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JAVIER CORCOBADO y SR. CHINARRO, Sala Rockitchen, 25de Febrero

Poradmin

Mar 4, 2011
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En la cocina del rock, nos reunimos el pasado 25 de febrero, un buen puñado de incondicionales de almas atormentadas en clara sintonía con el cartel ofrecido, que mejor forma de dar portazo al invierno en uno de sus últimos fines de semana, pero también podría ser un comienzo… uno de esos en los que la tristeza deja paso a la alegría.

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Aún con los ecos de la rebaja de la velocidad en autovía, como muy bien nos recordó Antonio Luque, esa forma de cobijarse el Sr. Chinarro, nos adentramos en un comienzo de ideas y aires al nuevo disco Presidente, pero también recordando aquellos momentos de Ronroneando.

 

Inquietudes cercanas y otras lejanas, de esas que no nos acordaremos más pero que bien nos dieron la lata. Un acústico con tintes dramáticos, quizás equivalentes a la actualidad, recordando aquellos momentos predemocráticos de cantautores y luchadores por las libertades, esas mismas que hoy día nos están quitando. Cercanía y sencillez.

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Con los cambios de aires que se tomaron algunos, para salir a la calle y soltar ese aire contaminado procedente de simples papeles liados, Luna que se quiebra, o mejor dicho, la nueva tormenta de Javier Corcobado, empezó a inundarnos. Acompañado para la ocasión de Susana Cáncer, Fino Oyonarte (productor del último trabajo de Nadadora), Jesús Alonso y Juan Marina.

 

Una cierta penumbra, rota por destellos lumínicos que no nos permitían ver “Desde tu Herida” para comenzar esa lenta agonía de finales lastrados desde tiempos anteriores, esa misma que no nos permite mirar adelante. Pero si algo tiene todo esto, es la capacidad de la fuerza interior de cada uno. “La Canción del Viento” sería su máximo esplendor. Melancolía final. Alegría inicial. Hoy te echo mucho de menos, mientras se nos va acabando el cognac. Y si, como decía al inicio, los cambios, los nuevos comienzos también nos hacen echar de menos eso que iniciamos, como yo hacía…

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Como si de una lucha entre demonios y ángeles, ese derroche de energía que el gobierno sería capaz de multar “En el Coño del Mar” nos llena la boca de escenarios valientes, no aptos para cardíacos y meros imitadores comerciales de radio fórmulas. Dejando atrás el pop de “Coches de Choque” y metiéndonos una vez más en esa oscuridad donde el y nosotros nos sentimos tan cómodos. Es la guerra. Perros y gatos. Una película de intriga, en blanco y negro, huyendo, escondiéndonos. Esa mirada del final…

 

La misma que de reojo nos sumerge en aquella atmósfera mediterránea. La chanson francensa, ese olor a mar, las chicharras en el pinar, ese sol picante, aquél James Bond y su descapotable capaz de las cosas más inverosímiles… nos metió en esa parte de la luna que era su sorpresa. Losing Touch With my Mind , The Shadow of Your Smile,  El Futuro se Desvaneció Ayer, El Camino de la Noche, Te Estoy Queriendo Tanto, un clásico de Manuel Alejandro, tributos a The Doors, Sonic Youth o Serge Gainsbourg. Una muestra de si mismo, de su apasionada fiesta sonora, de sus matices, de su poética oscuridad, de la infinita tristeza que nos envuelve, de su fuerza atronadora para sacarnos de cualquier escollo o incluso invitarnos a un pasodoble en una fiesta de un pueblo cualquiera.

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Y no dejar "A Nadie" tirado en ningún mar pese a ser víctimas de errores ajenos. Fuera cenizas y sueños lejanos, magias perdidas, crímenes de ángeles, soledades infinitas, dioses venidos a menos. Pero aún así, es mejor no morir, ni arrepentirse, ni permitir rezos, sino mirar a ese otro infinito, ese más lejano que la luna, ese que uno solo es capaz de mirar dentro de tus ojos, esos que me gustan como me miran mientras me sonríes, me dan calor y me quitan la soledad. Lo mismo que beber cien mil "Caballitos de Anís" o esa otra forma de inundar los corazones de energía, la misma con la que me llenas tu ahora. No existe la muerte, no lo creáis.

 

Tampoco podré creer ahora ¿Por qué Estoy tan Triste? pues esa manera de echar el cierre con Corco y el Sr. Chinarro, solo valió para perseverar en lo vivido por todos en ese instante, uno de esos que perduran para siempre, que nos unen a los otros para dar ese pequeño impulso y mirar más allá de la simple fachada. Pues al final de cada calle y al girar la esquina… nos encontramos. Pura melancolía o de como la tristeza se unió a la alegría.

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Fotos: Su

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