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Dos pájaros contraatacan, Serrat y Sabina con la Orquesta del Titanic en Viña del Mar, Chile

Poradmin

Dic 13, 2012
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Jóvenes y mayores, familias, grupos de amigos, parejas de todos los tiempos; heterogéneo fue el público que convocaron los grandes Serrat y Sabina en el recinto de la Quinta Vergara de Viña del Mar.

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Al atardecer de un domingo cálido y por sólo techo el cielo, los asistentes esperaban ansiosos el comienzo del show, pasadas las nueve y cuarto de la noche se dió el puntapié inicial de lo que serían tres horas de concierto, abriendo fuego con “Puede ser un gran día” del autor catalán e interpretada a dúo por Sabina y Serrat.

 

La Orquesta del Titanic integrada por músicos de primer nivel, dejó en evidencia la excelencia musical, la maestría y una contagiosa manera de disfrutar lo que se hace bien.

 

Tres pantallas formaban parte del escenario central, en ellas se fueron deshojando las historias de princesas, romances efímeros y contrariados que fueron coreadas por el público de principio a fin.

 

Con una serie de clásicos Serrat interpretó temas de Sabina y a la inversa, cruzando letras y melodías, volviéndose canalla uno y dulce el otro; los diálogos compartidos matizados de un humor ácido y sutil, condujeron al público por una historia de admiración y cariño. Con la licencia que otorgan los años, estos dos amigos se dieron el gusto de tocar temas como las negociaciones de La Haya y las comparaciones odiosas entre países.

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La algarabía llegó de la mano de “Princesa”, “Cantares”, “Nos dieron las diez” “”Malas Compañías”, “Contigo”, “Mediterráneo”, clásicos de siempre. No faltaron los homenajes , fue con  “Violetas para Violeta” y “El boulevard de los sueños rotos” que recordaron a la cantautora chilena Violeta Parra y a la recientemente desaparecida Chavela Vargas, en interpretaciones cuyos arreglos musicales fueron simplemente impecables.

 

El tiempo pasa y se nota, reflejado estuvo en el profesionalismo y la excelencia de todo el concierto, sin prisas, pero con acertadas pausas se mantuvo un ritmo que alejado de estridencias y excesos supo cautivar a un público atento.

 

El encanto de Serrat y Sabina, es impactante, en su juego cómplice de macarras y compadres, dejaron más que claro que estos dos amigos primero que todo se estaban divirtiendo y a la par tuvimos el gusto de compartir ese momento.

 

Tres horas de una construcción exquisita que nos llevó de paseo por los amores perdidos, amantes ingratas y copas demás. Los poetas se despidieron pasada la medianoche, dejando un público exultante que les ovacionaba cantando “en mi calle se acabó la fiesta…”

 

Fotografías: Andrés Pizarro

 

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