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Jorge Pardo y Lin Cortés: el duende se hizo carne

Poradmin

Sep 20, 2015
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El poeta andaluz Federico García Lorca definía el duende como la elevación, un entusiasmo casi religioso, la magia, la elegancia. En la noche de ayer, con la música de Lin Cortés y Jorge Pardo, el duende se hizo carne. Y habitó entre nosotros.

Estaban ya pasadas las diez de la noche cuando la música enlatada en los altavoces del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla dejaba lugar al silencio. La iluminación cambiaba, una luz mucho más tenue, sutil, con la que llevar la expectación del público allí presente a su punto máximo. La espera daba a su fin.

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La banda salía al escenario. Guitarrista, pianista, batería y bajo a sus puestos. Tras ellos, con traje blanco y melena suelta, el mejor músico europeo de jazz. Jorge Pardo agarraba su flauta travesera negra. La magia comenzaba. Flores del limonar y Mi Sol y mi Luna, canciones del último trabajo del músico madrileño, “Historias de Radha y Krishna”, abrían fuego. En los teclados, el malagueño Tony Romero subía las frescas temperaturas de la noche con el espectacular sonido de su Nord rojo, un Hammond que bien parecía una bestia desatada capaz de todo. Los micrófonos de Jorge Pardo se ponían un tanto rebeldes, como volvería a pasar minutos después, pero el técnico de sonido lo arregló rápidamente, sin mayor incidencia.

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Tras el inicio, subía al escenario José Marín con su guitarra eléctrica para completar la banda. Entonces, Jorge Pardo comenzaba a grabar bases rítmicas con su flauta. En un par de minutos, varias secuencias formaban una armonía perfecta sobre la que la banda empezaba a tocar, con la presencia de un dj que, al fondo del escenario, aportaba aún más ritmo al conjunto.

El soniquete de la guitarra de Andrés Tomás casaba intachablemente en temas funkys, que bien podían tornarse a sonidos más flamencos y jazzísticos en otros pasajes de la misma canción. Josué Ronkío se quedaba solo arriba del escenario y nos encandilaba con su bajo mientras el resto de la banda se iba incorporando progresivamente. David Bao, a la batería, marcaba el pulso sanguíneo de esta magnífica banda, totalmente engrasada, en la que con el leve gesto de un dedo, Jorge Pardo repartía el orden de los solos a los músicos.

Jorge Pardo se acerca al micrófono y el aplauso del público, respetuoso, enmudece. “Tenemos aquí un lujo, la perla negra, Lin Cortés”. El artista cordobés entra en escena para estrenarse en la noche con el tema más funky de su “Gipsy Evolution”. Entonces aparece el duende, esa magia, la inspiración, el entusiasmo, el alma. Comienzan a sonar las primeras notas de la emocionante garganta con arena de Lin, mientras, Jorge Pardo se pasea por el escenario, sube y baja, la improvisación se adueña de la noche y todo es espectáculo.

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El momento más íntimo lo protagoniza “La duda”, interpretada por Lin Cortés acompañado únicamente de su guitarra y la guitarra eléctrica de Marín.

No faltó el sentido homenaje a los Pata Negra, a Raimundo y Rafael Amador (cuyo concierto de homenaje se había celebrado en el propio CAAC la semana anterior), con “Lunática” a ritmo de reggae. Lin “invitaba” a cantar a la joven Fani, “my Fani Valentine, que no quería cantar”, pero con la que improvisaron durante varios minutos, sonando fragmentos de “Superstition” de Stevie Wonder y “Summertime” entre otras. El groove se adueñaba del escenario.

Tremenda sonó “El reloj”, precedida por una introducción de piano deliciosa y culminada con un estribillo demoledor. La noche daba a su fin.

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La magia de Jorge Pardo, la emocionante garganta con arena de Lin Cortés y una banda de músicos de etiqueta negra llenaron de duende la noche sevillana de Nocturama en el CAAC.

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FOTOGRAFÍAS: Antonio Andrés Arispón Paco

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