Sevilla, 6 de Junio, de 2026. Cartuja Center CITE.
Iván Ferreiro regresó a Sevilla con la calma de quien ha hecho las paces consigo mismo. En el Cartuja Center Cite, el gallego ofreció un concierto que funcionó como un ejercicio de honestidad absoluta: nada de artificios, nada de esconder etapas, nada de renegar del pasado. Al contrario, Ferreiro se mostró dispuesto a abrazar todas sus vidas musicales, desde los días intensos con Los Piratas hasta la madurez creativa que hoy lo define.
Acompañado por una banda en estado de gracia —precisa, elegante, cómplice—, el concierto sonó como una declaración de principios. Cada músico parecía conocer no solo las canciones, sino también la historia emocional que arrastran. Esa solidez permitió que el repertorio, que superó con holgura la veintena de temas, fluyera como un relato continuo, sin fisuras, donde cada disco aportaba un capítulo y cada etapa sumaba un nuevo himno.
Ya nos avisó de que no hablaría mucho y así sonarían más canciones que es sin duda a lo que habíamos acudido esta noche donde canciones del ayer como Fecha caducada, Mi matadero clandestino como las del hoy El dormilón, Como conocí a vuestra madre no se sumaban sino que multiplicaban su efecto en una noche tan redonda como la que había preparado para su público.

Ferreiro se permitió incluso recuperar canciones de sus primeros años, piezas que durante mucho tiempo parecieron quedar en un territorio al que él prefería no volver. Pero anoche las reivindicó con naturalidad, como si el tiempo hubiera limado cualquier herida. El público lo celebró con una mezcla de nostalgia y descubrimiento: en la sala convivían quienes estaban viviendo su primer concierto de Iván —caras jóvenes, sorprendidas, cantando estribillos heredados— y quienes lo hemos visto muchas veces y aun así no queríamos perder la oportunidad de escuchar esas joyas rescatadas del pasado.
El momento culminante llegó en el tramo final, cuando Ferreiro enlazó Diecinueve de Maga —un guiño precioso a Sevilla, a la escena que lo ha acompañado y querido desde siempre— con un Turnedo que desató la emoción colectiva. Fue un clímax perfecto, casi catártico, que resumió lo que había sido toda la noche: un artista reconciliado con su historia, una banda entregada y un público que entendió que estaba asistiendo a algo más que un concierto.
En Sevilla, Iván Ferreiro no solo repasó su carrera. La reescribió desde la honestidad, la memoria y la celebración compartida.