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Interestelar, tenemos que hablar

PorMiguel Ángel Gómez

May 21, 2023

Interestelar, tenemos que hablar y, esta vez, de música.

 

El éxito de público ya anunciado con meses de antelación de abonos y entradas agotadas se plasmó con una altísima afluencia que además acudía a horas tempranas en ambas jornadas festivaleras.

 

Sobre el clásico debate del cartel, este año predominaban apuestas seguras y habituales de festivales en una vuelta a la fórmula clásica de aunar veteranía con propuestas más nóveles que sin embargo ya han adquirido un status relevante en el panorama musical.

 

A pesar de la diferencia de sonido entre los escenarios principales (a favor del llamado escenario Cruzcampo) ambos se llenaban de gente con la luz del día aún presente para escuchar a Rufus T. Firefly que dieron argumentos y razón a los que enzalsan sus trabajos de estudio y su directo.

 

Iván Ferreiro se movía como pez en el agua en su hábitat natural de derramar su personalidad entre canciones que recorren su extensa carrera. Desde el equilibrio es imposible a su trinchera pop hay cabida por muchos estados de ánimo pero un común denominador de autenticidad.

 

Con frescura y saldando la deuda de la ausencia de última hora del año pasado La la Love you reclamaban para sí los perfiles más jóvenes antes que los granaínos Lori Meyers dieran el concierto más destacado del viernes.

 

Los de Loja tienen en su haber una larga lista de hits para que su setlist no tenga altibajos. Luces de Neón o Mi realidad desataron la esperada locura de un concierto efectivo y efectista de la mano de un Noni que ya tiene más que sabido su papel de frontman. Así que para esta ocasión esperábamos su fórmula repetida que, sin embargo, encaja como un guante en el formato festivalero más agradecido a repetir lo que funciona en lugar de experimentar.

 

Alcanzado el punto álgido ya sólo quedaba mantenelo arriba todo lo posible y la Casa Azul y Viva Suecia contribuyeran cada cual a su estilo que los miles de asistentes se sintieran saciados de la música que habían venido a buscar.

 

El sábado también reunía veteranía en la hoja de ruta. La Habitación Roja homenajeaban a The Smiths y así mismos con su buen puñado de éxitos: la segunda oportunidad, el eje del mal, indestructibles o ayer fueron grandes ejemplos de lo que los valencianos llevan varias décadas mostrándonos con honestidad y naturalidad.

 

Con sensación de estar metido con calzador parecía la presencia de Dani Fernández y su banda en el mejor de los escenarios, algo que ni él mismo se podía explicar con sólo 2 discos en el mercado pero así funciona (ahora y antes) esto. Le puso ganas, no hay que negarlo, pero su música, por mucho decibelio que le pongan, quedaba en opinión de no pocos ciertamente extemporánea. Sí consiguió apelando a la memoria y a la nostalgia un emotivo recuerdo a Supersubmarina que agradecimos.

 

La despedida de Second de los escenarios se merecía un «the last dance» en interestelar y he escrito en todos estos años tantos elogios a los murcianos que podría estar tentado de hacer un copia y pega de las virtudes y sensibilidad que derrochan en sus canciones. Alguna lagrimilla asomaba mientras rodamos y nos sentimos exquisitos por última vez mientras la voz Sean parecía romperse (como el pie de micro y las baquetas) para decirnos adiós.

 

Vetusta Morla, como Lori Meyers el día de antes, tan sólo tenían que salir, no equivocarse mucho con el setlist escogido y hacer lo que tan bien saben hacer. Y así sucedió, con notable colaboración de Arcángel como nota original dentro de su consolidado directo que les ha llevado a tantos y merecidos parabienes. Consejo de sabios, Sálvese quién pueda, Valiente o Copenague son solo muestras de su sólido repertorio al que aún no se le adivina techo ni fin de inspiración.

 

Con sensación de esfuerzos y emociones amortizadas aún quedaba bailar y disfrutar a favor de viento con Ladilla Rusa y con Sidonie cuya naturaleza hedonista les convierte en imprescindibles en cualquier cartel que se precie y con un agradecido público al que dedican su «estáis aquí» para sellar esa comunión siendo mayo el perfecto mes para hablar de esto.

 

Y para 2024 ¿qué? Que sigamos hablando o escribiendo de música que, a algunos pocos locos, es lo que nos gusta.

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