30 aniversario de la Sala Sol (Loquillo y Siniestro Total)

Escrito por Fernán del Val
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Domingo, 25 Enero 2009 22:07
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Hace 30 años comenzaron a pasar en España muchas cosas, entre ellas destacaban unos jóvenes con aires extraños que querían hacer rocanrol. Así que en Madrid surgió todo un circuito de salas que empezaron a programar conciertos todos los días, para alegría de esos jóvenes. Y una de ellas, el Sol, ha entrado en la crisis de los 30 con muy buen pie, celebrandolo con conciertos interesantes.

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El primero de ellos, el pasado lunes 13, reunió a Loquillo con Hugh Cornwell (The Stranglers). Para la ocasión el rockero catalán estrenó un formato nuevo, el acústico, acompañado por Igor Pascual y Jaime Stinus a las guitarras y Laura Gómez al contrabajo. Parecían más una banda de atracadores de bancos que otra cosa. El Loco es un tipo que ha sabido crecer como artista y como persona, y amoldarse a sus circunstancias vitales. No se ha quedado estancado ni ha querido vivir de antiguos éxitos, sino que es un artista en busca de la obra perfecta. Su presencia en el escenario de el Sol apabulló a la concurrencia. Pocas veces se habrá visto a tanto “tío duro” rendido a los pies de otro macho.

El formato acústico permitió a Loquillo mostrar sus dotes teatrales en escena. Un guiño, un golpe de mano, un giro, y el público estallaba en aplausos. Es el mejor frontman español y lo sabe.  Como telonero de Cornwell Loquillo apenas interpretó 5 canciones de su último disco, Balmoral. La fórmula acústica funcionó, a pesar de algunos problemas de sonido. El público demostró su devoción por Loquillo, celebrando cada tema con sólo oír unos acordes. Parecían fieles seguidores de un nuevo mesías. Con El Rompeolas, uno de sus clásicos, Loquillo dio finalizado un concierto que encantó pero que supo a poco.  

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Al día siguiente el desembarco musical vino de la otra punta norteña, de Vigo: Siniestro Total. En este caso la banda parecía más un grupo de mafiosos, lo que se acentuaba por el nuevo peinado de Julián Hernández, cada día más parecido a Jack Nicholson. Los vigueses son un seguro en concierto, una máquina perfecta que suelta hits por doquier, aunque esta vez el grupo rebuscó en su extensísima discografía, recuperando antiguos temas como “Volanterio cabrón” o “Somos ultraístas”. Con “Alégrame el día” la cosa se empezó a animar, y aquello fue un no parar: “Matar hippies en las Cíes”, “Hey hey Vigo”, “El enemigo parpadea”, y las inevitables “Bailaré sobre tu tumba”, “Miña terra galega” y “Atatollah”. 

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 Loquillo y Siniestro reflejan dos formas de entender el rock. El primero, como la búsqueda continua de la renovación, de la sorpresa. Los segundos, como una celebración continua, una fiesta auditiva. Ambas propuestas convencen, si los que las afrontan tienen algo que decir.

Fotos:  Paula Hernández y Jaime Alonso

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