Críticas de discos

Arcade fire – The suburbs (2010)

Escrito por Ignacio Flores Moreno
Categoría: Discos internacionales Creado: Sábado, 21 Agosto 2010 16:22
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Cuando un disco levanta tanta expectación incluso antes de salir al mercado, cuando toda la prensa, nacional e internacional, es casi unánime sentenciando poco menos que es el mejor álbum del año sin ni siquiera estar en las tiendas, es que algo debe tener. Pero es que a mí estos Arcade Fire... pues siguen sin emocionarme, ¿qué puedo hacer?

Arcade fire son los nuevos “freak” de la música rock. El grupo es, en sí mismo, una rareza. Nacidos en Montreal de la unión (musical y matrimonial) del cantante texano Win Butler y la multi-instrumentista canadiense de ascendencia haitiana Régine Chassagne, y acompañados por una pléyade de músicos que tocan mandolinas, xilófonos, violas, ukeleles e incluso una extravagancia medieval llamada zanfona además de instrumentos más convencionales, realizan canciones de corte clásico e intenso con tintes de farándula romántica y decadente. Su debut “Funeral” fue bendecido por gran parte de la crítica como el mejor de 2004, y aunque su continuación “Neon Bible” no alcanzó tales cotas sí que consiguió colarse entre los mejores del 2007. Ahora regresan con nuevo disco que continúa en la línea de los dos anteriores. Y sin embargo...

 

… ¿sabes aquella película que entusiasma a tanta pero que a ti te deja más bien frío? ¿Ese concierto del que todos hablan y en el que tú apenas diste un par de saltos? ¿Esos discos de grupos míticos que no te acaban de convencer? ¿Esa chica impresionante que a ti no te interesa lo más mínimo? Pues algo así me pasa con Arcade Fire.

 

Y eso que me parece un buen grupo. Los músicos son estupendos, tocan con precisión, inventan mil arreglos, todos distintos, y suenan con un empaque propio de las grandes bandas. Se escuchan violines, guitarras, teclados, sintetizadores, sonidos extraños mezclados con instrumentos “normales”, todo muy orgánico e intenso y con un enfoque teatral que les da una atmósfera entre irreal o fantástica y cotidiana espontaneidad. Los vocalistas -los dos, marido y mujer- cantan con emoción, sintiendo aquello que entonan, con un puntito de desesperación, con una tremenda emoción y una personalidad arrolladora. La producción no puede estar más pulida, y conceptualmente también tienen mucho que decir (en este caso, el disco cuenta algo así como la vida en los suburbios de Texas).

 

Y que en el disco hay un poco de todo. Desde un inicio con piano que da título al álbum dedicado más o menos a los viejos “saloons” del centro oeste, un “Ready to Start” pretendidamente emocionante, a medios tiempos como en “Modern Man” o “Rococo”, éste último al parecer respondiendo a ciertos periodistas que los acusan de ser demasiado recargados instrumentalmente. Ritmo frenético sostenido por un enfervorecido violín con la preciosa voz de la vocalista en “Empty Room”. Canciones temáticas con cierta inspiración a la electrónica de los 80 como las dos partes de “Half Light” (con un final realmente intenso) o las de “Sprawl”. Rockabilly sucioy moderno  (Month of May) y canciones cándidas de “do-do-ah” como en el caso de “Wasted Hours”.

 

Y que tiene un un ambiente, una oscuridad, una fuerza y una pasión propio de obras maestras. Un cruce muy espontáneo entre la parte más melódica de Depeche Mode y la más rotunda del Neil Young más medio-americano.

 

Y sin embargo... pues que las canciones no me dicen apenas nada. Las escucho y no me llegan. Simplemente, no me emocionan. Les reconozco un gran mérito, pero cuando un artista no te entusiasma hay poco que hacer. Me pasa con clásicos como los Byrds, con míticos como Pearl Jam y con artistas de culto como Wilco. Así que aquí estamos, todo el mundo hablando genial y yo sin saber qué decir. ¡A ver qué te parece a ti!

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