No faltaron ni un solo segundo las buenas vibraciones. Rozalén en Córdoba.

Escrito por Edith López
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Lunes, 08 Julio 2019 23:16
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Nos encontrábamos el pasado domingo en el teatro al aire libre de la ciudad de Córdoba, el Teatro de la Axerquía, frente al escenario con una decoración bastante florida, y ante más de 3.500 personas expectantes que agotaron rápidamente las entradas para ver a la artista Rozalén, que nos presenta su último trabajo, “Cuando el ríos suena…”

Tras el rato de espera, llegan los músicos al escenario: Ismael guijarro a la guitarra y la percusión, Samuel Vidal y Oliver Martín a las guitarras, Goyo García al bajo, Tete Moragón a la batería y Álvaro Gandul al acordeón, quedando Beatriz Romero, traductora al lenguaje de signos, al centro del escenario, y la cantante aún por llegar.

Comienza a sonar el poema “No te salves” en voz del propio Mario Benedetti, mientras Beatriz ayuda a escucharlo a aquellos que no pueden. Termina este y llega Rozalén para cantarnos “Será mejor” y, justo después, “El hijo de la abuela”.

La artista confesó que llevaban mucho tiempo sin pasar por Córdoba, e indicó que no sabía por qué, al probar al mediodía el salmorejo. Decía que, a pesar de llevar tantos conciertos, llevaba tiempo sin darle “cosica” al ver tanta gente ante ella, y que hasta la luna había asistido esta noche a verla, con estas palabras, todo el público se giró y alzó la vista para ver tras de sí al satélite como espectador. Tras esta pausa que sirvió también para reflexionar, continúa con la música: “Vivir”, “Ahora”, “Para los dos”.

Antes de continuar con “Justo”, nos cuenta un poco sobre ella y su familia, y nos vuelve a invitar a reflexionar: “En este último disco he contado un montón de historias de mi casa que tienen que ver con la historia del país y con la política. He aprendido mucho en estos dos años, tenía miedo porque iba a decir cosas que duelen en mi casa y que duelen a mucha gente; muchos han dejado de escucharme, pero he aprendido que está bien contar lo que duele”. Nos cuenta la historia de Justo, el hermano de su abuela, quien fue el único del pueblo en no volver de la guerra. Cuenta que gracias a esta canción ha encontrado la fosa común donde están los restos de Justo, y le ha podido decir a su abuela dónde ir a llevarle flores. Así, con el público lleno de emoción, la piel erizada y un fortísimo aplauso, da comienzo a dicha canción.

“Después del sofocón, cantamos una muy alegre. De Mordor a Disney”, dice la artista, para dar comienzo a “Las hadas existen” canción que compuso para sus amigas.

También hizo referencia a otra artista de la música, mientras nos contaba como introducción a “Antes de verte”, que una vez que quedó con uno de sus ídolos, antes de la cita, tomó alguna copita de más debido a los nervios, y que “una copita de más… malamente”.

Llega el momento en el que tan sólo quedan en el escenario Rozalén, guitarra en mano, y Beatriz, para tocar “La llorona”. Acaban y vuelve el teclista, ahora con los tres en el escenario suena “La belleza”.

Tras estas canciones pausadas, regresan los músicos al escenario bailando llenos de energía mientras tocan con sus instrumentos “Me arrepiento”.
Continúa entonces la música sin pausas: “Tu nombre”, “Asuntos pendientes”, “Somos”, “Bajar del mundo”, “Vuelves”, “Comiéndote a besos, que fue el público quien cantó la primera estrofa mientras la cantante, tras la primera frase quedó callada, sujetando el micrófono hacia el público. Tras “80 veces” agradece y presenta a quienes hacen posible el espectáculo, quienes “están delante y detrás del escenario”, el técnico de luces, los conductores, los trabajadores del teatro; y sin pausa, comienza “Saltan chispas”, con la que el público entero alza los brazos, balanceándolos de derecha a izquierda con cierta descoordinación.

Sonaba a despedida, abandonaron el escenario. Sin embargo, pronto volvieron con “Dragón rojo”, y el técnico de iluminación pintaba de este color el escenario.

Durante uno de sus temas estrella, “La puerta violeta”, los trabajadores de seguridad del teatro abrieron la valla que separa la pista de las gradas, dando acceso a la pista a quienes estaban sentados. El público, sin correr y respetando perfectamente la fila, aceptó encantado esta invitación, llenando la parte baja del teatro.

Finalmente, para dejar con buen cuerpo a los asistentes, tocan “Girasoles”, incitando a todo el mundo a bailar. Cuando esta termina, se despide presentando a todos los componentes, mientras los nombraba uno a uno, se adelantaban para mostrar cada uno de ellos sus dotes de bailarines durante unos segundos, y salir del escenario en fila india, eso sí, sin dejar de bailar en ningún momento.

En definitiva, un concierto lleno de emoción, sentimientos y reflexión, en el que no faltaron ni un solo segundo las buenas vibraciones.

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