Foo Fighters – Wasting Light

Escrito por Ignacio Moreno
Categoría: Discos internacionales Creado: Lunes, 02 Mayo 2011 19:52
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Cuando un dinosaurio cuarentón de esto del rock diga que va a hacer las canciones más heavys de su carrera, que va a trabajar con el productor que antaño ayudó a definir todo un estilo y que el disco va a ser una bomba no te lo creas demasiado. Casi siempre es la típica estrategia para crear expectación e intentar conquistar a antiguos fans decepcionados. Sin embargo, cuando el que lo diga sea un tal Dave Grohl, el productor se llame Butch Vig y la banda responda al nombre de Foo Fighters, empieza a pensar que hay riesgo de que sea verdad. Porque lo que ha salido de esos meses grabando en el puñetero garaje que David tiene en San Francisco es un retorno a la raíz más cruda, salvaje y enérgica del rock con mayúsculas. Porque el sonido es de verdad el de antaño, el de las guitarras limpias del grandioso Nevermind, el de los riffs y estribillos de Led Zeppelin, el de la fuerza del hard rock y el de la furia desbocada de los Stooges, y porque las melodías ásperas y melancólicas de la banda del ex de Nirvana jamás han sonado tan fuertes, duras y contundentes.

 

 

 

Wasting Light, que así se llama el engendro, es un disco impresionante, una vuelta a la vitalidad adolescente ejercida desde la madurez, artística y emocional, de un grupo que ha escrito probablemente la página más brillante de su larga carrera. Un álbum tremendo en el que el rock sobresale y se exalta desde un sonido homogéneo y coherente en el que las guitarras, sin grandes pretensiones ni alardes, son las protagonistas y referentes totales, y que por supuesto está lleno de pinceladas en forma de influencias y estilos. Canciones de esencia Foo Fighter en el single “Rope” o en “A matter or time”, rock coreable ochentero en “Miss the misery” cercano al grunge en “Arlandria”, heavy metal de toda la vida en la desgañitante “White limo”, sensibilidad y corazón en las fantásticas “I should have known” y  “Dear Rosemary”, in crescendos bestiales en “Walk”, coqueteos nu-metaleros en “Bridge burning” y, sobre todo, furia, rabia, pasión, exaltación salvaje y desencadenada, en todo el minutaje del disco.

 

 

 

 

 

Un trabajo que puede costar en entrar, que aparece algo plano al principio, pero que crece cada vez que se escucha, que se aprecian los detalles, que contagia, que convence, que te llena de sangre las venas y que termina por conquistarte. Un disco para los amantes del rock, el de toda la vida, hecho por un personaje que en su mediana edad ha dado el paso más firme y decisivo de su ya extensa carrera hacia para ser un nombre imprescindible en la música de las últimas 3 décadas. Impresionante.