Los Delinqüentes celebraron 25 años de historia en una noche de homenaje, recuerdos y libertad con Migue Benítez siempre presente.

Sevilla aún no se cree que va a ser casa de artistas que siempre vió en capitales, y a veces ni siquiera en nuestro país. Icónica Santa Lucía Fest vuelve este año rompiendo todos los pronósticos.
Mientras entraba en este recinto de incalculable belleza apenas me fijé en la oferta gastronómica y de ocio previa a los conciertos. Tampoco imaginaba que la noche sería inolvidable. Los grupos que iban a subir al escenario no tenían nada que envidiar a artistas como Jamiroquai o Sting, que pronto pisarán esas mismas tablas.
Miguelito García aparece bajo el sol de la plaza de España, con sus imponentes rizos y un maquillaje espectacular. Parece que viene de otro tiempo, como del rock andaluz: hijo de un flamenco y de un festivalero queer podría decirse.
Un set demoledor. La batería, que combinaba crudeza y psicodelia, retumbaba por toda la plaza. Por momentos, el set de DJ hacía pensar que estábamos en una sesión techno en toda regla. El bajo resultó clave en una propuesta donde la atmósfera lo es todo, reforzando la sensación hipnótica que buscaba la banda.
En la segunda canción, la detonadora CAP IV: LA BOMBA, la plaza y los centenares de fieles de Cervatana comenzaban a botar bien pronto.
En la tercera canción las texturas que consiguieron crear, así como la fusión de bailes contemporáneos y convulsivos que notablemente nos regaló Elena, nos llevó a ser parte de una escena de Sirāt a la andaluza.
Miguelito en la recta final agarra el bajo, dando un ambiente más orgánico al repertorio, pasándose al rock como un camaleón. Dejando por un momento los largos quejíos a los que nos tiene acostumbrados.
Son, sin duda, una de las apuestas más sólidas del panorama sevillano. Sin despeinarse ni un rizo, comienzan a extender su propuesta mucho más allá de Andalucía.

Camiseta negra con detalles de lunares rojos y negros aparece Tomasito y arranca “De Jerez a Plutón” y el público entregado con un mar de brazos en alto ondeando de un lado a otro, con un set clásico de guitarra eléctrica, batería, bajo y guitarra flamenca. Tomasito sigue siendo fiel a las viejas costumbres cuando, sin embargo, siempre ha sido el más innovador en cuanto a show se refiere.
Continúa con “Soy un limón” donde el taconeo es es el instrumento que se añade a unos arreglos de esta rumba rockera que hace levantar a la plaza ya en la segunda canción,
improvisó un taconeo creando un build up, que explotó la plaza deseosa de saltar en este domingo de primavera.
La energía siguió siendo tangible con “La cacerola” ya bien conocida por los seguidores de la banda teloneada.
Comienza el rock en los matices más claros con la inconfundible “Oh mare” colgándose del cable el micrófono hasta los pies como un péndulo para sonorizar su taconeo.
Una de mis favoritas “Camino del hoyo” transportaba unos años atrás donde era banda sonora de cualquier flamenca rockera de la época, como en mi caso. Terminándola se descamisó para darle paso a los Delinquentes con la última canción que fue “El vino y el pescado” rematando el repertorio de bailes convulsivos característicos y poses divertidas.
Todos nos quedamos con ganas de más, pero se notaba que la banda, que sonó impecable y natural como una reunión de amigos músicos, así como Tomasito, que terminó en igual de plena forma que en la que comenzó.

A las 21.52h aparecen unos graffitis en las visuales, con estilo noventero, vislumbrando un vinilo con letras de las canciones de todas sus épocas. De fondo sonaban los quejidos de Migue, pitos carnavaleros y melodías reconocibles. Entonces aparecieron El Canijo y Diego Pozo, solos, a dos guitarras.
Abrazaban a la Plaza de España como ese amigo al que no ves demasiado, pero que sigue resonando en tu cabeza.
Migue Benítez aparece de forma muy emocionante en diferentes épocas con las gafas blancas “pastilleras” del revés repartiéndose las estrofas de “Los bichos que nacen de los claveles” entre él y el canijo. Si cerrásemos los ojos pensaríamos que el tiempo no ha pasado, y que están los tres juntos. Conforme continuó el concierto, demostraron con creces, que en todo momento estaban allí esos 3 jerezanos canijos que empezaron tocando en la plaza. Como decía la famosísima “A la luz del lorenzo” donde el espacio de Migue estaba reservado. Toda la banda saltó junto al público en el puente.
No faltó la mítica “Uno más” o “Duende Garrapata” donde nombran con tanta humildad a sus flamencos y rockeros influyentes como Hendrix o Rafael Amador.
Sevilla se cae cuando empieza “El aire de la calle” con la voz de Migue tan sobresalientemente integrada.

A continuación se incorpora, como le llaman “el nuevo miembro de la banda, garrapatero de pura cepa” Albertucho, en “Tabanquero” dedicada al coautor Davile fallecido recientemente.
Albertucho continuó varias canciones más, pero esta le quedaba completamente de su talla.
Sin dejar tiempo a respirar, empieza a sonar la indestructible introducción de “Nube de pegatina” y allí seguíamos en una carrera de fondo por los recuerdos y las canciones atemporales que no necesitan, como en este caso, ni siquiera instrumentos.
Albertucho se marca una estrofa brutal en “Mis condiciones pajareras” sacando su quejido flamenco que a veces guarda.
Llegado este momento, arman un cuadro flamenco, propio de un sarao gitano auténtico en el centro del escenario donde suena “Tartarichi” y “Bache”
Diego Pozo, indispensable pero siempre en su sitio, da un paso al frente para lucirse como el formidable guitarrista que es en “Calle de los moreros”
Se vislumbra las influencias bluseras en “Fumata de ladrillo”
El jefe de los bomberos, con “su gran manguera del amor” como decía, aparece en la canción que habla de su día, marcándose un sketch cómico con sello jerezano.
Continuando con un hilo entre “La caja de mi mollera” y “Garrapata mulata” Migue la canta desde las estrellas íntegramente, el final es apoteósico.
La vibración del concierto cambia, cuando en las visuales aparecen Los Delinqüentes representados por marionetas, buscando entre el público a los auténticos garrapateros y garrapateras. Suena “La madriguera” con las dos guitarras de sus compañeros terrenales, pero con Migue cantándola completa.
En la disposición de cuadro flamenco y de nuevo con Albertucho, con unos arreglos acústicos impecables comienzan a tocar “La vereda de la puerta de atrás” hermanando las influencias de todos los que estábamos presentes.
Siguen los homenajes, esta vez con un nuevo espectador desde las estrellas: Rafael Amador con invitados excepcionales: Pepe Begines y Kiko Veneno que tocaron “Rock del cayetano” de Pata negra.

El público, detonado curiosamente por mi amiga Ana, se arrancó con el “Bolillón”, momento que Pepe Begines y el resto de la banda no dejaron pasar, improvisando el principio de la canción de forma impulsiva.
Como un enésimo gesto de humildad de Los Delinqüentes compartieron su canción homónima de Kiko Veneno juntos.
Sonó “De los matorrales” y en “Poeta encadenado” Paco Lara muestra su virtuosismo con la guitarra flamenca, como en todo el concierto, mientras Los Delinqüentes adolescentes acompañan toda la canción en las pantallas.
Diego y el Canijo se veían muy emocionados en este momento donde Diego protagoniza un apoteósico final donde se luce de nuevo.
“Los delinqüentes y la banda del ratón” abren el carnaval con unos sombreros estrafalarios que vuelven a sacarnos de escena en este concierto tan trepidante, donde ni una canción pasó indiferente, poniendo la energía en la estratosfera.
El tramo final se convirtió en una celebración sin tregua. Sonaron “Caminito del almendro”, “No llevamos na”, “La niña de la palmera” y “Telescopio cósmico”, encadenando recuerdos generación tras generación. “El rey del regaliz” y “Después” mantuvieron a Miguel Benítez presente en cada imagen proyectada y en cada estrofa que la banda respetó con un cariño conmovedor.
“La primavera trompetera” ahora sí ha empezado en Sevilla, en una noche fresca donde fue el público el que empezó a cantar.
En este punto del concierto, con casi 2h y media sólo de Los Delinqüentes, se coreaba en el público “garrapatero garrapatero” con la misma energía del que comienza. “Pirata del estrecho” suena con la compañía de “La excepción” de forma virtual mientras se ondeaba la bandera pirata.
Uno de los grandes momentos del concierto fue la del “Abuelo Frederick” los disfraces continúan apareciendo y sale el abuelo con un gran canuto humeante. Fue una de las canciones más enérgicas de todo el concierto, tanto que el Canijo acabó tirándose al público.

La vuelta a la calma sigue con la plaza iluminada de linternas y mecheros, cuando comienza a sonar la demoledora “Chinchetas en el aire” himno de las plazas, de las botellonas, de las historias de amor de barrio.
Se nombró a Manuel Benítez, hermano de Migue, que volcó todo su cariño en crear esas memorables proyecciones.
Merecidísimo reconocimiento a Rafael Teto Fontanilla a la percusión, a la nueva incorporación y espectacular jaleoso, guitarrista, y persona Pablo Feria, Rafalito de Jerez que celebró su cumpleaños como se merece y Daniel Quiñones Bigfoot al bajo
La despedida fue con “Trabubulandia” donde aparecieron: Migue líder de Cervatana y de Derby Motoretas, Tomasito coreando «qué difícil es ser del Real Madrid y vivir en Badalona». Carmen Avilés la bailaora innovadora de moda. Salieron todos los amigos y familiares que aparecen en una fiesta improvisada.
Parte de los Motoreta’s, Cristian de Moret,… La apoteósis fue agolpando a más y más talento sobre el escenario en una bulería festiva que no quería acabarse. Se celebró la vida como la filosofía garrapatera defiende, como Migue querría que hubieran celebrado en este más que merecido homenaje en la Plaza de España, con la esencia de los que han cantado en la plaza hasta que se ha hecho de día.
Ha sido una demostración clara de lo que es cantar a la libertad, los conocí desde sus primeras canciones y son las mismas amigas las que oyeron esas canciones conmigo, 25 años después. Es un contrato de vida con banda sonora.
Tres horas pasaron como un suspiro. Veinticinco años después, el legado sigue intacto. “El sentimiento garrapatero que nos traen las flores” es un disco atemporal, es la esperanza de la música sin alma que nos activa y se va.
Los Delinqüentes van a quedarse siempre, porque muchos los llevamos tatuados. Son nuestro sur y lo seguirán siendo.
Aquella noche, la Plaza de España fue garrapatera.