bastante más pequeño y bajo que los otros dos) con su silla y agitando su melena al unísono de sus propios y entregados fans. 

La voz no se veía para nada mermada por las circunstancias de Jeff. La garganta le trabajaba perfectamente para dar rienda suelta a las estrofas ásperas y rudas que dieron textura a los albores del Death Metal. Sólo puedo decir que era todo un lujo el poder disfrutar de la presencia de un músico tan tremendo como Jeff en persona. 

“Seance” continuaba el setlist, extraído del “Beyond The Gates”. Bueno, la verdad es que, a pesar de que Possessed cuenta con un buen número de producciones, la mayoría de ellas son compilaciones y demos. Realmente la banda sólo cuenta con un par de largas duraciones y un EP. En torno a unos 25 temas, de los cuales la mitad se oyeron en esta ocasión. Seguramente los mejores, pero seguramente también hubieran triunfado con los restantes. 

“The Heretic” nos trasladaba a la mitad del tiempo de la banda californiana, con un sonido de lo más genuino del género. Otra vez con guitarras a gran velocidad y con una batería brutal. 

“Swing Of The Axe” o “The Crimson Spike” mantuvieron esa tensión que estaba haciendo de este uno de los mejores shows de la novena edición del Leyendas del Rock (opinión propia, claro). 

No podía faltar “The Exorcist”, siendo el corte que arrancaba el “Seven Churches”. De nuevo más tralla, más velocidad y más voz gutural por parte de esa figura enfundada de cuero y que radiaba Metal a toda costa. Especialmente alucinante la guitarra de Daniel, para no variar. 

“Satan’s Curse” y “Confessions” iban acercándonos al final. El primero con un fantástico arranque de batería y el segundo enorme en general. 

El final, no por esperado sería menos celebrado. El tema que le dio el nombre a todo un género. Possessed, una banda que parece no resignarse a un destino adverso. Con todas la vicisitudes que les han acontecido: constantes e innumerables cambios en la formación, muerte de alguno de sus antiguos integrantes, años de inactividad o el accidente que dejó a Jeff paralítico; pese a todo, Possessed continúan haciendo Death Metal y ofreciendo buenos conciertos. 

Por todo ello, oír “Death Metal” en directo de la voz de Becerra servía como colofón al buen rato que habíamos pasado. En mi caso era la primera vez que veía a Possessed en directo y, según acabó el show, ya estaba pensando en la posibilidad de verlos de nuevo en cuanto tuviera ocasión. 

Estuve un rato más esperando que comenzase el siguiente concierto en el escenario Marky Reale. En este caso sería el Sherpa quien se dejaría caer por estas tablas para presentar sus temas de Heavy Rock. El caso es que la espera se fue dilatando más de lo previsto y, cuando por fin empezó su show, sólo me quedé para el primer tema. Pues eso, Heavy Rock español, en la onda de lo que sería su historia con los hnos. De Castro en Barón Rojo. 

Ciertamente congregó a un buen puñado de gente, que lo esperaba desde hacía un rato. Yo, como decía, me retiré al poco de empezar y volví al escenario Azucena para ver terminar a Michael Schenker’s Temple Of Rock. 

Me dio tiempo a oír “Shoot Shoot” o “Lights Out”. Ambos temas de UFO, de mediados de los 70’s. Los años de Schenker en la banda, claro. Nunca he visto a los británicos en directo, pero sí puedo decir que las versiones de la banda del bueno de Michael eran deliciosas. 

La verdad es que el elenco de músicos que ha reunido para este Temple Of Rock es de un nivel enorme. Un talento enorme sobre las tablas, para deleitarse. 

Uno de esos valores, como no, era el vocalista Doogie White. Todo un trotamundos del Rock, que ha recalado en formaciones tan relevantes como Rainbow, Praying Mantis o la banda de Yngwie Malmsteen. Con una enorme voz que pudo dar el contrapunto lírico a la soberbia guitarra del “jefe” Michael. 

Luego una batería tan bien llevada como la de Herman Rarebell, a quien Schenker conocía bien por ser un antiguo Scorpion. Igual que el bajista, otro ex Scorpion y también ex Uli John Roth. Acompañando a Herman en la creación de ritmos estaba Francis Buchholz. 

Siguieron tributando a UFO con “Too Hot To Handle”. Un poco más apaciguada de ímpetu. La gente parecía pasarlo bastante bien, con una multitud reunida para ver a quienes parecían las estrellas de la jornada. 

En todo caso, las guitarras eran las que partían el bacalao en el show. O mejor dicho, la de Schenker. Wayne Findlay alternaba entre la suya (de 7 cuerdas) y el teclado. No obstante siempre quedaba en un discreto segundo plano en relación a quien era la estrella de la banda. 

Así llegaría uno de los cortes estrellas que suelen tributar: el “Rock You Like A Hurricane” de los escorpiones alemanes. De hecho, creo que el tema fue presentado por Herman. 

Michael se lució todo lo que pudo y Doogie aprovechaba para hacer que el público cantara el archiconocido estribillo junto a él. Precisamente los temas se alargaban en sus solos para explotar los punteos de las preciosas guitarras Dean, de diseño signature series. 

Las últimas serían el “Rock Bottom” de UFO, de nuevo, y luego “Blackout” de Scorpions. Esta última con un punteo eterno, para mayor gloria del pequeño de los Schenker, y con un ritmo donde participaba el resto de instrumentos de la banda. Un ritmo reiterado y machacado todo lo necesario y hasta la saciedad. Un tema genial, como no, pero que se dilató demasiado artificialmente. 

Un final sobrecargado, pero lo que pude ver mereció la pena. 

Y luego le llegaba el turno a los polacos con más repercusión en la escena actual. Los deathmetaleros que han llegado a superar en popularidad a sus paisanos Vader no eran otros que Behemoth. 

Nergal y los suyos tomaban prontas posiciones. Él en el centro de la formación, delante del percusionista Inferno. A su derecha, Orion con el bajo. A su izquierda, Seth con otra guitarra. Todos ataviados con una indumentaria de cuero muy currada e intimidante (Nergal incluso son capucha), con las caras a lo corpse-paint y escoltados en el escenario por parafernalia con simbología de la banda. Todo bastante ambientado para dar rienda suelta a la impía música de los polacos. Empezaron con “Blow Your Trumpets Gabriel”, sacado del último disco de la banda “The Satanist”. Cierto es que el arranque del tema sirve muy bien como inicio, con una semi-intro que parece ir cubriendo el escenario y el espacio del festival con un halo de oscuridad sónica que el grupo gusta de practicar, sobre todo en los últimos años. No se privaron de los samplers tampoco, con algunas voces líricas y órganos ampulosos. 

Se mantuvieron en su último disco para proseguir con su música, escogiendo “Ora Pro Nobis Lucifer”. Esta sí que se desarrollaba en tesituras compositivas más estandarizadas; vamos, que era un tema mucho más tradicional. Death Metal acelerado a base de ritmos con reminiscencias Black de épocas anteriores. Sonidos grandilocuentes desde las guitarras de Seth y el propio Nergal, sobre los compases de la brutal batería de Inferno. Unas buenas melodías en esta “Ora Pro Nobis Lucifer” terminaron por cuadrar al grupo en el espacio de su escenario. El oficio de Behemoth haría de este un buen recital. 

De sus esperados clásicos, el primero sería “Conquer All”, arrancando con la batería en blast-beat y la voz tremendamente gutural de Nergal. Algunos cambios de ritmo pondrían a prueba los cuellos de los headbangers. 

Aunque personalmente prefería la siguiente, uno de mis temas predilectos. Desde el “Zos Kia Cultus”, “As Above So Below”. Con una fuerza tremenda y un excelso trabajo en todas las líneas, este temazo martilleaba en nuestros oídos con la enorme sonoridad de sus marcadas cadencias y melodías de asimilación rápida. 

Behemoth ha sido acusado (o al menos evidenciado) de haber copiado el sonido de Morbid Angel, cambiando su estilo inicial para adecuarlo a cómo suena la banda de Trey Azagthoth. Bueno, no seré yo quien diga otra cosa, pero sí hay que reconocer que, en caso de copiar a alguien, siempre es más razonable copiar a los mejores. Y en este caso, en el Death Metal, pocos (o ninguno) hay mejores que Morbid Angel. 

Fuera lo que fuere, ahí venía uno de los cortes estrella de la banda de Gdansk desde que lo publicaran en el “Thelema 6”. Una canción siempre coreada y bien recibida. De hecho, Nergal animaba a todos a solicitarla: “Christians To The Lions”. 

Unas guitarras de velocidad fulgurante en manos de Seth y Nergal destacaban sobremanera en otro de los fulgores de calidad dentro del setlist. 

Decía que Behemoth echaba mano de una parafernalia muy currada para ambientar el show. Una gran bandera con un símbolo ocultista y algunos detalles con logos de la banda entonaban el ambiente. No obstante, pude verlos algunas semanas antes en otro festival (de mayor repercusión) y acarreaban aún más material: atriles, antorchas, más símbolos… Supongo que pensaron que para el Leyendas del Rock ya era suficiente con lo que llevaron. 

Pero bueno, a lo que música se refiere, creo que hicieron un concierto en términos muy similares. 

Así llegaba “The Satanist”, con una parte final muy musical y que sonó muy bien. Eso para dar paso a “Ov Fire And The Void”, retomando un poco el espectro blacker de su música. Una tensión mantenida con una batería muy endurecida y la profundidad del bajo de Orion, y que se terminaba de sostener con la reiteración en las guitarras del riff principal. Sólo en los breves solos se desbordaba un poco el tema. 

Sonó bien este “Ov Fire And The Void”, pero me sonaba a corte de transición. Y casi podría decir lo propio de “Alas, Lord Is Upon Me”, aunque el final me sonó bastante más convincente. 

No faltaría en el show el momento en el que Nergal, Orion y Seth se retiran para volver con máscaras y esputando sangre. Momentos un tanto desagradable tal vez, pero de gran impacto visual para enfatizar el final de su tiempo. 

Un final compuesto por la terna de “At The Left Hand Ov God”, “Chant For Eschaton 2000” y el colofón de esta gira: “O Father O Satan O Sun!”. 

El primero, del “The Apostasy”, con una intro de guitarras apacibles que luego desembocaría en el sonido apoyado de coros y los ritmos cuasi marciales y cambiantes que caracterizan a Behemoth en buena parte de su carrera. El punteo, eso sí, quedó breve pero bueno. 

El segundo, el clásico del “Satanica”, más directo para el público que colmaba las inmediaciones del escenario de los polacos. 

Y el final, pues el último del “The Satanist”, en cierto modo similar al primer corte del repertorio. Como una semi-outro para despedirse de su público, eso sí, con mucha fuerza y unas buenas dosis de guitarreo por parte de Nergal y sus secuaces. 

Eso fue todo por esta noche de parte de esta formación. También sería el último concierto de la noche para mí. Debía retirarme, aunque aproveché el arranque de Panzer para alternar un poco y dar un repaso a los tenderetes del merchandising. 

Algo oí, por tanto, de la banda de Carlos Pina; unos auténticos referentes dentro del clásico Heavy Metal español. Sus tres primeros cortes me sirvieron como fondo para irme retirando a descansar y a la espera de otro intenso día de conciertos, unas pocas horas después. 

Así dejé a Juan, Cachorro, Fernando, Rafa y el propio Carlos a lo suyo en lo que sería, a buen seguro, un gran espectáculo de Rock. 

Y al día siguiente, ya sábado, tocaba arrancar con Eluveitie. 

Los suizos, abanderados del actual Folk Metal, llenaron el escenario Jesús de la Rosa. Y no sólo por el número de integrantes de la formación, sino porque echaron mano del buen rollo y de  una forma de comportarse sobre el stage, creando una atmósfera magnífica ya desde la inicial “Origins”. 

Las notas Folk son, sin duda, lo que más destaca del sonido de la banda de Zúrich. Las melodías de Violín o Hurdy Gurdy (ambos manejados por las dos damas del grupo, Nicole y Anna) se hacían muy patentes e, incluso, visualmente eran los instrumentos que más llamaban la atención. Seguramente por su presencia poco habitual en este tipo de shows. 

Incluso la presencia del vocalista estuvo un tanto ensombrecida y su figura camuflada entre las de sus colegas. Bueno, por eso y por algunos problemas de sonido que prácticamente le dejaron sin que se le oyera durante “The Nameless” y “Nil”.

Pero bueno, también es verdad que estábamos en un concierto de Metal, y Eluveitie son un grupo que utilizan mucho Folk pero mezclado con un Heavy de texturas Death. No son los únicos, ni tan siquiera los primeros que fusionan en estos géneros, pero sí que logran hacer un trabajo que llega y convence a un amplio público. En este directo contaron con un buen aforo de oyentes. 

La sección eléctrica o tradicional de la formación la componían la batería de Merlín, el bajo de Kay y las guitarras de Rafael e Ivo. Estos supieron imponer la esencia metalera para cortes como “Thousandfold” o “Luxtos”. Algo que se agradecía porque en otro caso hubiera quedado fuera de lugar. 

Por cierto, que aún me queda por mencionar a un último componente. Era Päde, encargado de la gaita y los silbatos. 

Repasado el elenco puede costar ubicar ciertos instrumentos dentro de una base que, como decía, era próxima a sonidos extremos. En el momento no se hicieron extraños; cada participante de la música tenía su momento y su parcela de protagonismo. No sonaba una banda subordinada a un referente virtuoso, sino que funcionaba más en modo coral. Así, “The Call Of The Mountains”, “Neverland” o “Inis Mona” servía para recorrer con mucho feeling y buen feedback con el público, el repertorio basado en una discografía de media docena de Lp’s editados en una década de funcionamiento. 

En mi caso particular, era el primer vistazo que les echaba en directo. La hora no acompañaba mucho porque aún se hacía temprano para empezar a desgastarse bajo el sol de Alicante, pero sí que pudimos pasar un buen rato con la propuesta de fusión de los helvéticos. 

Pese a ser una música con bastantes matices y con arreglos que otorgan detalles muy concretos a los temas, el tránsito del setlist fue muy recto. No hubo altibajos o destellos acentuados. Incluso cuando la propia Anna se aventuró a cantar en solitario (creo que en “Luxtos”), relegando a Chrigel a un ostracismo momentáneo, todo parecía pertenecer a un tránsito lógico dentro del devenir del concierto. 

En fin, “Kingdom Come Undone”, “The Siege”, “King”… todo fue lo bastante animado como para que la hora de Eluveitie en el Leyendas 2.014 se pasase amena y entretenida. 

Un sonido y un género no apto para todo el mundo por su peculiaridad, pero accesible pese a todo y con un buen resultado. Al menos en este directo. Una animación que se fue marchando con “Havoc”. 

Los últimos riffs de guitarra y los ritmos duros de batería y bajo dejaron la conciencia de una música divertida y entretenida, pero que ante todo seguía siendo muy Metal. 

Pasamos al escenario Azuzena para ver a H.E.A.T. 

No me paré demasiado en el show de los suecos. El Hard Rock de estos chicos de Upplands Vasby no me terminaba de colmar, así que aproveché para tomar algo y cambiar impresiones con otros compañeros. De todos modos, sí que pude ver que se curraron un concierto muy clásicamente hardrockero, con poses y contoneos propios del estilo incluidos. 

El arranque sería con “Point Of No Return”, con un inicio un poco lento hasta que a Eric Rivers le dio por meter caña a la guitarra y a Erik Gronwall por dar rienda suelta a una buena voz. 

“A Shot At Redemption” y “Bettrer Off Alone”  continuaban con el repaso a “Tearing Down The Walls”. 

Me parecía que la gracia del show se basaba en las melodías, tanto vocales como instrumentales, de los dos Eriks. Luego estaban los ritmos sencillos e inmediatos de la batería de Crash y el bajo de Jimmy Jay. La banda también contaba con los teclados de Jona Tee, aunque sus labores no resultaban tan relevantes como las de los compañeros. 

Así pasaron “It’s All About Tonight”, la propia “Tearing Down The Walls”, “Mannequin Show”… Todas con unas letras amenas, que la misma banda parecía disfrutar sobre el escenario. El público parecía entretenido, aunque no demasiado dinámico. 

“Late Night Lady”, la festiva “Beg Beg Beg”, “Downtown”… Así se pasaba la tarde y el tiempo que Erik Gronwall y sus secuaces intentaron exprimir para congraciarse con la concurrencia. 

Había que admitir que el frontman se metió bastante en su papel, recorriéndose la tarima una y otra vez durante el show. Rivers y Jay también se movieron a ratos. Todos en tonos muy rockeros. 

El final pasaría por “Emergency”, “Breaking The Silence” y, finalmente, “Living On The Run”. Un show en una línea muy definida y con el que se pudo echar un rato agradable. 

Me gustó bastante más la propuesta de la siguiente banda. Los alemanes Heaven Shall Burn y su Death melódico con algo de Metalcore. 

Desde “Counterweight” o “Land Of The Upright Ones” se preveía un show con mucha garra. El estilo, la verdad, se prestaba a ello. Especialmente dinámico estuvo Marcus, que supo captar la atención de buena parte de los reunidos frente a sus Heaven Shall Burn. 

La voz agresiva e intimidante, apuntalada sobre la trepidante batería a gran velocidad; las guitarras duras y distorsionada… Un sonido muy actual que seguro que tendría bastantes receptores en las franjas más jóvenes de festivaleros. 

Otras fueron “Combat”, “Godiva” o “Voice Of The Voiceless”, haciendo alardes en las letras a favor  de causas positivas. Una parte lírica que coincidía con el aspecto fresco y descarado de la propia formación. Unos atuendos muy “casuals” parecían distanciarse un poco de la música tan dura que ellos mismos estaban creando. 

“Hunters Will Be Hunted” devolvía el setlist al presente de la banda, con el disco “Veto”. Disco que, por cierto, estaba presidiendo el concierto con el artwork del mismo representado en un enorme telón de fondo. 

Si bien habría quien esperara cortes más clásicos de  entre los siete álbumes de estudio editados por los germanos, este “Hunter Will Be Hunted” demostraba que el estilo y la creatividad aún siguen acompañando a Heaven Shall Burn. 

Había que destacar, aparte de los endurecidos compases que creaba Christian en la batería, las buenas guitarras a la hora de los cambios de ritmo sobre todo.  Maik y Alexander se encargaban de las seis cuerdas, si bien había cortes donde podían demostrar un poco más de potencial. 

Los temas más próximos al Core que al Death sacrificaba un tanto la guitarra a cambio de más frenesí y energía. Los más bailongos de las primeras filas aprovecharon el derroche de fuerza para entonarse en buena parte del show. 

“The Martyrs’ Blood” o “Behind A Wall Of Silence” transmitieron buen rollo y, como muchas de las escogidas, profundizaban el sonido con tramos más lentos y de mayor densidad. El bajo de Eric echaba una mano en esto, claro. 

Se atrevieron con una cover de unos colegas suyos. Concretamente de Edge Of Sanity y se trataba de “Black Tears”. Bueno, no es que fuera una sorpresa precisamente, pues estaba editado en su directo e incluso cuenta con un videoclip. 

Sigo comentando la enorme labor de frontman por parte de Marcus Bischoff, que conseguía ser el centro de atención, enfundado en una ligera camisa roja. También sorprendía un tanto la facilidad con la que se manejaba en tonos tan ásperos de voz. 

Creo recordar que para “Endzeit” empezó arrodillado sobre el escenario y pidiendo al público que hiciese lo propio. Consiguió su objetivo y llamaba la atención ver a tanta gente agachada y con las manos alzadas haciendo los cuernos. 

Por cierto, que desde la mitad del concierto ya había montado un circle pit que no dejó de funcionar hasta el final. Además, de buenas dimensiones. 

“Trespassing The Shores Of Your World” sería casi el final de un espectáculo en tonos cercanos a los de Arch Enemy del día anterior, por ejemplo. Sin embargo, creo que Heaven Shall Burn superaron a los suecos en energía desplegada. 

El bis que se marcaron fue el “The Weapon They Fear”. Un tema con una fuerte carga política en su letra, por lo que se ve. Pero bueno, en lo que a música se refiere, funcionó como un ejemplar resumen de lo que se pudo vivir durante los minutos anteriores. Eso sí, esta sería de las más genuinamente melodic-deathmetaleras. 

Rápidamente pasamos a otros suecos. Ahora era el turno de Hammerfall. Lo cierto es que nunca han sido santo de mi devoción, ni tan siquiera en su época gloriosa donde eran asiduos en los medios y tenían merchandising por todos lados. 

Ahora se presentaban con menos poderío mediático y, para mi gusto, más encorsetados en un sonido que no ha sabido evolucionar. 

Les oí menos de la mitad del show. No me convencieron como para quedarme a verles todo el tiempo. 

“Blood Bound” y “The Dragon Lies Bleeding” serían las primeras que Joacim Cans y los suyos tratarían de poner en valor para reivindicar su nombre como estrellas del Power Metal. 

Recuerdo cuando Oscar era considerado uno de los grandes guitarristas de este estilo. Personalmente nunca lo he ubicado en el grupo de los mejores, ni mucho menos, pero es que ahora no me transmitía casi nada a la hora de oír riffs o solos en este directo. Hablo de Oscar como podría hacerlo de Pontus en este mismo orden. 

Los ritmos del novato David Wallin en la percusión y su réplica en el bajo de Fredrik, no sonaron mal. Pero vamos, que tampoco requerían de unas capacidades asombrosas. 

Estuve para “Last Man Standing” y hasta la clásica “Steel Meets Steel”. Esta última sí que estuvo mejor. Buen ritmo y un estribillo molón. El punteo no fue malo, pero tampoco nada excepcional. 

En fin, me temo que por mucho que Joacin y compañía intentaran congraciarse con el público, fueron sólo a los acólitos de Hammerfall a quienes se ganaron. 

Yo me acerqué entonces al escenario Marky Reale para ver terminar a Battle Beast. 

Me sorprendió muy gratamente la buena cantidad de gente que había disfrutando del Heavy Metal clásico de los finlandeses. 

Llegue con “Black Ninja”, que se enganchó con “Iron Hand” y “Kingdom”. Una banda bastante joven y que se están buscando un sitio en el mundillo, con una propuesta muy purista y tradicional de sentir y vivir su música. 

Apenas tienen un par de álbumes, pero se ve que han encontrado su público. Ciertamente que la espectacularidad estética de la rubia cantante Noora ayuda a recordar a la banda en su conjunto. 

Además fueron unos tipos entrañables sobre y bajo el escenario. Atendieron y se hicieron fotos con todos aquellos que se quisieron acercar a alternar con ellos; incluida la propia Noora, que era la más solicitada. 

Era inevitable recordar a otras grandes damas de la lírica Heavy. Sin ir más lejos, Doro, por ejemplo. No sólo por la frontwoman en sí, sino que el estilo de estos escandinavos bregaba en una ortodoxia Heavy Metal muy notable. 

“Enter The Metal World” y “Out Of Control” serían las canciones con las que terminaban de explayarse las guitarras de Juuso y Anton. Los compases marcados por las baquetas de Pyry y refrendados por Eero daban de sí lo que les restaba. Unos ritmos genuinamente Heavy, a pesar de ser facturados desde la fría (y muchas veces musicalmente extrema) Finlandia. 

Incluso los teclados de Janne tendrían cierto protagonismo, pero Noora se comía todo aquello con su simple porte sobre el escenario. 

Para rematar echaron mano del tema de la película Top Gun. Habría a quien le gustara mezclar la música de los contemporáneos Battle Beast con el pretérito de este film… ¿de culto?, pero creo tuvieron otras opciones mucho más agradecidas por y para su público en este Leyendas del Rock. 

El caso es que personalmente estaba más pendiente de los que aparecerían inmediatamente después en el mismo lugar. Esparaba a los griegos Rotting Christ, para cotejar su evoloción musical con la repercusión que aún tienen en el movimiento extremo musical europeo. Digo lo de extremo, sin concretarlo en el Black, porque no creo que esta etiqueta se corresponda con lo que actualmente ofrecen en sus directos. 

Hacía cuestión de un mes que los había visto, después de varios años, y no colmaron mis espectativas. Lo cierto es que en la ocasión previa me resultaron densos. Tal vez es que les perdí la pista hacía teimpo y no me había acomodado aún a su estilo más reciente, pero creo que, pese a todo, Rotting Christ podrían sonar más intensos en un vivo. 

Pero bueno, el caso es que arrastran a un buen número de seguidores que esparaban ver las hazañas de Sakis y los suyos sobre el entarimado. 

“666” y “P'unchaw kachun – Tuta kachun” presentaban la más reciente obra de los atenienses. Un sonido grave, aunque envolvente por el ambiente de oscuridad que provocaba. Un sonido en el que parecen encontrarse más cómodos, aunque parece un poco más difícil de clasificar. 

El otro hermano Tolis marcaba los tiempos a base de bombo y baqueta, con una cadencia que no era demasiado rápida (al menos comparada con el blast-beat de los genuinos blackers). Themis era la base para dar la profundidad a cortes como “Dub-sag-ta-ke”, “Athanati Este” o “Kata Ton Demona Eautou”. Todas ellas de álbumes de la última década. Así, si los hermanos Tolis se encuentran desenvueltos en estas tesituras, más aún lo parecían estar los recién llegados a la banda. Vagelis, que gravaba esa densidad que mencionaba a base de la dureza de su bajo. Luego George compartía las melodías de cuerdas con Sakis de manera bastante correcta. 

Serían mejor recibidas “The Sign Of Evil Existence” o “Transform All Suffering Into Plagues”. Esencialmente por la época y el significado dentro de la discografía de Rotting Christ, proviniendo estas desde el “Thy Mighty Contract” de 1,994. Y más por el significado porque creo que consiguieron adaptar el sonido de estos cortes a un estilo más contemporáneo para la banda; eso sí, manteniendo el espíritu de aquellos tiempos. 

La formación se colocaba de manera muy regia en sus puestos sobre el escenario. Con poca movilidad y semblante hosco y desafiante, mantuvieron  esa postura entre parafernalia y banderas con iconografía de la banda. 

El final del show mantuvo la misma línea con la que se había arrancado este. “Grandis Spiritus Diavolos” sonaba retomando “Do What Thou Wilt”, y presagiaba que las postrimerías andarían entre los trabajos más recientes. 

“Societas Satanas”, la esperada versión que Rotting Christ suele hacer de sus paisanos Thou Art Lord, despabilaba las cabezas de los reunidos. Interesante que una cover se celebrara especialmente sobre otros clásicos de la propia banda. 

“Noctis Era” recalaba en “Aealo” y “In Yumen-Xibalba” hacía lo propio en lo último de Sakis. Así que podría decirse que resultó un espectáculo interesante y entretenido y poco más, particularmente si hacía tiempo que no se disfrutaba de las guitarras de Rotting Christ en directo, pero no quedaría en el recuerdo de los presentes como un concierto excepcional ni nada de eso. 

Aproveché para reponer fuerzas en la barra y así me fui yendo al escenario De la Rosa para ver a los celebrados Volbeat. 

Una banda que se ha hecho muy popular e incluso ha encabezado carteles de festivales importantes. Un grupo que se ha hecho un nombre y una buena legión de fans, donde abundan jóvenes afincionados de la nueva hornada de hardrockeros. Y, si bien pueden ser acusados de ser una formación para quinceañeros, también se agradece que hayan sabido captar la atención de los jóvenes que serán el futuro de esta música. 

En fin, que los daneses estaban ya tocando cuando me acerqué y, pese a ciertos prejuicios que se pudieran tener por lo de banda para adolescentes, me gustó lo que tocaron. 

Ya estaban tocando desde hacía unos minutos cuando llegué a la altura donde se podía ver y oír bien. Sonaban los últimos compases de “Lola Montez”. 

Y justo a continuación se arrancaron con “Sad Man's Tongue”, de “Rock The Rebel / Metal The Devil”. Un corte de espíritu realmente western que se viene a endurecer en cuanto Michael y Rob aceleran las guitarras. Aún así, las voces de Michael dejaron algunos tonos que sonaron a tributo al mismísimo Johnny Cash. 

Luego metieron un medley donde “Heavan Nor Hell”, “A Warrior's Call” y “I Only Wanna Be With You” mezclaron sus ritmos y acordes para hacer de aquellos minutos un atractivo momento que disfrutaron los oyentes más jóvenes, creo. Más que nada porque resultaron melodías más accesibles y sencillas; más simples, si gustamos. 

Siguieron con “16 Dollars”, del “Beyond Hell / Above Heaven”. Y ya pude cerciorarme de una de las bazas que juegan Volbeat para enganchar en sus directos. Esta no es otra que la propia diversión de la foramción a la hora de tocar. Desde Michael Poulsen a Jon Larsen, pasando por Anders Kjolholm y, por supuesto, Rob Caggiano. Había un ambiente fenomenal sobre el escenario, tanto era así que se transmitía al resto del recinto. Creo que ese, incluso por encima del musical, era el gran valor del concierto de los daneses: obligado disfrutar. 

Personalmente agradecí ciertos tránsitos desde cortes más básicos a otros con más matices vocales y, sobre todo, trabajo de guitarras. “Dead But Rising” engrandecía la fuerza de la música respecto a las previas. Esto me parecía pese a que creo que la creatividad de esta banda ha seguido una evolución un tanto negativa. Su primer trabajo “The Strength, The Sound, The Songs” me pareció un discazo, y de ahí irían mermando en frescura y espontaneidad. No estoy defenestrando el resto de su discografía, donde hay bastante de bueno, sino que creo que “como lo primero, nada”. 

Aún así, para los conciertos, siempre vienen muy bien aquellos que guardan un extra de caña, para animar el cotarro. Máxime cuando se cuenta con el insigne ex – Anthrax Rob Caggiano en las filas de la formación. Me parece que Rob se ha currado suficiente Thrash en Anthrax como para tener la solvencia más que de sobra para el Heavy & Metal Rock de Volbeat. 

“Fallen” o “The Nameless One” también estuvieron en el setlist de esta noche. Y aprovecho que sonó esta última con los gruesos ritmos de la batería de Jon, para decir que otro de los atractivos que tiene para mí Volbeat es el amplio uso de Groove en sus composiciones. Desde la misma cadencia hasta la propia voz de Michael. 

Luego vendrían “Radio Girl” y “Pearl Hart”. La primera muy molona para los oídos más juveniles, y la segunda también dinámica, aunque más endurecida desde la base rítmica de Jon y Anders. 

El final antes de los bises sería para “Maybellen I Hofteholder” y “Still Counting”. Ambas de  “Guitar Gangsters & Cadillac Blood”. 

Volbeat tiene la particularidad de enfocar cada uno de sus discos en un concepto que, sin llegar a ser totalmente temático, sí que da una linea de continuidad al tránsito de canciones. En directo no se podía dar esto, aunque conseguían que fuese lo necesariamente conexo para hacer un show muy entretenido de principio a fin. Además, los guiños  de Michael para con sus fieles también sirvieron para que los fans de Volbeat vieran reconocida su devoción por parte de los Copenhangen. 

El encore llegaría sin mucha dilación y tomaba la noche de Villena la que, para mí, es su tema con más gancho. No digo el mejor, digo el más cañero. “Pool Of Booze, Booze, Booza” sería ese corte que mantendría los ánimos por todo lo alto para el cuarto de hora final que se aproximaba. 

“The Hangman's Body Count” sonó bastante bien, aunque las guitarras de Rob parecieron un poco lentas en según qué momentos. 

“Guitar Gangsters & Cadillac Blood”, del disco homónimo se encargaría de perfilar el final de fiesta. Buena melodía y gran interpretación, muy bien correspondida por un publico que aún aguantaba el cansancio. 

“The Mirror and The Ripper” sería ese digno colofón a una buen espectáculo, con un enorme feedback banda – público. 

Los chicos se fueron, despidiéndose con gran afecto de los seguidores que habían conseguido reunir frente a ellos, durante hora y media. 

Luego sería el turno para Warcry en el escenario Azucena, pero me temo que, por motivo de horarios para salir al día siguiente, no pude quedarme a ver a estas auténticas leyendas nacionales. 

En otra vez sería, pero sí que pude oír, mientras me retiraba para dormir, “La maldición del templario”, “Quiero oírte” o “Venganza”. Tan épicos, melódicos y metaleros como de costumbre. 

Supongo que volvieron a ser grandes. 

En fin, otro magnífico Leyendas del Rock, con mucho bueno que ofrecer y más internacional que nunca. La novena fue una gran edición, pero prometen superarla con la X. Allí estaremos para comprobarlo. 

Nos vemos en la próxima. 

Salud!

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