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Crónica de MAÑANA en la Malandar de Sevilla

Poradmin

Feb 26, 2012

 

Hará poco más de un año que escribí que “mañana van a ser unas estrellas y nada va a poder evitarlo”. Pues bien, sí que hay algo que lo puede evitar: ellos mismos.

 

Lo que se vio en la Malandar de Sevilla fue una cosa casi inexplicable. No se puede entender cómo un grupo que lleva 5 años tocando y va por el segundo disco se ponga delante de su público, en su ciudad, en la presentación de su nuevo trabajo, y den una impresión tan poco ensayada, tan mal trabajada, con momentos aceptables y con otros, la mayoría, rozando la cacofonía, en caos sonoro, el despropósito.

 

Qué diablos, si han sido revelación del Contempopránea en el 2010, si han tocado en Radio 3, y ahí están esos vídeos para demostrar que es cierto, y que sonaron muy bien, si su primer disco es una joya y el segundo, aunque quizá no tanto, sigue siendo interesante, ¿pero qué es lo que ocurre? Hay que decir que el principio cuajó. El “Vals de la autoayuda”, el corte que abre “Se acabó la rabia”, su nuevo trabajo, auguraba un buen concierto. El nuevo rumbo que ha tomado el grupo, pasando del folk-rock de antaño a meter sintetizadores y efectos, parecía que empezaba bien, sensación que se confirmaba a medias cuando atacaban “Cenizas por errores”.

 

Pero a partir de ahí se metieron en una deriva que empezaba a rechinar. Cuando un grupo se pasa casi más tiempo en el suelo afinando instrumentos o toqueteando pedales que de pie haciendo sonar canciones es que algo no funciona del todo. Quizá sea por falta de técnica, o que no estaba del todo ensayado, o los nervios de las nuevas canciones, o que éstas requieren controlar unos cacharros que en realidad no dominan. O, quién sabe, no tuvieron su día. Pero canción que tocaban, canción que se escuchaba peor. La voz sonaba a enlatada, la batería y el bajo, por momentos, se descoordinaban, los teclados (lo mejor del grupo) eran excesivos, y las guitarras… las guitarras eran un desastre. Para cuando llegó “Tres deseos” la cacofonía era asfixiante. La banda había perdido el rumbo, el nervio, sonaba blanda amateur. Los sonidos, en vez sumarse, se interponían unos a otros, parecía que se daban codazos.

 

El grupo dejó de ser uno a ser una pelea entre cinco. El público lo notaba y, aunque se sabía las letras, apenas si se movía del sitio. El concierto decepcionaba, pero el batacazo mayor apareció en “El momento en que perdí”. La canción estrella de su anterior trabajo sonó horrorosa, aunque la siguiente, “Desiste”, el adelanto de su nuevo disco, subió el listón y se situó como lo mejor de la noche. ¿Quizá estaba más trabajada? ¿Quizá tenían más claro los botones que había que pulsar? ¿Igual es que estaba currada, de verdad, a base de horas en el local de ensayo? Porque, al acabar la noche, el pensamiento que se me repetía era el mismo: ¿Es que no se han trabajado el concierto? A mí Mañana me gustan. Sus canciones, ésas que genera su frontman, me parecen maravillosas. Cristóbal Colom es un buen cantante y tiene una capacidad innata para escribir temas estupendos. Sus canciones están llenas melancolía, dulzura, tienen emoción y poesía, un punto de oscuridad perdedora y una pizca de iluminada esperanza.

 

A pesar de su juventud, tiene tablas y carisma, y un áurea a lo Nacho Vegas que me dice que puede ser grande. Pero el grupo, como músicos, como sensaciones juntas, o trabajan mucho, muchísimas horas, o en esta nueva singladura, en vez de confirmarlos, se van a dar un gran batacazo. Al final se sacaron dos bises: “Si esperas a Godot”, más bien mal, y “Río abajo”, mucho mejor, aunque no sirvió para paliar un desastre de concierto que a mí, como fan del grupo, me dio auténtica pena. ¡Trabajen más, por favor!

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