Hellfest 2013 - Jornada 3- Domingo

Escrito por Antonio Barrera
Categoría: Hellfest 2013 Creado: Sábado, 21 Septiembre 2013 12:06
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Y llegamos a la última jornada del Hellfest 2013. En mi caso ya había visto el grueso de las bandas que más me llamaban la atención, por lo que esta jornada se perfilaba más tranquila en cuanto a prisas y carreras para intentar no perderme a los grupos de mi mayor predilección. Aun así, fui sumando nombres a los conciertos que me ví, intentando el máximo provecho de un evento musical tan estupendo como lo era este festival.

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Eran los madrileños Haemorrhage. ¡Nada menos!, podríamos decir. Y es que Haemorrhage son de sobra conocidos por buena parte del público europeo del Metal más extremo.

 

Con una audiencia más bien contada y con gran presencia española (encontramos a algunos gaditanos y gente con banderas gallegas), Fernando y los suyos se presentaban para dar caña brutal a base de Gore Grind de factura ibérica.

 

Luisma y Ana en los extremos del escenario con las guitarras en ristre. Ramón al bajo y Jose en la batería. Todos con la indumentaria de médicos y enfermeros grotescos, ensangrentados y con muy mala leche. Fernando aparecía, como de costumbre, sin camiseta y con el torso cubierto de sangre (suponemos que sangre de pega).

 

Un concierto breve en tiempo pero con bastante intensidad. Haemorrhage hacían valer sus años descarnando oídos sobre las tablas. Un grupo de Goregrind en pleno funcionamiento con una puesta en escena bastante divertida. Con temas tan brutales como “Mortuary Riot” o “Festerfeast”.

 

Ciertamente Fernando era el centro de atención. Encarándose al público y echando mano de algunos “adminículos” que ataviaban las extremas notas que sacaban sus compañeros de los instrumentos.

 

Los adminículos eran brazos, cerebros y piernas de atrezzo que el cantante mordía y manoseaba mientras cantaba con entonación malicenta la letra de cortes como “911 (Emergency Slaughter)”.

 

Era inevitable rememorar grupos como los enormes Carcass, General Surgery o Regurgitate. Todos ellos de la misma quinta, por cierto. Todos con un gran nombre dentro de la escena Gore europea, incluyendo a los presentes, claro.

 

Haemorrhage hicieron un buen show y seguramente se merecieron más público y una hora más agradecida para tocar. Una banda extrema con un buen sonido y una propuesta entretenida de ver. Pienso que los pocos reunidos lo pasaron en grande con canciones como la genial “Hospital Thieves”, que Fernando presentó como: “Ladrones de hospital, ¡hijos de puta!”.

 

Ya digo que transmitieron muy buen rollo que se veía cuando los propios asistentes al concierto imitaban los movimientos del frontman, haciendo como que se rajaba el estómago y devoraba sus intestinos o que cavaba una tumba. No obstante, creo que Ana recibió algún piropo algo subido de tono que no le gustó demasiado.

 

“Flesh-Devouring Pandemia” y tiempo para poco más. Pero vamos, que nada mal para ir despertándose.

 

Y pasamos a Krisiun. Con un tiempo igualmente contado pero también con toda la calidad que los hermanos Camargo Kolesne llevan consigo.

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Alex, Moyses y Max son hermanos y residentes en Ijuí, Brasil (…). Supongo que llevan toda su vida tocando juntos, aunque Krisiun funcionan desde 1.990. Así que, por lo menos, llevan 23 años de compenetración a la hora de tocar un Death Metal muy legítimo. Su música no trata de ser renovadora ni nada de eso, más bien ancla el estilo en las bases del género. Tal vez por eso no han adquirido la notoriedad de sus paisanos Sepultura, aunque también es cierto que apostar por un concierto de Krisiun es apostar por Death Metal, caña y buen hacer musical.

 

Los he visto en varias ocasiones anteriores y en esta ocasión volvieron a cumplir. “Kings Of Killing” arrancaron su tiempo, para continuar con “Combustion Inferno”.

 

Ritmos impresos a toda pastilla en el doble bombo de Max, para que la agria voz de Alex combinara con su propio bajo. Y Moyses con una guitarra que despuntaba en los rápidos solos. Iba apareciendo bastante gente para sus dosis pertinente de Death Metal, reconociendo que, aunque tocaran temprano, Krisiun es un nombre que merece respeto.

 

Una música con temperamento y garra, de pocas licencias en cuanto a florituras y parafernalia. Con presentaciones escuetas y agradecimientos al público, para centrarse en tocar; por ejemplo “The Will To Potency”, del último álbum de estudio “The Great Execution”. Un arranque fenomenal y contundente, que se aceleró para que la peña se agitara en un incipiente pit. La melodía y los cambios de ritmo incitaban a ello. Creo que sonó de lo mejor y, aunque no fuese uno de los mejores temas en cuanto a composición, funcionó genial en directo.

 

“Vicious Wrath”, un corte breve y que sacaba jugo a las guitarras afiladas de Moyses, también con una propuesta de ritmos muy acentuados que exaltaban la voz. Desde “AssassiNation” para remover el polvo de las inmediaciones del escenario y sacudir los cuerpos de los citados; algunos aún por desperezar.

 

Continuaban con “Vengeance’s Revelation” y perfilaban el final con “Blood Of Lions”. Todo en el mismo marco, con texturas muy duras y haciendo valer la fuerza que Krisiun siempre transmite en los directos. Como decía, es un grupo sobrio en su propuesta en vivo y se ciñen a exprimir su música, acelerando algunas guitarras hasta el vértigo.

 

Alex aprovechó para despedirse y citar a los asistentes para próximas ocasiones, así como para seguir disfrutando de las bandas que vendrían a continuación y también de la cerveza y de algunas plantas que se fuman… Krisiun en estado puro.

 

Continuamos con Pig Destroyer. Más Grind, desde los EE.UU., esta vez.

 

No pude ver más que la primera mitad de la actuación, pero pude deleitarme un poco con cortes como la inicial y breve “Sis”, intro incluida.

 

Con otros temas como “The American’s Head” o “Valley Of The Geysers” quedaba establecido el perfil con el que los de Washington se presentaban en este Hellfest 2.013. Esto es, un Grind bronco y rápido, con melodías guapetonas y un buen sentido del ritmo.

 

La banda tiene unos cuantos discos ya y, sobre todo, un buen puñado de splits y singles en una trayectoria de tres lustros.

 

Una formación de cuatro tíos bastante dinámicos sobre las tablas, que daban rienda suelta a toda su energía. Scott Hull en la guitarra brutal y Adam en la atronadora batería. Luego, Blake a cargo del teclado y todo ello para que J.R. Hayes se desgañite y revuelva como loco, micro en mano.

 

“Eve”, “Scarlet Hourglass” y algún tema más fueron cayendo mientras yo les echaba una oreja. No los había visto antes y me pareció que dieron un show muy digno, al menos durante ese rato. Pero vamos, finalmente me tuve que retirar y dejé las inmediaciones del escenario The Altar con bastante gente presente y los focos destellando al endiablado ritmo de la música.

 

Al rato me fui a The Temple para ver la actuación de Ihsahn y su grupo. Sobre todo iba a verlo actuar porque nunca he visto en directo a Emperor. Es una frustración que tengo, tras haber escuchado sus discos y no haber tenido la oportunidad de ir a un concierto. Así me quitaría un tanto el gusanillo (poco, en realidad) con el show de, al menos, la tercera parte de una de las mejores bandas de la historia del Black.

 

Desde luego, sabía que no iba a sonar “I Am The Black Wizards” ni nada de eso. Y además la propuesta musical actual de Ihsahn no anda por los mismos parámetros que cuando andaba con Samoth y Trym.

 

“On The Shores” arrancó un repaso de los dos últimos álbumes sacados por el insigne frontman. El setlist se fundamentó en “After” y “Eremita”. Personalmente pensé que algo caería de los dos primeros de su trayectoria en solitario; al fin y al cabo “After” fue el tercero de una trilogía.

 

La música era un Metal extremo de texturas muy experimentales donde los teclados representaban una parte importante. En este sentido, el keyboard Einar Solberg se hacía muy patente con melodías refrendadas por las guitarras de Tor y Oystein.

 

“Arrival”, de “Eremita”,  siguió la tendencia de un sonido oscuro, sofisticado y con bastante gusto musical. Ihsahn es un gran músico y creo que nadie lo duda, y hace gala de ello con las composiciones que crea para sus discos y representa muy fielmente en directo. Para ello echa mano de Rein en el bajo y Tobias en la batería, junto a los anteriormente citados. La voz, característica y personal, sigue siendo la del propio Ihsahn, alternando voces limpias y ásperas y también las segundas voces de Tor, Oystein y hasta el propio Einar.

 

“The Paranoid” y “Frozen Lakes From Mars” dejaron también buenos sonidos en las guitarras, que siempre resultan importantes en las composiciones de la banda. Algunos punteos con clase sumaban enteros en la valoración global. Ya digo que no se podía esperar uno nada puramente Black ni nada de eso, sino que había que acudir sin prejuicios y con la menta abierta, incluso con predisposición y atención a los detalles y matices de las canciones de los noruegos. De otra manera, el show podía volverse incluso tedioso.

 

Con “A Grave Inversed” y “The Grave” dieron conclusión al tiempo del que dispusieron Ihsahn y los suyos. Sonaron estas algo más fuertes y agresivas, seguramente más próximas al pasado del vocalista, aunque manteniendo los cambios de ritmo acentuados y las armonías más experimentales.

 

En fin, que supieron reflejar bastante bien lo que saben hacer en estudio (aunque los álbumes los graba básicamente Ihsahn en solitario o con poca ayuda) y resultó un show muy representativo del sonido que maneja la banda. No estuvo nada mal, ya que el miembro único de la formación es un gran músico, aunque también reconozco que no será el mejor recuerdo que guarde del Hellfest.

 

Y pasamos a The Valley para ver un poco de la actuación de Spiritual Beggars. No estuve mucho tiempo pero me apetecía ver algo de lo que proponía la banda donde también milita Michael Amott, aparte de Arch Enemy (por cierto, caídos del cartel y sustituidos por Napalm Death).

 

Una banda de Stoner Metal con un gusto musical muy rockero, con una propuesta entretenida y que consiguió congregar a una buena parte de la parroquia del Hellfest.

 

Arrancaban con “Left Brain Ambassadors” y su sonido denso, recargado en el bajo del otro “archienemigo”: Sharlee D’Angelo. Me gustó el fondo rítmico de la batería de Ludwig, con un estilo simple pero muy rocker. Luego el propio Michael, que resultaba la fuerza de la banda con sus magníficas guitarras. También andaba por allí el teclista Per Wiberg, que reclamó presencia con un sonido sintetizado muy cercano al de bandas setenteras.

 

Mención especial para el alma y el feeling que imprime Apollo Papathanasio con sus movimientos sobre el escenario mientras se marca las letras. En verdad que se volcó para congraciarse con los espectadores, desde el principio y cuando continuó con “Turn The Tide”.

 

Un Stoner endurecido pero de un sonido accesible y que conectaba en estas horas de la tarde y parecía tributar a grandes nombres, pioneros del Hard Rock & Heavy Metal.

 

Con “Fools Gold” me fui retirando porque quería ver un poco de todo de entre los escenarios que se simultaneaban. La verdad, y visto con cierta perspectiva, quizás más me hubiese valido centrarme en unos cuantos conciertos y aprovecharlos un poco más, en vez de ir saltando de escenario en escenario. Pero bueno, es lo que tiene el afán de ver mucho y bueno dentro de un evento tan formidable.

 

Continuamos con Korpiklaani. De nuevo en The Temple, para contemplar de nuevo el show de Folk Metal tan característico de los finlandeses de Lahti.

 

Con la banda plantada y cubriendo el espacio del tablado, Korpiklaani presentaba su última obra “Manala”, empleando para ello “Ruuminmultaa”. No he oído aún este disco pero, escuchando canciones como esta o las posteriores “Rauta” o “Ievan Polkka”, me hago cargo de que siguen siendo los mismos: folklóricos, fiesteros y cerveceros. Sí es verdad que estos cortes no los destacaría dentro de su discografía, aunque “Ievan Polkka” creo que sobresalió con más gancho que las otras. En fin, que no parece que hayan hecho con este el mejor disco de su trayectoria, ni mucho menos. Pero bueno, con buen talante y ganas de pasarlo bien, estas canciones cuadraban bastante bien dentro de un setlist típico de los fineses.

 

Seis tipos muy peculiares sobre el escenario. Cane y su eterno sombrero a cargo de la guitarra, el rechoncho y cada vez más barbudo Jarkko en el bajo, y Matson con la batería. La parte más folk a cargo del violín de Tuomas y el acordeón de Sami. Y luego la voz y presencia del vocalista, del simpático frontman Jonne Järvelä. Un tío muy en su sitio, dada su dilatada trayectoria en grupos del Folk Metal.

 

Con cortes como “Vodka” sí consiguieron gran acogida. Muy divertidos ellos y también los asistentes al concierto, enganchados ya con la banda Suomi. Realmente era lo que se esperaba de Korpiklaani.

 

“Wooden Pints”, un clasicazo donde los haya para estos tipos, mantuvo ya el ambiente genial y festivo hasta el final, con muchos brazos en alto y gargantas coreando el estribillo. Pero vamos, que sería “Beer Beer” el culmen de su show. “Beer Beer” agitó melenas, activó pies inquietos y sirvió de inmejorable excusa para dar unos buenos tragos de cerveza (sobre todo aquellos que la llevaban en sus drinking horns) al mismísimo son de su melodía. Pocos himnos alcohólicos funcionan como esta. Sólo por eso valía la pena estar por allí.

 

Pero Korpiklaani terminó y pasamos a otro asunto. Alterné escenarios y ví un poco de aquí y de allí. Me paseé por donde andaban los Wintersun, también desde Finlandia.

 

Un Metal mucho más sinfónico, más melódico y también más duro (aunque parezca contradictorio) que sus paisanos. Wintersun se gustan tocando melodías elaboradas y majestuosas. Grandilocuentes para algunos, pero bueno, sobre gustos… Lo cierto es que llenaban la carpa de Metal extremo con sus armonías y composiciones de temas como “Sons Of Winter And Stars” o “Land Of Snow And Sorrow”.

 

Canciones largas, con bastantes variaciones para que se luzcan los cuatro de Helsinki. Cada uno en su instrumento, aunque en la música destacaban las guitarras más que en los discos. Supongo que la enorme producción de los álbumes pasaba a un espectro más directo en el show, a través de las cuerdas de Jari y Teemu. La voz del propio Jari resultaba ruda, pero le daba un buen punto Death Metal.

 

Con “Winter Madness” me retiré, oyendo los ritmos vertiginosos y cambiantes propios de Wintersun.

 

También recalé un rato donde Dark Funeral se explayaban con su propuesta de crudo Black Metal, corpse-paint incluido.

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Hacía unos años que los ví por última vez, aunque la formación era la misma que en esta ocasión, salvo por el bajista, que era B-Force por aquel entonces.

 

El bajista en esta noche era Zornheym, acompañando las guitarras de Lord Ahriman y Chaq Mol y la batería de Dominator. Todo ello para enmarcar la descarnada voz de Emperor Magus Caligula.

 

Me gusta de Dark Funeral unos ritmos que se trazan a gran velocidad pero que también permiten acomodar la escucha a ellos. Con temas como “Attera Totus Sanctus”, donde las guitarras lanzaban notas a toda velocidad bajo el pentagrama iluminado del escenario The Temple.

 

“The Arrival Of Satan’s Empire” u “Open The Gates” también sonaron dentro de un setlist que combinaba esos desaforados compases con cambios de ritmos gruesos y pesados, casi siempre hacia los finales. En este orden, Dominator me llama la atención al mantener la intensidad con una descarga de energía bastante mayor que su aspecto.

 

No sé muy bien si Emperor continúa siendo el cantante oficial de Dark Funeral, porque parece ser que se considera el frontman para los directos. Da igual y, de todos modos, es el cantante que necesita la banda. Su voz no se ciñe al shriek más Black. Creo que aporta un punto más personal que marca diferencia. Así lo ví en este Hellfest, más allá de la mera y prominente figura que no se movía demasiado del frontal del escenario.

 

La celebrada “Vobiscum Satanas” o “The Fire Eternal” permitían a los suecos marcar su espacio en la carpa más Black del Hellfest 2.013. Creo que el repertorio, que repasó buena parte de la historia de la formación, se ajustó bastante bien a un tiempo no demasiado extenso. Seguramente eligieron cortes de los más conocidos para reivindicarse de la forma más directa.

 

Si hablamos de “Stigmata” o “My Funeral” (con la que acabaron), no dejamos de hablar de Black, pero creo que fue un show que pudieron disfrutar aficionados a otros estilos extremos.

 

Me pasé por el Escenario 1 durante un rato (aún estaba inédito para mí en esta jornada) para ver quién andaba por allí y resultó ser el concierto que seguramente más gente aglutinó en la jornada. Se trataba del producto nacional con más reconocimiento en la actualidad: Gojira.

 

La banda de Bayona se presentaba como unos triunfadores en el escenario principal de “su” Hellfest. La verdad es que la ambientación creada por decenas de miles de fans que copaban la gran planicie frente al Maistage 1, era digna de vivirla. Yo no soy un seguidor de los hermanos Duplantier, pero he oído sus discos, claro. También los he visto con anterioridad y, sin dudas, esta se perfilaba como la ocasión propicia para disfrutar de su música en un marco inmejorable.

 

Pero bueno, también es cierto que ya andaban dando caña desde hacía un rato cuando me dio por ponerles la oreja. Por aquel entonces ya andaban con “The Heaviest Matter Of The Universe” o así.

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Bien plantados sobre el escenario y con un contacto muy próximo a un público entregado y enfervorecido, se dejaban llevar por un ambiente más que propicio. Llegaron, incluso, a crear un wall of death. Con tanta gente reunida, esto no es algo al alcance de todas las bandas. Gojira hicieron valer su posición de estrellas profetas en su tierra y parece que satisficieron las ganas de una gran banda gala en el Hellfest.

 

Con “L’Enfant Sauvage” y su trepidante ritmo, creando un Death melódico con mucha garra (aunque compositivamente no sea demasiado relevante), hicieron homenaje a un disco (homónimo) que les ha abierto definitivamente la puerta grande del Metal en Europa. La voz agresiva y áspera de Joe Duplantier compartía protagonismo con los acordes de su propia guitarra y la de Christian Andreu, muy acentuadas en los compases contundentes de la base rítmica impuesta por el bajo de Jean-Michel Labadie y la batería tan sonora del otro Duplantier; Mario en este caso.

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Entre cortes, parones para reponer fuerzas y para que Joe explicara “sus cosas” a los asistentes. Se notaba cierto feeling entre frontman y audiencia y se regodeaba un tanto en ello. Así llegaba la intro “Connected”, que empalmaban con “Remembrance”, como ocurría en el “The Link” de 2.003. Y al igual que en aquel, la musiquilla de redoble de baquetas daba paso a unas armonías aceleradas en el doble bombo, sobre la que las guitarras reiterativas marcaban el paso a la voz más Death que otra cosa. No obstante, un cierto halo industrial se me antojaba en la escucha, tal que me acordé de los Fear Factory en la época en la que Raimond Herrera usaba y abusaba de la percusión con ellos. Nada mal.

 

“Wisdom Comes” sería el momento más espectacular de la tarde para Gojira. Básicamente por el mayúsculo y monumental wall of death que citaba antes. Hay que remarcarlo y darle el gran valor que tiene porque el momento fue sensacional. Y aparte de ello, también comentar la fuerza que adquirió el corte, seguramente por la energía recibida y contagiada por el público volcado. La banda no era demasiado dinámica sobre la tarima, pero no escatimaron en headbanging.

 

Luego pasaron a un momento más calmado, donde Mario y Joe se marcaron una pequeña “Jam”, previa a “Fire Is Everithing”. Creo que sonó más dura que las previas y con un sonido más bruto. Quizás por ello, algunos aprovecharon para hacer un poco más de crowd-surfing hasta el mismo foso.

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En cualquier caso, yo aproveché y me fui marchando a otro lugar. Me había entretenido con este rato de Gojira, al igual que lo había hecho las anteriores ocasiones que los había visto en directo, pero fui a buscar alguna otra cosa que también me resultara interesante.

 

También anduve un rato por The Valley para reparar en el show de los Danzig de Glenn Danzig y sus secuaces. Había oído pocas veces a esta banda, así que me acercaba a su propuesta con la apertura de mentes que otorga la ignorancia y sin prejuicios sobre ellos. Para mí fueron uno de los grandes descubrimientos de este festival.

 

Cambiaron su actuación con los Ghost, de tal manera que estos actuarían para cerrar el Mainstage 2 y Danzig pasaban al prime-time de The Valley. Con una carpa prácticamente llena, las inmediaciones del escenario se abarrotaban de aficionados al Horror Rock.

 

Cuando llegué ya estaban en acción Glenn y los suyos, sonando las notas de la saturada “Skin Carver” y dando paso a una primigenia “Twist Of Cain”.

 

Creo que acertaron tocando en un escenario más pequeño, cubierto y cercano al público. La banda se encontraba casi accesible para una peña con muchas camisetas de los Misfits y se notaban muchas ganas de ver a los americanos.

 

Particularmente Glenn era el más próximo a sus fans, paseándose por el frontal del escenario y arrodillado para cantar cara a cara a sus acólitos.

 

“Am I Demon” continuó la serie. Con un estilo Hard Rock y una buena carga Doom, con guitarras oscuras en los dedos de Tommy Victor. Un bajo denso en manos de Steve Zing secundaba los ritmos de las baquetas de Johnny Kelly. Y la personal voz de Glenn que oscurecía aún más las entrañas de la música.

 

Danzig parece haber ido conociendo sensibles variaciones en su estilo a lo largo de su trayectoria, y esto parecía reflejarse un poco en algunos temas. Pero vamos, en lo que a mí respecta, creo que el show en general resultó notable. Con canciones más destacadas y otras menos, pero fue hora y media (más o menos) realmente jugosa.

 

“Her Black Wings” dejó algunos destellos de gran guitarra en el solo, aunque los ritmos sonaron un tanto pausados. Eso sí, los coros no faltaron para el estribillo.

 

Glenn enseñaba su musculada figura con el micro pillado boca abajo y cantaba las siniestras melodías de temas envolventes como “Blood And Tears”, refundadas por riffs sencillos pero encantadores. Un gran momento.

 

“Do You Wear The Mark” sacudió un poco al público con la energía desbordante y atronadora que contiene. Un tema duro, directo y muy Heavy.

 

“Dirty Black Summer” fue el final de la primera parte del concierto, donde Glenn acaparaba todas las miradas, con sus poses desafiantes y paseos por un escenario decorado por una gran bandera de fondo y un par de enormes esculturas, todo con el logo de la banda.

 

La segunda parte arrancaba cuando el señor Danzig presentaba a un segundo guitarrista para las siguientes canciones. Se trataba, nada menos, que de su antiguo compañero de Misfits: Doyle.

 

Sí señores y señoras, Doyle aparecía con sus pintas tradicionales. Esto es, torso desnudo, cara pintada y su pelo formando una enorme punta que la caía sobre la cara. Su primera intervención fue para marcarse “Death Comes Ripping” junto al resto de Danzig.

 

A partir de ahí, Doyle Wolfgang Von Frankenstein iría entrando y saliendo de escena para tocar varias canciones de los antiguos Misfits, de la época en la que Glenn y él militaban en la banda de Horror Punk.

 

Así, “Vampira”, “I Turned Into A Martian” o “Skulls” deleitaron los oídos de muchos de los concurridos.

 

Personalmente recuerdo alguna conversación con conocidos que vieron en su día a The Ramones, por ejemplo. Con unos cortes que encontraba en la misma honda de estos, también pensé que yo podría contar que había visto a Danzig con Doyle, incluso a los colegas cuando volviera a España. Ya digo, me encantó el concierto.

 

Otro tema de los míticos que levantaban los ánimos era “Astro Zombies”. Todas las covers andaban en los mismos términos de velocidad, agresividad y Punk Rock (pero del de verdad, no de ese que hacen ahora los grupillos de adolescentes), pero “Last Caress” sonó como un trueno. Especialmente bien recibida, para terminar el setlist antes de los bises.

 

El primer encore retomaba la historia de Danzig mediante “Not Of This World”. Aclamados en su reaparición, prepararon el ambiente con este tema añejo para el corte más esperado de la noche. Llegó el turno de una “Mother” coreada hasta la saciedad para advertir al resto del recinto que en The Valley se estaba cociendo algo bueno. Un par de bises bien elegidos para reventar la carpa y, si no, ahí venía la segunda tanda.

 

El segundo encore fue a cargo de otro par de cortes. Esta vez nuevas versiones de Misfits: “Bullet” y la archiconocida “Die, Die My Darling”. Intentaron un final por lo alto y, desde luego, lo consiguieron. Yo lo flipé y recuerdo este como uno de los shows más interesantes del Hellfest 2.013.

 

Me pasé por The Altar para ver a Hypocrisy. La formación liderada por Peter Tägtgren (enfundado hoy en una camiseta de los Exploited) que se presentaba entre una gran expectación. Bastante gente ante el escenario donde aparecía uno de los tipos con más caché del mundillo Metal europeo.

 

El recital arrancó presentando la obra más reciente de la banda. “End Of Disclosure” es el nombre del último disco de los suecos, así como el de la canción que iniciaba su tiempo bajo un telón de luces azules que sólo dejaba intuir las figuras de la formación. Bueno, un corte algo lento para mi gusto. Parecía que arrancaban poco a poco.

 

Repitieron disco con “Tales Of Thy Spineless”. Mucho más agresiva y ahora sí dieron rienda suelta a la fuerza que encierra la banda. De hecho, yo estaba esperando ver cómo se las manejaba Horgh en la batería. Me parece un percusionista tremendo y alucino con los ritmos brutales que impone.

 

También se marcaron “The Eye” del mismo disco, eso sí, alternada con una melódica “Fractured Millenium” donde sonaron especialmente las guitarras del propio Peter y el guitarrista auxiliar para directos de la banda: Tomas Elofsson.

 

El repaso por los temas más clásicos de Hypocrisy recaló en “Fire In The Sky” o “Necronomicon”, con multitud de headbangers y moshers agitándose en las inmediaciones del escenario, a la vez que los propios músicos. Sobre todo con la segunda, claro.

 

Lo cierto es que, por lo que se llevaba oído, el concierto sería de un Death muy melódico. El sonido de sus primeros tiempos, con un Death más “basto”, se diluía entre acordes más accesibles y con una producción más elaborada. Cierto que la fuerza del directo da un plus de carácter a los temas, pero también tengo que decir que me daba la sensación de que tocaban de manera demasiado técnica.

 

Peter Tägtgren es un grandísimo músico, buen guitarrista, vocalista y prestigioso productor. Lo que pasa es que en este show del Hellfest 2.013 veía a una banda bien acoplada y tocando muy correctamente, pero (siempre en mi humilde opinión) con falta de feeling, demasiado fríos y centrados en los acordes. También es verdad que son suecos, hacen Melodic Death Metal y es lo que cabría esperar, pero me hubiese gustado que los temas en vivo sonaran con algo más de espíritu.

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Con una introducción hablada que sonó grabada, se daba paso a “44 Double Zero”, terminando la presentación de “End Of Disclosure”. El solo que Tägtgren se marcó creo que sonó bastante insulso, apoyando lo que comentaba antes de la falta de ánimo. Mickael Hedlund sí intentó animar un poco al público con algunos gestos.

 

A “Elastic Inverted Visions” parece que le dieron un poco más de vidilla. Sonó un poco más dura por el ritmo más marcado, aunque al ser de medio tiempo, tampoco creo que destacara especialmente.

 

Antes de retirarse momentáneamente, cayó “Warpath” de su disco “Virus”. La empalmaron con la anterior y esta sí sonó poderosa y enrabietada desde el grito inicial de Peter. Más velocidad, Horgh metiendo doble bombo y más brutalidad sin olvidar la melodía. Creo que fue de lo mejor que presentaron Hypocrisy en esta noche.

 

Luego se largaron para volver al poco y presentar los dos bises que casi todo el mundo esperaba. Primero “Roswell 47”, de cuando (según dice un colega) “a Peter Tägtgren se le fue la olla con lo de los marcianos”. Bromas aparte, sí es cierto que este tema del “Abducted” se presenta como uno de los favoritos de Hypocrisy y también de muchos de sus seguidores. Desde los primeros acordes, de una intensidad contenida y que se va desatando según avanza, hubo algo más de movimiento entre el público reunido. De todos modos, yo prefiero la anterior “Warpath”.

 

El final fue para “Eraser”, en la tónica de lo visto. Para mí no fue un gran concierto; entretenido pero poco más. Supongo que habría quien lo disfrutara bastante más que yo y me alegro por ellos.

 

Luego pasé a The Temple, que tocaban Cradle Of Filth. Hacía mucho tiempo que no los veía en directo, aunque tampoco me causó demasiado interés previo. Me temo que les tenía bastante perdida la pista desde hacía un montón de discos (del montón aún más grande que tienen editados). Pero bueno, no tenía otra cosa mejor que hacer y me fui para allá… afortunadamente. La verdad es que me alegro de haberlo hecho porque me gustaron. Tal vez, como iba sin expectativas, lo que me encontré fue todo un regalo. Puedo decir tranquilamente que no me aburrí en absoluto, más bien lo contrario. Ya digo, quizás la clave estuvo en no esperar nada en especial.

 

Llegué con la música ya sonando. Concretamente creo que era “For Your Vulgar Delectation”. Me llamó la atención el sonido de este tema porque era ajeno al Symphonic Black que había hecho la banda en su época más gloriosa. Más bien entendí este corte como de Thrash Death, eso sí, con la voz chillona propia de Dani y algún toque sinfónico otorgado a los teclados. ¿Puede ser que desde que no les sigo la pista, COF haya ido cambiando su estilo??

 

Las luces no dejaban de parpadear entre las intensas nubes de humo que envolvían el escenario. Las siluetas de los músicos se perfilaban entre ellas en poses poco dinámicas, a excepción del frontman. Dani Filth muy inquieto, como siempre, con su pequeña figura enfundada en uno de sus trajes de cuero (el que lleva los cuernos en los hombros), acaparando las miradas de los miles de seguidores frente a la banda.

 

Cuando se presentó “A Dream Of Wolves In The Snow” y sonaron los primeros acordes, el parsimonioso ritmo de su arranque fue inmediatamente acompañado por muchas manos cornudas que se movían al ritmo del compás. Fue, cómo no, el preludio, la intro para un corte más intenso y esperado como “Summer Dying Fast”, de “The Principle Of Evil Made Flesh”. Cambios de ritmo y cadencias frenéticas en las guitarras del original Paul Allender y de James McIlroy hacían de este un tema interesante, pese a que sonara en este directo menos agresivo de lo que recordaba en el álbum.

 

Del “Bitter Suites To Succubi”, “Born In A Burial Gown”. Con un inicio sombrío a cargo de los teclados que manejaba Lindsay Matheson y que daban paso a un no menos sombrío cúmulo de riffs y acordes cambiantes, muy enérgicos y reforzados por la intensa y parpadeante iluminación que se combinaba con las luces que conformaban en pentagrama sobre la propia banda. Buena acogida por parte del respetable, la de un tema que sonó bien, poderoso, combinando melodías y la voz dual.

 

Dani Filth se encontraba muy cómodo dentro de esta vorágine de sonidos extremos (o no tan extremos, según se mire), muy cómodo haciendo de Dani Filth. Desde que lo ví por última vez, no parece que haya cambiado demasiado su carácter sobre las tablas. Un buen showman, pese a lo denostado que ha sido por los partidarios más puristas del Black Metal. Que fuese con razón o sin ella, eso es opinión de cada uno.

 

Para la siguiente, creo que Dani pidió un circle pit por parte del público. Eso entendí, aunque no comprendo que así lo pidiera precisamente para “Nymphetamine”. Una canción baladesca, más bien lenta para lo que es el ritmo de la banda, con abundancia de teclados y de la presencia de Lyndsay en las voces. Canción totalmente inadecuada para un circle pit, de entre las que había en el setlist.

 

“Cruelty Brought Thee Orchids” sí se perfilaba más propicia para armar bulla entre el público. Con una intro que Lindsay recitó en aquellas palabras “Hear me now…” y que resumían la misantropía, perversión y sensualidad que componen el resto del tema y, si cabe, todo el disco al que pertenece. Un disco importante dentro de la carrera de los británicos aquel “Cruelty And The Beast”, del que personalmente hubiera preferido oír “Desire In Violent Overture”, pero que “Cruelty Brought Thee Orchid” era una elección perfectamente válida.

 

Ritmos dinámicos y melodías embaucadoras para un corte de los más notables en la noche de los ingleses. Aunque sí es cierto que la base rítmica no la destacaría especialmente en comparación con la de otros tiempos o la de otras bandas del género (…). La presencia de Marthus como baterista y de Daniel Firth al bajo, me temo que no hace olvidar a otros miembros pretéritos de gran renombre como el mismísimo Nick Barker o Adrian Earlandson.

 

Nos presentábamos en la terna final con “The Forest Whispers My Name”. Tema muy antiguo y con una gran sonoridad, tanto en la instrumentación como en las voces que metía Dani y Lindsay susurraba. Otro de los cortes que no quedó nada mal, sobre todo con el final de vértigo.

 

Luego “Her Ghost In The Fog”, del celebrado “Midian”. Muchos parecían esperar este corte y se intensificaron las agitadas muestras de complacencia con la banda. El moshing y el crowd surfing había estado presente en gran parte del recital y continuaba, intentando aprovechar los últimos momentos de show y hasta de festival. Una canción con buena presencia de guitarras y de voces corales entre Dani y la teclista.

 

En fin, parecía que la gente se lo había pasado bien, con una banda muy correcta e intentando hacer valer su nombre (más reconocido quizás en otras épocas). A pesar de los constantes cambios de formación, parece que la actual composición de COF ha logrado cohesionarse suficientemente. Así llegábamos a “From The Cradle To Enslave” para echar un cierre ciertamente adecuado y bien recibido.

 

Nos despedimos de Dani y los suyos y rápidamente fuimos al encuentro de Napalm Death. Cerraban el festival y el reducto de aficionados se concentraba en el escenario The Altar.

 

Había bastante gente esperando a los de Birmingham y, a pesar de una rasca a tener en cuenta que acababa helando si no te movías, el buen ambiente reinaba entre la concurrencia.

 

El escenario venía a ser un poco más grande de los que he acostumbrado a ver en los shows de los Napalm. Creo sinceramente que Napalm Death es una banda de salas, un grupo que se vive más intensamente en distancias muy cortas, con stage-diving, el sonido saturando un espacio reducido y esa sensación de no estar a salvo de la descarga sónica en ningún sitio. Por todo ello, me resulta muy extraño decir lo siguiente: fue el mejor concierto de Napalm Death que he visto.

 

No sé exactamente explicar los detalles, pero personalmente estaba desbordado por el elenco de temas tocados, desgarrados, esputados desde las mismas entrañas de la banda. Una obscena locura sonora de Grind Core extremo, con los cuatro miembros del grupo desaforados y embrutecidos sobremanera.

 

La verdad, aquello fue algo contagioso que desbordó el escenario hasta toda aquella gente que se reunía allí para disfrutar de una banda con tanta solera como esta. Esto, con un escenario más estrecho en el que los cuatro músicos estuviesen más juntos, y un foso que permitiese que la gente saltase desde el escenario, sería el delirio.

 

En cuanto al setlist, pues todo muy brutal. Recalando en todas sus épocas y en multitud de sus discos, desde los más viscerales a los más elaborados. Así sonaron “Multinational Corporations” del “Scum” (ningún miembro actual estaba aún en el grupo) en primer lugar, seguida de “Everyday Pox” del “Utilitarian”; toda una declaración de intenciones.

 

“Narcoleptic”, “The Wolf I Feed”, “Pride Assassin” o la aplaudida “From Enslavement To Obliteration” continuaron con el show. Todas ellas cortas, breves, concisas, de apenas un par de minutos y que respiraban una rabia desatada que podía verse reflejada en los movimientos espasmódicos de Barney. Un Barney Greenway que volvía a transformarse en una bestia sobre el escenario, retorciéndose enloquecido sobre él, mientras entonaba las apenas inteligibles estrofas de los temas.

 

Luego Mitch y Shane en las cuerdas. Uno agitándose mientras tocaba riffs bastante currados y el otro doblado en “L” y enseñando su particular cabellera al respetable. Y Danny, con su figura oronda, marcando unos redobles y dobles bombos que hacían estallar los ritmos que conformaban temas como “Control” o la magistral “Suffer The Children”.

 

“Greed Killing”, “Leper Colony” o “Taste The Poison” seguían cayendo. Tal vez un tanto más largas que las primeras y con algún toque melódico más pero, en sustancia, igual de vertiginosas y seminales.

 

Luego “Scum”, las brevísimas “Life?” o “Deceiver”… Aunque para breves, “The Kill” y, sobre todo, “You Suffer”. Pura rabia concentrada en 4 segundos (…).

 

En fin, se llegaba a uno de los momentos más estelares de cada show de los británicos. Le llegaba el turno a su cover por excelencia, uno de esos temas que ya se consideran tener dos originales. En este caso, el original de verdad de los Dead Kennedys y el segundo, de los presentes. Por supuesto, se trataba de “Nazi Punks Fuck Off”, presentada por Barney con un pequeño discurso en post de la convivencia y contra el odio.

 

Como siempre, Barney aprovechó los pequeños parones entre los distintos temas para explicar sus ideas contra los fanatismos y el sectarismo de algunos pensamientos reinantes en la sociedad actual. Se diría que el señor Greenway les gritara a ellos.

 

El final del concierto fue a cargo de “Protection Racket”, “A Gag Reflex” y “Siege Of Power”.  Todo con la misma intensidad, si no más, al ser los últimos acordes del show, del día y del Hellfest 2.013. Quien tenía fuerzas (algunos estaban tendidos sobre el suelo y dormidos del propio cansancio) las utilizó para dar los últimos brincos, moshear o simplemente levantar las manos con los cuernos.

 

Excepcional concierto, fenomenal jornada, maravilloso festival…

 

Esperamos ansiosos la oportunidad de poder ir a la próxima edición de este Hellfest que se ha convertido, sin duda, en el festival de Hard Rock y Heavy Metal de referencia de Europa occidental.

 

Salud al Hellfest!

 

Nos vemos en la próxima.

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