LEYENDAS DEL ROCK 2015 - SÁBADO

Escrito por Antonio
Categoría: Festivales Creado: Miércoles, 23 Septiembre 2015 01:53
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LEYENDAS DEL ROCK 2015 – SÁBADO

Tercera jornada que empezamos por todo lo grande. El sábado arrancaba el festival con Tankard, nada menos. El segundo de los Big Teutonic 4. De los cuatro grandes del Thrash germano seguramente es el que menos repercusión mediática haya tenido. Personalmente es, de los cuatro, el grupo que menos veces he visto en directo a pesar de que me encanta su música. Por todo ello, ver a Tankard de nuevo sobre un escenario era una ocasión inexcusable y un acontecimiento irrenunciable.

Un buen número de fans de la banda de Frankfurt se agolpaban en el escenario Azucena para ver qué tenían que ofrecer Gerre y los suyos para este Leyendas del Rock 2015. No contaban con mucho tiempo, pues les tocaron las horas tal vez menos agradecidas: muy temprano, calor y poco público aún. No obstante, Tankard se sacudieron cualquier prejuicio y se emplearon a fondo para thashear a tope.

Con el setlist tampoco escatimaron. Creo que si preguntasen a cualquier seguidor de Tankard sobre qué canciones quisiera oír en directo, el resultado poco variaría de lo que se pudo escuchar en este show.

De hecho arrancaron a lo grande y no escatimaron en

riffs potentes, ritmos trepidantes y buen rollo. Si queríamos Thrash sin concesiones, ahí teníamos “Zombie Attack”. Pero es que después llegaron “The Morning After” y “Metal To Metal”…

Los ritmos de batería que Olaf sacaba de sus baquetas eran acojonantes, refrendados por el bajo de Frank, con ese aspecto bonachón que tiene. Y luego la guitarra de Andi que saca unas melodías muy metaleras, junto con unos solos contundentes en manos de este tipo de talante tan sencillo.

Por las pintas (en contraposición a Kreator o Destruction, por ejemplo) no aparentan todo el Thrash y la tralla que son capaces de dar con temas tan cojonudos.

Por cierto, que igual que le pasó el día antes a Rock Icons, Tankard sufrieron las inclemencias del tiempo cuando cayó un buen chaparrón que duró prácticamente lo que su concierto. No tuvieron demasiada suerte en este aspecto, pero sí que resultó emocionante cuando un cuantioso grupo de fans quedaron clavados en el sitio a pesar de la lluvia, para seguir disfrutando de esta gran banda. No faltó ni el circle-pit.

Y aún no he hablado del frontman, la cara más visible y probablemente el tío con más buen rollo que se montó en el Azucena en todo el festival. Gerre apareció con una camiseta negra que simulaba a una de fútbol, con su nombre en la espalda y el número en la silueta de una jarra. No paró de moverse de aquí para allá del escenario, cantando las letras rápidas y fugaces de estos cortes tremendos.

Como decía, una selección exquisita para un concierto demasiado breve. No faltó “R.I.B (Rest In Beer)” o “Chemical Invasion”.

Por cierto que Gerre cogió de la mano a una chica que trabajaba como técnico en los escenarios grandes y la invitó a presentarse ante el público. Ella, reacia a su aparición ante las masas, acabó accediendo y hasta llegó a compartir unos pasos de baile con Andreas Geremia “Gerre”. Finalmente este la despidió con un leve toque en el trasero (de buen rollo, eso sí) y ella le correspondió con una cachetada (igualmente con buen talante) que hizo sonreír a todos los congregados. En fin, que son unos cachondos.

Para la siguiente hicieron una presentación en toda regla. Gerre advirtió de las tres reglas que deben cumplir los grupos para actuar debidamente: “No alcohol antes del concierto, no alcohol durante el concierto y no alcohol después del concierto”. Era el turno de “Rules For Fools”. Por cierto, que Andi se volvió a salir en el solo de guitarra, mientras Gerre enseñaba su cervecera panza subiéndose la camiseta.

Tenían que ir terminando y quisieron hacer valer su presencia en territorio español con una ineludible en cualquiera de sus actuales conciertos, y más aún aquí: “A Girl Called Cerveza”. Thrash, cerveza, más Thrash y luego otra vez cerveza. Creo que esta es la filosofía de Tankard.

Pero para terminar se necesitaba un clásico de los antiguos. ¿Y qué más antiguo dentro de su discografía que el disco “Zombie Attack”? Pues no podía ser otra que “(Empty) Tankard”. Los cinco minutos finales realmente apoteósicos con todo un himno del Thrash. Con su inconfundible ritmo llenando toda la explanada del recinto del Leyendas del Rock 2.015, creó furor entre los fans para acabar el concierto con un pit donde darlo todo en honor a estos cachondos venidos de Frankfurt.

Lo confieso, adoro a Tankard y por eso, después del show, me fui a tomar una birra a su salud, que bien merecido se lo tenían. Por cierto que ellos creo que hicieron lo propio, aunque con más de una y alguna botella de vino, pues, si su música es “Alcoholic Metal”, habrá que predicar con el ejemplo.

Tocaba el turno a Finntroll en el Jesús de la Rosa, pero tuvieron problemas con el avión y llegaron tarde, por lo que cambiaron puestos en la distribución del cartel con Beethoven R. Me temo que de estos no puedo narrar crónica, así que pasaré directamente a Epica, que ofreció su espectáculo en el Azucena.

Como era previsible por el tipo de música que practican los holandeses, emplearon una intro (“Originem”, de su último disco “The Quantum Enigma”) para empezar su tiempo, ayudando a la banda a coger posiciones sobre el escenario. Empalmaron entonces con la correspondiente “The Second Stone” y empezó el show.

Epica salía a escena con todos sus componentes muy conjuntados en la estética y con un fondo decorado con grandes banderas que evocaban en artwork de su último Lp.

Siguieron explotando este con “The Essence Of Silence”. El Symphonic Metal tan preciosista en sus discos de estudio tenía que vérselas con las características que fuerzan el hecho de tocar en directo. Me temo que la cantidad de detalles y la producción tan elaborada quedaban un poco relegadas para que Simone y sus chicos intentaran convencer a la enorme cantidad de fans reunidos frente a ellos.

Echaron mano de una batería bastante solvente que gustaba cabalgar incluso a doble bombo en bastantes tramos. Ariën Van Weesenbeek en esto parecía encontrarse cómodo, dando el pie para que Mark e Isaac cargaran sus guitarras con unos riffs de melodías bastante Power muchas veces.

“Martyr Of The Free World” o “The Obsessive Devotion” recalaron en discos anteriores, ofreciendo otras de las características de Epica: una dualidad de voces donde es Simone la que lleva la carga lírica frente a unos contrapuntos guturales que ofrecen Mark y Ariën. Todo ello envuelto en la atmósfera sinfónica que recrea los teclados de Coen Janssen.

“Sensorium” o “Chemical Insomnia” no faltaron en el setlist, que parecía querer repasar toda la trayectoria de la banda de Reuver.

Obviamente uno de los atractivos (prácticamente en sentido literal) de Epica era la presencia de la pelirroja Simone Simons sobre las tablas, con un vestido negro que parecía levantar pasiones entre el público masculino, al igual que lo hiciera su compatriota Sharon un par de días antes cuando actuaron Within Temptation en el otro escenario grande. La verdad es que podría trazarse una comparativa entre ambas bandas paisanas. Si así fuese, creo que Within Temptation saldría mejor parada.

La discografía de Epica cuenta con discos entretenidos, con canciones muy elaboradas y es innegable la gran producción que contienen, pero creo que precisamente esto puede acabar desplazando elementos más esencialmente musicales. Al final se puede acabar ofreciendo sonidos grandilocuentes pero que adolecen de un fondo más fuerte. De todos modos, como en todo, los gustos de cada cual son tan personales como auténticos.

El caso es que los cortes que sonaban más sencillos, más directos y sin tantos arreglos, cambios de ritmos y demás, me gustaron más. Estos últimos citados fueron buena muestra (particularmente me gustó más “Chemical Insomnia”). Con una estructura más sencilla, la combinación de voces (predominante siempre la de Simone) y la ambientación del teclado era más fácil acceder al sonido de Epica.

“Victims Of Contingency”, “Sancta Terra” y “Unchain Utopia” cayeron para ir agotando el tiempo de estos chicos. Estas contuvieron ritmos realmente duros, con guitarras muy apoyadas en una batería que resultaba tremendamente sólida. Esto también era de agradecer, por lo que, como veis, Epica tuvieron buenos detalles que agradaron aun a los no incondicionales.

Por cierto, que otro de los detalles visuales del grupo era ver a Coen Janssen moviéndose por el escenario con un teclado portátil de forma curvada.

Simone no paró de agitar su roja melena a ritmo de batería desde un pedestal en el centro del stage, consiguiendo acaparar toda la atención durante buena parte del show, hasta que llegara el final con “Consign to Oblivion”.

El resultado, al igual que los discos, podría decir que fue entretenido pero no especialmente destacable para un festival con tanto nivel como el Leyendas de este año. Hay que recordar que Epica ya actuaron como única banda foránea (si no recuerdo mal) allá por el 2011 y ahí sí que eran los auténticos cabezas de cartel. En fin, todo es cuestión de perspectiva.

Rápidamente para el concierto de los terceros de entre los teutónicos del Thrash. En este caso, Sodom.

Tal y como hicieran sus compatriotas Tankard unas horas antes, Sodom se dejaron de cualquier cosa que no fuera Thrash, de dar caña sin concesiones y descargar un setlist envidiable.

Si “Agent Orange” cayó muy pronto para romper cuellos desde el primer momento, “Outbreak Of Evil” no le fue a la zaga.

Unas banderas con el logo de la banda y la efigie del soldado con máscara de gas que suele protagonizar las portadas de sus discos como fondo de escenario, Sodom metía tralla a base de bombos atronadores que imponían el ritmo que Bernemann se encargaba de rematar con la guitarra.

Temas contundentes y machacones (o tal vez habría que decir machacadores) a cargo de este power trío en el que el tío Tom Angelripper se encarga de poner la voz tan áspera como adecuada.

Temas míticos para cualquier apasionado de Sodom o del Thrash europeo, como la densa “Nuclear Winter” o una “Blasphemer” de bajo atronador, se aliaron con otras más modernas como “Sacred Warpath” o “Stigmatized”, o relativamente modernas como la “City Of God” de hace una década.

El resultado en cuanto a la intensidad salida de la batería de Makka o la fuerza bruta de las cuerdas de Bernemann o Tom, era más o menos la misma. La que se trasladaba hasta el público para formar circle – pits e incluso un wall of death.

Ahora bien, las que se esperaban y se disfrutaron a lo grande, a juzgar por la gente que secundaba con sus voces a Tom, serían “Sodomy And Lust” (cómo no), la rítmica “Napalm In The Mouning” o la que culminaba el tiempo de la banda de Gelsenkirchen: la brutal “Ausgebombt”.

El resultado de todo esto, pues que Sodom mantuvieron muy dignamente el estatus de ser una de las Big Teutonic 4 con todo merecimiento.

Ahora tocaba Sôber en el Azucena, pero nos tuvimos que ir rápidamente al Marky Reale para ver a Finntroll, que habían cambiado turno con Beethoven R. Afortunadamente llegamos pronto porque la carpa estaba tan llena de gente que tuvieron que cerrar el paso a parte del público. Hubo quien no pudo ver (aunque sí oír) a los finlandeses porque literalmente no cabía nadie más en la pista frente al escenario. Creo que esto es la primera vez que ocurre en el Leyendas del Rock.

Finntroll, una banda a la que sigo desde la primera vez que tuve la oportunidad de verlos en directo presentando su disco “Nattfodd”, volvían a España y parece que cada vez con más seguidores.

Parecía complicado fusionar el Folk de la Polca finlandesa (llamada Humppa) con el Metal extremo, pero ellos lo han conseguido durante seis discos… de momento.

Arrancaron con la “Blodsvept” que da título a su último disco. El sexteto se posicionaba sobre las tablas, caracterizados con sus orejas puntiagudas de trolls y atuendos de lo más variopinto. Había que divertirse, arriba o frente al escenario.

Luego se tocaron “Slaget vid blodsälv”, sensacional con la gran presencia del teclado de Virta en su sonido. Me hubiera encantado ver al formidable Trollhorn como teclista de Finntroll, pero ya sabemos que ha decidido no volver a tocar en directo más con Finntroll, aunque sí con Moonsorrow junto a su primo Ville.

Luego llegaría “Nedgång”, de lo mejor de “Ur Jordens Djup” (seguramente el más flojo de sus discos). De todos modos, en directo Skrymer y Routa se encargan de elevar la potencia de los ritmos para que no haya merma en la intensidad del concierto.

“Fiskarens fiende” o “Solsagan” también cayeron, con una mezcla explosiva de Humppa y Metal de ritmo duro y rápido. La primera genial y la segunda muy jubilosa. El tema es que la gente no se movió mucho porque no había practicamente sitio para hacerlo. Finntroll lo estaba petando.

Luego estaban Tundra que, aunque en un bajo que no tiene tanta presencia musical, sí que se hace muy visible y parte fundamental de la escena del show de Finntroll.

Y luego Vreth, con su peculiar micrófono sujeto siempre en la mano. Una voz muy particular y de fácil acceso a nuestros oídos pese a cantar en noruego. Fenomenal.

“Mordminnen” sacó buen rédito de la particular visión musical de Finntroll, aunando lo fiestero y lo brutal que nace desde los mismos compases de batería en manos de MörkÖ. Este con la ardua tarea de compensar la marcha de un percusionista tan tremendo como Beast Dominator.

Se marcaron también “Grottans barn”, que creo que resultó un claro bajón en el vigor que hasta entonces había llevado el concierto. Quizás fuera la manera de descansar un poco por parte de Tundre, Skrymer, Routa y compañía.

Luego retomaron la fuerza y cayeron algunos temazos, como “Svartberg” del “Midnattens Widunder”, la genial “Jaktens tid” del disco homónimo o las brutales y genuinamente Trollish Metal (como ellos gustan denominarse) “Ursvamp” (vertiginosa como siempre) o “Eliytres”.

El final sería el esperado, cuando sonaron las primeras notas del tema más popular de esta banda de la capital finlandesa. Era “Trollhammaren” y desató la locura. Lo cierto es que creo que Finntroll tienen temas mucho mejores, pero entiendo que al ser tan popular acaben con él. Pero vamos, que aún tuvieron tiempo para marcarse una fugaz “Under bergets rot” que, a modo casi de outro, dio fin al espectáculo de los troll finlandeses en esta edición del Leyendas del Rock.

A buen seguro que la mayoría de los allí presentes estarán esperando una próxima oportunidad de verlos de nuevo en directo.

De nuevo al escenario Jesús de la Rosa para ver al último de los Big Teutonic 4. Nada menos que Kreator. La tercera vez que actuaban en el Leyendas del Rock y las dos anteriores tuvieron problemas con el sonido, cortándose de repente la energía sobre el escenario en ambas ocasiones. Afortunadamente esta vez todo funcionó correctamente y se pudo ver y oír un concierto completo de Kreator.

La intro de “Choir Of The Damned” dejó a la banda sobre el stage, con una penumbrosa iluminación que trataba de añadir aún más siniestralidad a la puesta en escena de los de Essen.

En esto que Mille y los suyos se embarcaron en un comienzo trepidante, con temas de máximo calado entre los acólitos de la banda. Nada menos que “Enemy Of God”, “Terrible Certainty” (con su reconocible inicio de batería por parte de Ventor) o la descarnada y brutal “Phobia” serían las cartas de presentación. Obviamente que no tenían la intención de ser menos que los otros tres grandes teutónicos.

Mille, con la misma rabia de siempre que se sube a un escenario, fue marcando el ritmo del concierto haciendo breves pausas entre temas para presentarlos. Ventor, no obstante, marcaba con la seriedad acostumbrada los ritmos pero de los temas. Unos dobles bombos aparentemente sencillos cuando los toca el señor Jürgen Reil.

El setlist ofreció “Awakening Of The Gods” y “Endless Pain” también. Mille se marcaba unos solos de guitarra en la acostumbrada posición para estos menesteres, agachado y con la Dean colgando hasta casi el suelo. Temas estos de la vieja época, sin Christian ni Sami aún en la formación de la banda. No obstante cada uno de ellos tratan estos cortes con el respeto y la solvencia requeridas. Ambos dos parecen pasar un tanto desapercibidos bajo la gran sombra de Mille y aún Ventor, pero nadie dudará de que son tan parte de Kreator como los que más.

“Warcurse” recalaba en discos más actuales como el “Hordes Of Chaos” y “Mars Mantra” anticipaba la propia “Phantom Antichrist”. De nuevo con una batería sobresaliente y una velocidad inusitada, Kreator se ganaba su estatus a base de Thrash destilado con rabia y crudeza.

Lo cierto es que el setlist resultaba embriagador, pero distaba un tanto de los últimos que les había visto y que habían resultado muy próximos entre sí. Han preparado nuevos temas para el directo y estábamos expectantes ante alguna novedad.

Lo que pasa es que Kreator tiene algunas innegables y así siempre se espera oír “Extreme Aggressions”, por ejemplo. Es una garantía para los seguidores, pues siempre resulta sobrecogedor oír las guitarras que se aceleran ante la voz desgarrada de Mille, y también para el grupo de que gustará hasta el circle pit.

El final se acercaría con unos cortes más actuales, aunque no por ello menos contundentes. Si bien es cierto que habría quien esperara más cortes del siglo pasado.

Desde “Suicide Terrorist” a “From Flood into Fire”, “Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)” o “Civilization Collapse”, fueron pasando dejando un gran trabajo de guitarras y la garra de una banda referencia mundial dentro del Thrash.

Kreator metía “nuevos clásicos” en el setlist a base de melodías crudas y velocidad en los ritmos, que intentaban compensar la ausencia de alguna canción que el público pedía.

“The Patriarch” previno de que “Violent Revolution” se acercaba. Ahora sí que el público aprovechó para echar el resto con unos Kreator que agotaban su tiempo. Un temazo en toda regla que fue coreado a millares.

El remate fue para “Pleasure To Kill”, lo cual fue un drástico cambio respecto a las últimas (muchas) veces que había visto a los alemanes, que siempre habían acabado con “Flag Of Hate” que enganchaban con “Tormentor”. En esta ocasión no hubo ninguna de las dos, pero no evitó que lo pasáramos fenomenal con estos monstruos del Thrash.

Pasamos al escenario de al lado para la que se perfilaba como última actuación en festivales de Los Suaves, ante la prevista y anunciada disolución de la formación en unos meses.

Pero estábamos ahí para disfrutar de esta nueva experiencia suave y así, cuando el quinteto apareció sobre el escenario, los “gatos” aplaudieron y vitorearon a rabiar.

Tengo que decir que, por circunstancias, no pude andar muy atento al show. Lamentablemente sólo pude ir viendo temas alternos, aunque intenté aprovecharlos y disfrutarlos como hicieron sus fans.

Empezaron con “Cuando los sueños se van”, que parece una declaración de intenciones, el comienzo de una despedida. Para luego pasar a la siempre entrañable y emocionante “Palabras para Julia”, el sempiterno poema de Goytisolo hecho canción por obra y magia de los ourensanos, una de las bandas más grandes en la historia de la música Rock en español.

La verdad es que todo sonaba a homenaje, a afectivo abrazo antes de la marcha. Las emociones por tanto andaban patentes, flotaban en un ambiente que también era el de las grandes citas.

Alberto y Fernando, como siempre, sobrados en la guitarra. Particularmente el primero que pasa por ser uno de los más grandes de nuestro país. Buenos temas en buenas manos que escribían hermosos sonidos desde estas guitarras. Charli, como siempre, risueño y controlando los tiempos y los espacios desde el fondo del escenario; mientras que Tino no escatimaba en la gran interpretación de los ritmos. Los Suaves son Los Suaves y tienen demasiadas tablas, además de que están convencidos en retirarse con la mayor dignidad posible y eso exige que cada concierto sea como el último. Entrega, calidad y hacer que el público disfrute.

Oí “Maldita sea mi suerte” con otro de esos inicios de guitarra tan reconocibles. Yosi, por su parte, no anduvo mal. Imagino que le van pesando los años, la retahíla de conciertos y sobre todo la vida. Pero Yosi es demasiado Yosi para caer ahora, cuando ha aguantado todo lo demás. Un tanto renqueante sobre un escenario tan grande, quizás, pero el cariño de tanta gente sobrellevaba cualquier contrariedad. Los Suaves hicieron su concierto y Yosi estuvo ahí, cantando esta “Maldita sea mi suerte” o la sensacional “Por una vez en la vida”. Esta sí que era una proclama, apuntalada en un riff genial y que consiguió que decenas de miles de gargantas recitaran con y por Yosi su letra.

Volví para oír el réquiem por uno de los grandes de la guitarra: “¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!”. Un tema también muy emotivo que resulta santo y seña de Los Suaves y donde las guitarras propiamente rinden tributo a este genio de la música.

“Mi casa” también fue coreada, como no, pues es de esas que marcan el carácter de un grupo y de su gente. Así se podía ver con la cantidad de camisetas que proclamaban precisamente que “mi casa es el Rock And Roll”.

“El afilador” lo engancharon con el “Himno Gallego”, que Alberto ejecuta como su admirado Hendrix hiciera con el estadounidense.

Y llegó la Dolores… Sería un final anticipado, una meta volante, para que la banda repusiera un tanto el resuello. Cuando digo la banda resultaba particularmente Yosi. Por supuesto que “Dolores se llamaba Lola” fue la gran sensación hasta ese momento, por el significado que supone dentro de la discografía de Los Suaves.

Personalmente prefiero otros temas antes que “Dolores…”, aunque no particularmente “San Francisco Express”, que fue el primero del primer encore. Pero me encantó oír de nuevo “Ese día piensa en mí”. La emotividad y el sentimiento implícito a este corte, creo que es buena muestra de la parte más melancólica de la discografía de Los Suaves.

Creo que “Ya nos vamos” sería el último de los primeros bises (…). El caso es que Yosi se despidió varias veces; parecía que se le estaba alargando el recital. No obstante, hubo unos segundos bises.

“Dulce castigo” y “La noche se muere” sí que dieron fin a la fiesta, con un cuarto de hora de adelanto de lo previsto en el programa. Yosi hubo de retirarse y dejó a su hermano y sus tres amigos tocándose un solo de casi diez minutos para terminar “La noche se muere”.

Breves saludos y afectuosos agradecimientos sirvieron para que Los Suaves dejaran su impronta en el Leyendas del Rock 2.015. Muy probablemente la última vez, pero no querían faltar a su cita con la historia.

En el Jesús de la Rosa le tocaba el turno a Satyricon, para ir enfilando lo que sería el final del festival.

Una banda de Black Metal (…) que consigue una enorme musicalidad sin abandonar unos principios muy arraigados en su forma de ser. Serios y distantes, pero también profesionales como los que más, Satyr y Frost se presentan como los únicos componentes de uno de los iconos del Black noruego.

Pero como sobre el escenario no pueden hacerlo todo únicamente ellos dos, les acompañan los cuatro músicos que completan la formación para los directos. Azarak y el joven Diogo Bastos en las guitarras, Neddo en el bajo y Anders Hunstad en los teclados.

He tenido la oportunidad de ver a Satyricon en sala y han basado su sonido muy en el Black Metal, pero en festival (sobre todo los que se basan en otros estilos, como es el caso de este Leyendas del Rock) parece que adecuan su sonido a una audiencia menos exclusiva. En esta ocasión creo que el sonio de la banda volvió a ser más metalero.

Supongo que el concierto salió bastante bien porque particularmente a mí se me hizo corto. Aunque a los que venían de ver a Los Suaves y estuvieran esperando da Obús, quizás no tuvieran la misma sensación.

Tocaron “Now, Diabolical”, con unas guitarras que empezaban densas y con ritmos que aceleraban y deceleraban de manera brutal.

La presencia de Satyr era enorme. Un tipo alto pero que consigue hacerse aún más grande con su actitud desafiante y una voz tan áspera.

Cayeron unas cuantas de los últimos álbumes, los editados desde el 2000. Supongo que estos también son los más accesibles para el público actual, a diferencia de los más viscerales del comienzo.

La hipnótica “Our World, It Rumbles Tonight” o “Nekrohaven” hicieron partícipes a un cierto público que sí se encontraba muy volcado con la banda noruega, de la evolución musical que han sabido realizar en su carrera (no sin altibajos) pero para seguir manteniéndose en primera línea de los sonidos extremos.

Me gustó “Black Crow On A Tombstone”, con unas guitarras que reproducían con fiereza el sensacional riff que domina el tema, marcando la lírica de Satyr.

Y Frost a lo suyo, manejando como uno de los mejores percusionistas del Metal la batería.

“To The Mountains”, “Rapined Bastard Nation” o la celebrada “The Pentagram Burns” dejaron buena muestra de la calidad de Satyricon en directo, incluyendo al cuarteto de músicos que tocan sólo para conciertos.

El final fue seguramente lo más grandioso de su tiempo, colocando para los momentos estelares dos temazos como “K.I.N.G.” y “Mother North”. Muy distintos ambos, pero que reflejan perfectamente la dualidad de su música en la trayectoria vital de Satyricon.

Una rápida y directa, con melodía de guitarra muy actual, batería más simple y voz preponderante. La otra, un himno generacional, una canción establecida en los cánones de un estilo que arrasó Europa en los 90’s.

Obviamente “Mother North” sonó a directo, pero evocó la sonoridad de un tema envolvente, con unos ritmos casi obsesivos.

Se fueron sin hacer muchos alardes los amigos Satyr y Frost y dejaron que en el escenario Azucena se preparasen los siguientes en tocar.

Dado a que tenía que madrugar, no pude quedarme más que a la primera terna de Obús. Fortu, Paco, Fernando y Carlos estaban en el set que llevan para la gira 30 aniversario. ¿O era el de la gira de “El que más”?

He visto en los últimos tiempos bastantes veces a Obús en concierto y siempre me sorprende el verles tan frescos y aún motivados sobre el escenario. Todo un derroche de energía en cada show.

Se marcaron “Corre mamón”, “Necesito más” y “Te visitará la muerte”, antes de que les dejara con “Que te jodan” sonando.

Siempre con la calidad necesaria para honrar temas tan míticos de la historia rockera española, Fortu tuvo también un pequeño incidente a cuenta de sus peripecias televisivas.

En la primera “Corre mamón” tuvo que esquivar una botella de agua que le lanzaron. Decían a modo de broma por la sed que pasó en la isla esa de los realities dichosos, pero que a punto estuvo de darle. Fortu, no obstante, se lo tomó con buen humor y acabó ahí el asunto. Pronto se pusieron a tocar y lo que importó desde entonces fue sólo el Rock.

Pues bien, con esto concluye la crónica del Leyendas del Rock 2015. Un festival maravilloso que nos lo hizo pasar en grande. Si estuvisteis, enhorabuena. Si no, el año que viene no podéis faltar. Aúpa Leyendas del Rock!!!

Nos vemos en la próxima.
Salud!

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