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Musiqueando

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A veces uno tiene que tener cuidado con lo que sueña, porque se puede cumplir. Algo de eso habrá pensado Lichis, alma mater de La Cabra Mecánica, alguna vez. Probablemente cuando Lichis no era tal, sino Miguel Ángel, un tímido adolescente que pululaba por Rivas con un bajo al hombro, una de sus ambiciones era ganarse la vida con la música. Y vive Dios que lo consiguió. Pero el precio que tuvo que pagar fueron un “cupón” y una “lista de la compra” que, más que reconocimiento, le otorgaron una fama efímera de la que ahora Lichis huye como de la peste.

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En busca de un nuevo camino en el que etiquetas como “rumbita” y “canalla” queden atrás, Lichis se cambia de careta (pronto veremos su nuevo alter ego, Miguelito) y se despide como lo hacen los señores, saludando desde encima del escenario, acompañado de una de las bandas más rockeras que ha tenido, con Daniel Ortín a la batería, Jordi “Cobre” al bajo y Pepo López y Fernando Polaino a las guitarras. Especialmente relevante en esta nueva formación de La Cabra Mecánica es el papel de Polaino (“mi Pancho Varona”, ha llegado a decir de él el propio Lichis), versátil guitarrista que aborda con igual dinamismo la rumba, el punk o el tango, incorporando además una gran capacidad para los coros.

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Con estos mimbres, además de un Lichis que en escena cada vez se siente más cantante y menos showman, buscando matices hasta ahora desconocidos en su voz, La Cabra Mecánica se presentó en la sala Galileo Galilei los pasados 28, 29 y 30 de octubre, con todo el papel vendido. Musiqueando tuvo la posibilidad de ver el primer y el último de esos conciertos, en los que la banda clavó un repertorio extenso (casi 30 canciones) en el que toda la discografía del Lichis tuvo cabida.

 

En ambos conciertos (más sobrio el primero, era presentación para la prensa, mucho más movido el segundo) se pudieron apreciar las dos principales virtudes que atesora La Cabra: la capacidad del Lichis para sintetizar en pequeñas píldoras grandes dosis de realidad y su maestría conjugando en una misma canción géneros musicales diversos.

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En este sentido la banda respondió perfectamente a cada uno de los envites musicales que Lichis les brindó, que no fueron pocos. A pesar de no tener demasiado material nuevo, las remozadas versiones de “Carne de canción”, su último disco recopilatorio, fueron un gran aliciente en ambas veladas. De ellas destacaron “Siesta”, que ahora suena como un rock arrastrado, mientras que “La novia del marinero” nos recuerda al rock andaluz de Triana. Del nuevo material “Valientes” y “Carne de canción” muestran a un Lichis cercano a los sonidos americanos, con ecos a los Traveling Wilburies. También hubo guiños a las Islas Británicas, en las poperas “Shalala” y “Sobre cañones y moscas”, y la punki “13:14”.

 

Sorprendió también la vigencia que tienen algunas de las primeras canciones que Lichis publicó en aquel rotundo “Cuando me suenan las tripas”. Desde la icónica “Que te follen”, con su final apoteósico, pasando el himno country-mesetario de “Arroz con ajo”, o la iconoclasta “El último cantautor”, Lichis demostró lo certero de su verbo y lo atinado de su oído musical, ajeno a modas y tendencias.

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Y con el clásico medley con el que Lichis finaliza los conciertos (“La canción de las plantas”+”Me gusta ser una zorra”), el concierto tocaba a su fin, no sin antes depararnos una agradable sorpresa: ver a Julián Kanevsky, guitarrista de la banda en casi todas sus formaciones, unirse a sus compañeros para interpretar el clásico “Knockin´on Heaven´s Door” de Dylan.

 

No es ésta una despedida triste, ya que aunque la Cabra se vaya, Lichis se queda. Así que, como diría el susodicho:

 

¡Larga vida a La Cabra mecánica, muerte a los falsos profetas del metal!

 

FOTOGRAFÍAS: Óscar Romero Blaya

 

http://www.oscaromero.tk

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