Apoteósico domingo para terminar el FIB 2011

Escrito por Ignacio Moreno Flores
Categoría: FIB (2011) Creado: Lunes, 18 Julio 2011 17:20
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Portishead, And So I Watch You From Afar y sobre todo Arcade Fire rompen el festival con tres conciertos memorables


Es imposible. No puedo. Lo siento pero soy incapaz. Por mucho que lo intente no podré jamás explicarlo. Hay momentos en la vida que superan toda capacidad de análisis, y uno de ellos fue la noche de ayer en el FIB. Hasta ese final apoteósico en el que Aldo Linares puso a bailar a todo el mundo con una selección de clásicos presentes, pasados y muy próximos, desde los Doors hasta los Strokes, convirtiendo el escenario pequeño en una especie de club de baile de rock indie, precedido en el escenario grande por The Coronas From Irland, con sus timbales y vientos. Claro que el personal venía ya enfervorecido porque lo se vio, vivió y escuchó el domingo fue para recordarlo siempre.

En mi caso empezó donde terminé, es decir, en el escenario chico. Allí me encontré cuando todavía lucía el sol a los And So I Watch You From Afar dejándose el alma en un conciertazo repleto de energía y poderío. Como si fueran los nuevos Mogwai, pero con 20 años menos y en formato de cuarteto, desataron al poco público que por allí pululaba con una capacidad instrumental y unas ganas tremendas sobre el escenario. Mucha atención con esta banda que puede ser un grupazo.

Pero lo mejor estaba por llegar. Digamos que entre medios vi a Cat People, a Noah And The Whales y a unos jovencísimos Veronica Falls desarrollar distintas facetas del pop más o menos exitosamente. Pero la expresión quedarse pequeño no es nada ante lo que ocurrió después.

Porque Portishead son la mejor banda que he escuchado en directo en toda mi vida. Digo bien, escuchar, porque el sonido era tan perfecto, tan milimétricamente estudiado, tan limpio y refinado, que si en vez del grupo ponen un disco no suena tan bien. La simplicidad aparente de la música de los de Bristol es un volcán de emoción que nunca estalla pero que conserva toda su energía en su vientre. Una energía desarrollada por unos instrumentistas impresionantes y focalizada, por encima de todo, en ella, en Beth Gibbons, una cantante increíble capaz de conectar con las 50.000 personas que llenábamos el recinto casi sin moverse de donde estaba el micrófono.

Si el FIB hubiera acabado aquí ya habría merecido la pena. Sólo con Portishead se puede hacer un festival entero, pero, aún así, lo mejor, de verdad, lo mejor estaba todavía por llegar.

Ellos no son un grupo de música. Lo que hacen es otra cosa. Y que conste que a mí no me encantan, como dejé claro en su momento. Pero verles en directo, ver en vivo a Arcade Fire es más que ver un concierto, es entrar en una dimensión en la que la música, lo que es tocar y cantar canciones, trasciende lo terrenal para convertirse en una experiencia mística. Son 8, lo tocan todo, se cambian los instrumentos como quien se cambia un cigarro de mano, están locos como 8 cabras y no paran de hacer el indio, de bailar, de saltar, de subirse a los instrumentos, altavoces e incluso a las torres del escenario. “Es nuestro último concierto del tour, así que si vosotros lo dais todo, nosotros también”, dijo el cantante. Y vaya si lo hicieron. Lo hicimos. Porque coreamos todo, lanzamos las manos al aire, aplaudimos antes, durante y después de terminar las canciones. Fuimos una única entidad con 8 canadienses que decoran canciones de corte clásico a base de guitarras y bajos, teclados y acordeones, batería, percusiones, violines -2, y allí, en directo-, xilófonos, mandolinas e instrumentos raros que nadie conoce. Y no sólo lo hacen bien, ni siquiera muy bien. Los adjetivos no bastan para explicar lo que hacen, lo que son, lo que transmiten y lo que encantan. Son la mejor banda que he visto en mi vida en directo, y tardaré en encontrar otra igual. Ya me lo decía una chica a mi lado: “es la quita vez que los veo en directo”. Imagino que cuando encuentras lo máximo, todo lo demás no puede saber igual.

Ahora sí. Termina el FIB y lo hace con el mejor sabor de boca posible. Un exitazo de público, aunque no así de la educación del mismo, o al menos de parte de él, un exitazo de grupos, de 4 días de música, sol, playa y guiris por todas partes. Hasta el sábado era de notable. Lo de ayer no tiene calificación. El cum laude se queda pequeño.

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