El sol se ponía por las marismas de Sancti Petri, las luces se apagaban con él y los focos apuntaban al escenario, donde se podía ver un balcón de doble piso en el que ella se encontraba en la parte superior, oculta tras una pantalla. Sonaron los primeros acordes de Verde y la pantalla dejó ver a la artista vestida de blanco, con un abanico a juego con el que nos deleitó al ritmo de la canción. «Chiclana, hemos vuelto, bienvenidos y bienvenidas a este romance de una noche de verano», exclamaba la cantante.
El show no había hecho más que empezar y continuó con canciones de su primer disco como Ya no quiero na, Mujer bruja, Maldición o Santería, donde no faltó el espectáculo de danza y de luces. La artista salió de escena unos segundos para dar paso a un cambio de vestuario espectacular: volvió vestida de negro de arriba abajo y se subió a una silla que quedó suspendida en el aire, desde donde interpretó Mala suerte. Después llegó un dance break en el que la cantante hizo un guiño a uno de los grandes de la música, Michael Jackson, con algunos pasos que recordaban a los más míticos del artista.
El show continuó con Casanova, donde la cantante se movió sobre una mesa camilla que recordaba a las de cualquier casa andaluza, compartiendo mesa con sus bailarines y fusionando así sus raíces con su espectáculo. «Esto es Chiclana —declaraba la cantante—, ha llegado el veranito y con él he llegado yo. No es un secreto para nadie que a mí me encanta venir aquí, pero venir con este show tan andaluz, tan de nuestros sentimientos, estas sillas, estas mesas camilla que a vosotros os suenan, ¿no?». Con estas palabras, la cantante dejaba claro que este nuevo show, con el que se ha recorrido media España, se centra en sus raíces y su cultura, fusionando lo nuevo con lo tradicional.
La noche continuó con dos grandes invitados, Jony Cortez y José del Tomate, al cajón y a la guitarra, dándole un toque muy flamenco al show. Sentada en una silla, desde la parte superior del escenario, la andaluza interpretó canciones como El condenao, De plastilina y un gran clásico que, aunque no sea suyo, borda igual que el propio Alejandro Sanz: Corazón partío. Y es que el flamenco no solo llegó de la mano de las canciones más nuevas de su disco GRX, inspirado en su tierra, sino que la cantante versionó también temas más urbanos en clave flamenca, como fue el caso de 4 besos o La niña de la escuela.

La cantante volvió a bajar con su elenco de baile a la parte inferior del escenario, donde interpretaron una de sus últimas canciones, Sus iniciales. Ahí no faltó el guiño andaluz: la coreografía incluía unas sillas como parte del baile y los pasos recordaban mucho a los del flamenco. Y el flamenco no se fue, pues siguió presente en canciones como El pantalón.
Llegó entonces la parte más electrónica del show, con canciones como 1000 cosas, An1mal, Sin autotune o Yo tengo un novio, donde brilló una puesta en escena espectacular, acompañada de coreografías cuidadas al detalle y un coordinado espectáculo de luces y láseres. Llegó después la parte más latina: la cantante nos deleitó con sus dos bachatas, Una bachata, colaboración con el también granadino Saiko, y El bachatón de la L, su última colaboración con Lucho RK.
«Es mi canción favorita, ya lo sabéis, y como se fue, volvió» —declaraba la cantante— justo antes de empezar a cantar Corazones rotos. El show siguió con grandes temazos acompañados de complejas coreografías, como fue el caso de Pa ti toa <3.
Llegó el momento más íntimo de la noche: la cantante interpretó una de sus canciones más emotivas, Dragón, y aprovechó para agradecer a su familia el apoyo: «Quería dar las gracias a mi familia que está aquí hoy: mi tía, mi tío, mi ama, y a mis amigos, Patri, Raúl, a todos. Gracias por aguantarme. Cuando nadie nos ve, están ahí para que sigamos adelante».
Llegó la recta final del concierto con uno de sus grandes éxitos, El tonto, colaboración con Quevedo, donde el show no paró de sumar humo, luces y mucho baile. Sucedió entonces uno de los momentos más especiales de la noche: la artista bajó del escenario y se acercó a regalar, a cappella, trocitos de algunas canciones que no están en el repertorio, cantando A-Yo y Slowmotion a los afortunados que disfrutaban del concierto en las primeras filas.
Y llegó el final del concierto, algo que nadie quería, pues la cantante tuvo embelesados a todos los presentes durante casi dos horas de show completo. Un show que se nota trabajado y cuidado con mucho cariño y que conquista cada lugar al que llega. La cantante se despidió con dos de sus grandes éxitos, La reina y Mojaita, con los que algunos afortunados subieron al escenario a bailar y saltar con ella sin parar.
Y es que la cantante, Miriam Doblas, cautiva cada verano a su público gaditano, que no puede faltar a esta cita que ya lleva repitiendo varios años. Sin duda, la granadina dejó una noche inolvidable en el recuerdo de todos los asistentes.
