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29/07/09 Centro Cultural Median Elvira, Atarfe (Granada)

 

Que la música brasileña – y en general cualquier ritmo o propuesta que se aleje de lo estandarizado por la infame industria cultural de Occidente – no cuenta con gran predicamento en nuestro país no es un secreto que nos vaya a sorprender a estas alturas. Eso y el hecho de tratarse de unas fechas eminentemente vacacionales son factores que deben de explicar la exigua taquilla registrada para presenciar la actuación del que ha sido uno de los grandes embajadores de la música procedente de los trópicos.


Gilberto Passos Gil Moreira (Bahía, 1942) se presentó ante una escasísima afición – habida cuenta de su estatura musical y reputado prestigio – en Atarfe, secundado por una banda en la que destacaban la versátil sección rítmica – con el superlativo Arturo Maia al bajo y el veterano Alex Fonseca a la batería – por un lado, y su sucesor por vía genética directa, su hijo Bem Gil a las guitarras, teclados y percusiones varias por otro.

 

Con puntualidad exquisita comenzó el bahiano la fiesta pegado a su stratocaster con un repertorio de temas gozosamente cercanos al rock tropical, incluyendo una lectura convenientemente rockerizada de 'La renaissance africaine', procedente de su última entrega hasta la fecha 'Banda Larga Cordel' (2008). Y para demostrar que su discurso no admite ser sometido a la dictadura de las etiquetas y, de paso, subir algunos grados la temperatura de la velada, desplegó un arsenal de ritmos que abarcaron desde el afoxé o el candombé hasta el funk negrobahiano o el tango (impagable la mirada vertida al ‘Camabalche’ que inmortalizó Gardel) pasando por el reggae (que en ocasiones lindaba con el dub por lo lisérgico de los arreglos gentileza de su acompañantes) o el funk y el rock entendidos como sólo el bahiano sabe hacer.

 

Entreverados e intercalados entre tanto compás procedente del trópico y para ganarse la adhesión del gentío – por otro lado, mayoritariamente carioca – menciones a Dalí, Camarón o Lorca y elogios de la capital hispalense fueron lanzados al aire, además de alguna estrofa del ‘Granada’ que provocó una risa cómplice. A la altura de ‘Vamos Fugir’ el respetable había despegado de sus butacas contagiado por el baile febril del ex-ministro para encarar el tramo final de la velada, que culminó, como no podía ser de otra manera, con uno de sus números más conocidos por sus seguidores, ‘Toda menia baiana’, para dejar claro cuál es la procedencia de su talento.

 

Solamente podemos lamentar que ‘Domingo no parque’, ‘Aquele abraço’ y, sobre todo, la imprescindible ‘Chuckberry Fields Forever’ se quedasen en el tintero, pero, claro, con una vastísima obra que supera la treintena de largos se hace difícil seleccionar material que abarque todos los períodos y contente por igual a la parroquia. Ya sólo queda esperar, mientras me dejo llevar por las cálidas armonías de 'Parabolicamará', que en próximas ediciones del festival podamos disfrutar de la presencia de Djavan, Jorge Ben o, por qué no, Caetano Veloso.

[Gracias a Álvaro del staff técnico por las facilidades prestadas para la realización de nuestro trabajo].

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