SUPER FURRY ANIMALS, Sala Joy Eslava

Escrito por Ángel Cánovas
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Martes, 27 Noviembre 2007 12:22
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Mucha pose y poca chicha

 

La primera gran descarga de sonido del Wintercase llegó con Super Furry Animals. Pop lisérgico cosido al terrorismo escénico (en el mejor sentido de la palabra). Un grupo en el que el guitarrista es capaz de mascar una zanahoria mientras toca uno de sus éxitos, o incluso que el cantante se coloque un casco de un metro de diámetro para cantar. Una imagen que recuerda a la película de Mel Brooks, La loca historia de la Guerra de las Galaxias, vaya unos insolentes. Eso fue sin duda, lo mejor del concierto. Una pena que el público no pudiese subirse al escenario para pegarle en el casco que tenía en la cabeza, yo sinceramente me quedé con las ganas. 

La banda galesa, nacida en el año 1993, y con ocho discos a sus espaldas mostraron en Madrid el dragón que todo galés lleva dentro. Empezaron tranquilos, sin sobresaltos, llevándonos con su pop psicodélico a un estado de calma inquieta, que fueron cambiando hasta que nos pusieron a bailar y saltar de la emoción, gracias a su música irónica e inteligente. Fue una pena que este momento de excitación colectiva sólo durase unos minutos. Demasiado corto este instante de inspiración. Y demasiado corto un concierto en el que parecía que la banda quería irse a dormir al hotel cuanto antes. Parecían cansados, sin fuerzas, con pocas ganas de seguir. Eso se nota. Porque a su música le faltaba intensidad y a sus bromas gracia y frescura. Ni siquiera clásicos de su disco Phantom Power, como Hello Sunshine o Golden Retriever consiguieron animarnos demasiado. Cuando acabó no se escuchó un aplauso cerrado. En términos taurinos, lo podríamos definir como silencio con algunos vítores (posiblemente de los fans incondicionales porque otro que no sea fan incondicional no creo que se atreviese). 

La gente esperaba más, y no es que el respetable se mostrase muy descontento con la música o con el repertorio. Pero no terminaron de conectar con una audiencia que demandaba más de todo y menos pose. Faltó más psicodelia, fuerza, ritmo,... Y les sobró arabescos, que están muy bien, siempre y cuando la verdadera chicha que te lleva al concierto, la música, lo demanda.   

En definitiva, el pistoletazo de salida tuvo más oscuros que claros, en un concierto que seguro no será recordado como una noche mágica de la música en directo...ni de coña. Más bien, como un día oscuro y gris en el que no pudieron saludar el amanecer prometido que pregonaban los Super Furry Animals. Una pena.