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ELEFANTES TIÑEN DE AZUL LA NOCHE SEVILLANA: 25 AÑOS DE UN DISCO ETERNO

PorJosé Segura

Nov 8, 2025

Hay noches que no son solo conciertos: son reencuentros con una parte de uno mismo. Así fue lo que se vivió anoche, 7 de noviembre, en el Cartuja Center CITE, donde Elefantes celebró el 25 aniversario de su disco «Azul» con un lleno absoluto y una comunión total con el público sevillano. Dos horas y media de emoción, nostalgia, energía y fiesta, en las que la banda volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grupos más singulares y queridos del pop-rock español.

La cita arrancó puntualmente a las 21:30 horas con la actuación del cantautor Mario San Román, que supo ganarse a los asistentes desde el primer acorde. Con su guitarra y una voz llena de matices, ofreció un set íntimo que incluyó temas como “Loco”, impregnando el ambiente de una melancolía cálida y preparando el terreno para lo que estaba por venir. Su despedida fue acompañada de aplausos sinceros, de esos que nacen del descubrimiento y la conexión.

A las 22:00 horas, el auditorio se sumió en la penumbra. Una luz azul comenzó a dibujar siluetas sobre el escenario, y los primeros acordes de “Azul” provocaron una ovación que retumbó en cada rincón del recinto. Shuarma, Jordi Ramiro, Julio Cascán y la última incorporación, Alex Vivero, aparecieron sonrientes y elegantes, conscientes de que esa noche no sería una más. Sevilla los recibió con una energía desbordante, con el público de pie desde el primer tema, coreando cada palabra, cada suspiro.

La banda abría fuego con «Azul», el tema que da inicio al disco homónimo, cuando un apagón inesperado sumió el recinto en la oscuridad. Lejos de frenar el impulso, el silencio eléctrico se transformó en magia. Sin micrófonos, sin amplificadores, Elefantes se arrojó a una versión acústica y a capela que desnudó la canción hasta su esencia más pura. El público, primero sorprendido, terminó rindiéndose en un coro colectivo que iluminó la noche más que cualquier foco. Minutos después, cuando la electricidad volvió a rugir, el grupo retomó «Azul» con una energía desbordante, como si el apagón hubiera sido parte del guion. Fue una demostración de talento, instinto y amor por la música: pura genialidad catalana en estado salvaje.

Tras la ovación que siguió a «Azul», Shuarma tomó el micrófono con una sonrisa cómplice y anunció lo que sería una noche para la historia: Elefantes interpretaría, de principio a fin, las trece canciones del disco Azul, en el mismo orden en que fueron concebidas, como si el tiempo se hubiera detenido en en el momento en el que sacaron este magnífico disco. Así comenzaron a desplegar joyas como «Se me escapa el tiempo», «Me he vuelto a equivocar», «Me gustaría poder hacerte feliz», «Piedad», «Desde aquí» o «Sí-No», cada una recibida con un murmullo de emoción y memoria compartida. Era un viaje sensorial, un regalo para los que crecieron con aquellas melodías y para quienes las descubren ahora desde la madurez. Veinticinco años después, el grupo catalán demostraba que la magia de Azul sigue intacta: la emoción, el pulso y la poética de un disco que marcó a toda una generación.

El orden original en que fue grabado el disco dotó al concierto de una energía poco habitual: un arranque eléctrico y vibrante con temas como «Me he vuelto a equivocar» o «Piedad», dos de las más coreadas de la noche. Canciones que, en otros tiempos, solían reservarse para el clímax final, irrumpieron esta vez al principio, desatando la euforia del público desde los primeros compases. La banda jugaba con la expectativa, rompiendo la lógica habitual de un setlist y demostrando que «Azul» no necesita artificios para brillar: su fuerza narrativa fluye con naturalidad, incluso un cuarto de siglo después.

Entre tema y tema, Shuarma —magnético, emocional y siempre comunicativo— se dirigía al público con esa mezcla de carisma y vulnerabilidad que lo caracteriza. “Este disco cambió nuestras vidas, y ver que sigue siendo tan vuestro como nuestro… es algo que no se puede explicar”, confesó, antes de invitar a los asistentes a cantar el estribillo de “Vuelves a hacerte notar”, que se convirtió en un coro multitudinario, estremecedor.

Llegaba el momento de cerrar el recorrido por «Azul» con «Cuando no tienes por qué mentir», una de esas canciones que parecen suspendidas en el aire, íntima y esencial para Elefantes. Habla de la sinceridad, de mostrarse tal cual uno es, algo que la banda ha defendido siempre sobre y fuera del escenario. La interpretación fue pura emoción: luces tenues, miradas cómplices y un silencio reverente en el público que parecía contener la respiración. Todo apuntaba a un cierre perfecto para un concierto conmemorativo del 25º aniversario de Azul. Pero, por suerte para los presentes, la noche aún guardaba muchas sorpresas más.

Tras unos minutos de silencio y expectación, el escenario volvió a cobrar vida entre gritos, aplausos y una ovación que sacudía el recinto. Elefantes regresaba para ofrecer una segunda parte del show, más festiva y luminosa, en la que repasaron algunos de los himnos más queridos de su carrera, piezas que trascendían el universo de “Azul”. No podían faltar “Al olvido”, “Me falta el aliento”, “Te quiero” o la celebradísima “Que yo no lo sabía”, que desató la euforia colectiva y convirtió el recinto en un coro unánime. Fue uno de esos momentos mágicos en los que banda y público se funden en una sola voz, recordando por qué la música de Elefantes sigue latiendo con tanta fuerza después de tantos años.

En cada tema, Shuarma era cercano a su público, acercándose a las primeras filas, estrechando manos, cantando a centímetros de los rostros emocionados. El público sevillano respondió con una entrega total, de esas que solo se viven cuando la música logra borrar la distancia entre artista y espectador.

Y cuando parecía que ya no quedaba nada más por decir, Elefantes sorprendió con una interpretación de “Este amor”, envolviendo el recinto en una atmósfera de ternura y melancolía. Pero justo cuando la canción alcanzaba sus últimos acordes, la banda decidió volver a los orígenes: repitieron “Azul”. La canción que había inaugurado la noche se convirtió también en su despedida, cerrando el círculo con un simbolismo perfecto. Eran ya más de las doce, pero nadie quería marcharse. El público seguía en pie, aplaudiendo, pidiendo otra, intentando retener un poco más ese instante de comunión y magia que solo ocurre cuando la música toca algo más profundo que el oído: el alma.

Ahora sí, finalizaba el concierto, pasada la medía noche, con un público satisfecho por el show vivido, además de una organización impecable, un sonido cristalino y el ambiente, simplemente inolvidable. Elefantes demostraron que “Azul” no envejece: se transforma, y que su música, lejos de perder fuerza con los años, ha ganado profundidad y verdad.
Anoche, en Sevilla, lo que se celebró no fue solo un aniversario: fue una historia compartida entre una banda y su público, teñida —una vez más— del color más hermoso que tiene la melancolía.

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