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DAVID PALOMAR Con su Nuevo Disco en Concierto «La Viña. Cantón Independiente”

Poradmin

Abr 25, 2011
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El miedo no guarda a La Viña. Si Aurelio Sellé, Manolo Vargas, Pericón o Chano hubieran buscado a un heredero genético quizá no se habrían fijado en ese menudo comparsista que debutó con el flamenquito antes de hacerse flamencazo. David Palomar le llaman y no sólo asume la gracia de todos ellos sino, sobre todo, su curiosidad y su largueza. Claro que a veces parece El Beni pasado por la ESO.

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Seguro que nunca sintió hambre en las tripas, pero la sintió en el corazón y en el cerebro, en el talento y en el instinto. Después de cantar muchos años, como mandan ciertos canones, tras las batas de cola, empezó a dejarse caer por delante del escenario con esa voz suya tan versátil, tan rotunda y al mismo tiempo tan fiel al compás de su tierra, un cantón independiente dentro de otro.

Desde la patria absoluta del rajo gitano de la fragua de Santiago Donday o la casa de los Villar, Palomar reivindica ahora la identidad de ese barrio, dan distinto y tan parejo al de Santa María donde reinaran los Mellizo, Espeleta, Rosa La Papera y su hija La Perla. En el caso de Cádiz, sin embargo, no caben establecer a priori los mismos distingos que media en en Jerez entre Santiago y La Plazuela. En la Trimilenaria –título de su primer disco–, lo que manda es el mar, que no tiene esquinas. Como tampoco las tiene el quejío amable de este cantaor tan joven como maduro que rinde homenaje a Fermín Salvochea pero sin ocultar su devoción por otros rumbos que llevan a los vericuetos de Caracol o de La Paquera; o por las músicas profundas que nos llegan desde los cuatro vientos en este raro tiempo de globalización.

Y es que David Palomar no sólo ha conocido el cuarto de los cabales, que también, sino el mp3, el myspace, los mass-media como nuevas caracolas del arte de las que aprenden los oídos más sensibles. El mismo es una nueva piel para una vieja ceremonia. La de lo jondo, pasando por el tamiz de unos pantalones vaqueros, una barra de aluminio, un lingotazo de nombre inglés, las mismas calles de siempre que sin embargo no son las mismas. El miedo guarda la Viña, dice el refrán. A La Viña de Cádiz, no. A ese universo urbano lo guardan la gracia de su pueblo, el tres por cuatro que hermana al carnaval con la bulería y las hechuras de ese artista cuya garganta sabe viajar por el mundo pero sin olvidar jamás el camino a casa.

Juan José Téllez

 

www.bujio.es

 

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